CAPITULO XXII
La huida
Era noche cerrada. La noche mas cerrada en todo el tiempo que llevaban en esas cordilleras. Era perfecto. No tardaría mucho en llevar a cabo su plan. Arriesgado pero que esperaba que valiera la pena. Estaba de pie, apoyado en un árbol, esperando con paciencia a que la luna se ocultara en las nubes. No era llena, lo cual le beneficiaba hasta cierto punto, quizás no saliera tan mal después de todo. Solo tenia que esperar. Escrutó la zona con aparente tranquilidad. Dos licántropos custodiaban la entrada principal de la cueva y otros dos estaban en el calabozo. Los demás, por suerte para él, se habían marchado de caza, aunque no tardarían mucho en llegar. Alzó la vista hacia el cielo: una fina linea de humo acariciaba la luna en ese instante. Ya quedaba menos. Apoyó la cabeza un momento en el tronco y cerró los ojos. Inspiró hondo, su conciencia abandonó su mente y viajó, buscando la mente de Ginny. Suavemente, se conectó a ella y no pudo evitar relajarse y esbozar una leve sonrisa.
<< Hola, Ginny, ¿me escuchas bien?>>
<<Kylan... ¿va todo bien?>>
<<Si. Solo quería saber si estabas bien. ¿Pudiste descansar?>>
<< No demasiado sinceramente>>
<<Si esto sale bien, podrás descansar mejor en otro momento. La luna ya está casi oculta y pronto saldrás de aquí. Te lo prometo>>
Ella no contestó y pasaron unos minutos de silencio.
<<¿Por qué haces esto, Kylan?>> -preguntó de repente. Él suspiró y por mucho que quiso responder, no sabía que decir.
<<No te mereces este sufrimiento. Ni por mi, ni por nadie -dijo finalmente- ya es la hora. Estate atenta>>
<<Si...>> -susurró en su mente, nada convencida.
<<Bien. Hasta ahora>> -dejó su mente y abrió los ojos lentamente. La luna ya estaba oculta. Había que actuar. Se separó del árbol, metió las manos en los bolsillos y avanzó tranquilamente hacia la guarida. Cruzó la entrada sin ningún problema. Debía ser cauto y frío, a la vez que rápido y preciso para que su plan funcionase. Avanzó por varios pasillos hasta que llegó a una habitación pequeña y un poco apartada del resto, ralentizó el paso y asomó la cabeza. Había un chico dentro, un chaval de diecisiete años con una delgadez tal que parecía desnutrido. Era el miembro mas joven de la manada. Uno de sus compañeros lo había mordido accidentalmente en un imprudente ataque provocado por una noche de luna llena. Se habían visto obligados a incorporarlo porque podría ser un peligro para las personas al ser tan joven e inexperto. Sin embargo, en el poco tiempo que llevaba con ellos, demostró poseer ciertas habilidades y actitudes que resultaron ser beneficiosas y Christian lo aceptó. Lo observó un momento, pensativo. El muchacho estaba sentado en una cama fabricada con hierba, piedras lisas y dos gruesas mantas de piel. Al notar la presencia de Kylan, alzó la cabeza despacio. Su expresión cambió en un segundo para mostrar una mezcla entre respeto, asombro y admiración. Kylan esbozó una leve y torcida sonrisa y se acercó para acompañarlo.
- Hola, Maikel -lo saludó con naturalidad.
- Ho... Hola, señor... -susurró con dificultad, casi tartamudeando. Él hizo una mueca de desagrado
- Sabes que no me gusta que me digas señor.
- Perdón, yo... Hola, Kylan... -rectificó sobre la marcha.
- Eso está mejor -asintió conforme- ¿cómo te encuentras hoy? te veo muy solo
- Los chicos se han ido de caza
- ¿Y por qué no has ido con ellos? -frunció el ceño. Maikel agachó la cabeza.
- No tenia hambre... -jugó con una brizna de hierba entre los dedos. Kylan lo miró detenidamente. Sabía que estaba mintiendo.
- ¿Qué ha pasado? -preguntó con semblante serio. El chico se movió incomodo y rehuyó su mirada.
- Nada... no ha pasado nada -musitó sin darle importancia. Kylan estuvo tentado a leerle la mente pero sabía que eso atentaría contra su propia voluntad y no estaba bien, así que optó por esperar y observarlo. Aparentemente parecía estar bien, pero percibió cierto temblor en su cuerpo, su delgadez cada vez lo preocupaba mas, su respiración no era normal, era errática y lenta y su camisa... estaba rasgada. Impulsado por un mal presentimiento y sin previo aviso, agarró la solapa de la camisa y la alzó un poco. Lo que vio le dejó helado.
- ¡Eh! -exclamó Maikel alarmado y sorprendido. Se revolvió, apartó la mano de su cuerpo y se levantó de un salto, visiblemente alterado. Tenia los ojos abiertos de par en par, llenos de temor. Kylan apretó la mandíbula.
- ¿Quién ha sido Maikel? Y no te atrevas a volver a mentirme -le amenazó seriamente. Maikel tragó saliva, abrió la boca para hablar pero le temblaba tanto el labio inferior que volvió a cerrarla. Kylan se incorporó despacio, sin dejar de mirarlo a los ojos y el muchacho sintió de inmediato la fuerza que irradiaba, esa fuerza lobuna que se imponía la suya como si fuera un golpe devastador.
- Por favor... no... -suplicó con un hilo de voz. Kylan entornó los ojos. Algo extraño pasaba. Si Maikel no hablaba con él, era por un buen motivo. Desde que había sido aceptado en la manada, los dos habían congeniado bastante bien, era un vínculo parecido al de hermano mayor cuida a hermano menor y quizás por eso, Maikel se sentía protegido y seguro con él. No era la primera vez, sin embargo, que el chaval presentase hematomas o arañazos en el cuerpo y eso era algo que a Kylan le hervía la sangre. Respiró hondo, liberó al chico de aquella presión y cayó de rodillas. Se acercó a él, imitó su gesto y colocó las manos sobre sus hombros.
- Lo siento, Kylan... yo...
- Shhh.. calla... está bien -lo calmó, restándole importancia- no sé por que lo haces ni a quién ocultas pero ten por seguro que pienso averiguarlo.
- No, Kylan, eso es precisamente lo que no quiero que hagas. Prefiero que se queden las cosas así. Es lo mejor
- Deja de decir tonterías. Sabes que odio que te traten como un crío débil porque no lo eres. Escúchame -sujetó su rostro con firmeza antes de que rechistara- eres mucho mejor que todos ellos juntos. Lamento la vida que tienes ahora, porque no es algo que puedes elegir. Eres muy joven para sufrir de esa manera y por eso existen estúpidos como el que te mordió y destruyen tu vida para siempre. No dejes que te pisoteen, eso es precisamente lo que consiguen de ti.
- No soy lo bastante fuerte...
- Eso es lo que quieren hacerte creer. Pero tarde o temprano, te darás cuenta del poder que hay en ti y cuando lo hagas, nadie podrá pararte. Créeme, sé de lo que hablo -lo soltó con suavidad y lo ayudó a levantarse- Deberías ir al curandero para que te examine. No tienes buen aspecto.
El estómago de Maikel rugió con fuerza y el muchacho gimió, abrazándose a si mismo.
- Tengo hambre...
- ¿Cuánto hace que no comes? estás muy delgado, casi pareces anoréxico. ¿Por qué no fuiste de caza esta noche? -quiso saber pero en cuanto el chico enmudeció, empezó a atar cabos enseguida. Apretó los puños hasta que los nudillos adquirieron una tonalidad pálida. Su mente pensó con rapidez y se le ocurrió una idea. Una idea que llevaba a la locura pero que podía funcionar. Observó a Maikel detenidamente.
- Necesito que hagas algo por mi -murmuró finalmente. El muchacho lo miró con atención, esperando- es algo muy importante y creo que eres el indicado para ayudarme.
- ¿Qué quieres que haga? -preguntó, curioso y entregado. Nadie le había pedido ayuda hasta ahora y que Kylan lo hiciera, era un orgullo para él. Se sentía útil.
- Antes quiero dejarte claras algunas cosas: no hagas preguntas a todo lo que te mande. Podría obligarte hacerlo pero contigo sé que no es necesario. ¿Entiendes lo que te digo, Maikel? -hablaba muy serio y el chico supo que no era una broma, era algo vital para Kylan y que seguramente iba a ser muy peligroso. Pero era Kylan. Era su mentor, su maestro, su amigo, su confidente, era lo único que tenia.
- Puedes confiar en mi. No te fallaré. ¿Qué necesitas que haga? - se situó frente a él, preparado como un soldado. Kylan sonrió.
No sabía cuanto tiempo iba a aguantar mas. A pesar de que las heridas estaban casi curadas, el entumecimiento de sus músculos y la falta de nutrición en su cuerpo eran tales que podría desfallecer en cualquier momento. Le aterraba cerrar los ojos pero tenia tantas ganas de dormir. De repente, sus oídos captaron pasos que provenían del pasillo. Los pasos se detuvieron en la entrada y seguidamente unos murmullos semejantes a gruñidos llamó su atención. Probablemente serian los guardias. Volvió a reinar el silencio y dejó de escuchar, agotada. No se percató de la persona que entró en la celda, ni del ruido metálico de una bandeja y mucho menos de la liberación de sus muñecas al mismo tiempo que su cuerpo descendía hasta tocar el suelo.
- Despierta, pelirroja. Despierta. ¡Ey! -oyó una voz lejana en su cabeza. Sintió unas palmaditas en su mejilla izquierda y gimió débilmente. Parpadeó a duras penas. Su cuerpo le parecía tan pesado. Sus ojos, rojos y cansados por la falta de descanso, vislumbraron borrosamente el rostro de un muchacho. Estaba segura de que jamás lo había visto.
- Kylan...
- No, no soy Kylan. Me llamo Maikel - susurró de nuevo esa voz. Cogió algo de la bandeja y se la acercó a los labios. Enseguida reconoció el liquido y bebió ávidamente. Estaba fresca. Humedeció sus labios y calmó un poco su sed. Parpadeó de nuevo y su visión enfocó mejor. El chico era joven, no tendría mas de quince años. Su piel era morena y el pelo lo tenia muy desaliñado.
- Gracias -dijo de corazón
- De nada. Kylan me ha mandado a buscarte. Tenemos que irnos cuanto antes. Te ayudaré a levantarte -la incorporó suave y firmemente y en cuestión de minutos, Ginny estaba de pie sostenida por el chico. Sintió entonces algo cálido y rugoso en los dedos- vas a necesitarla
- ¿Qué...? -quiso preguntar y reconoció su varita. Ese cosquilleo era inconfundible. Estaba intacta y perfecta para usarse. Sus dedos se aferraron a ella y una nueva fuerza la invadió por encima del agotamiento.
- Creo que seria buena idea que la probaras. Tú ya me entiendes -le guiñó un ojo, intentando ser simpático y señaló hacia los guardias. La joven entendió. Aun tenia los sentidos un poco embotados, pero podía hacer un hechizo, sencillo y práctico para la ocasión. Inspiró hondo, se tomó unos segundos de concentración y recitó el hechizo en su mente. Seguidamente, agitó la varita y la magia se produjo. Los lobos, pillados por sorpresa, sintieron una contracción dolorosa. Sus extremidades se pegaron a su cuerpo y a la pared rocosa y al abrir las fauces para dar la alarma, éstas fueron cerradas con fuerza en contra de su voluntad.
- Fantástico. Vámonos antes de que los demás se den cuenta -tiró de ella y los dos echaron a correr. Ginny se dejaba llevar porque sus miembros todavía no le respondían correctamente. No salieron de la cueva, Maikel la condujo por varios pasillos hasta un hueco parecido a su celda. Un haz de luz perforaba el techo. El chico emitió un sonido extraño y casi inaudible. Ella miró hacia arriba.
- ¿A dónde lleva ese agujero?
- Shhhh... -la calló un segundo y esperó. El mismo sonido se oyó al otro lado y rápidamente, Maikel se posicionó para hacer de palanca- vamos, no hay tiempo que perder. Tengo que impulsarte-.
Sin rechistar, Ginny agarró sus hombros, apoyó el pie en la palma de su mano y con fuerza, fue propulsada hacia al exterior.
La luz de la luna la deslumbró como si fuera el sol y no pudo ver como unos brazos, fuertes y cálidos, la sostenían, amortiguando su caída. Abrió los ojos de nuevo y un rostro familiar apareció ante ella, creando una sombra que agradeció. Sus ojos azules reflejaban preocupación.
- Hola... -susurró dejando que sus pies tocaran la hierba húmeda. La observó detenidamente. Ella adivinó que lo hacia para comprobar su estado general. Aprovechando su guardia baja, alzó la varita y la detuvo a unos milímetros de su cuello. Kylan se petrificó en el sitio, desconcertado. La expresión de Ginny era dura y muy seria. Temblaba pero se mantuvo firme, mirándolo fijamente a los ojos.
- Como muevas un solo musculo, te mato aquí mismo
- Ginny...
- No hables. No te atrevas a pronunciar mi nombre, perro sarnoso -se acercó mas, amenazante y la punta de su varita se clavó en su piel. Él tragó saliva. Cerró los ojos, intentando calmarse.
- ¿Por qué haces esto? solo intento sacarte de aquí, ¿no lo entiendes?
- ¿En serio? ahórrate tus sermones de ética, Kylan. He estado encerrada más de dos semanas en esa cueva. Prácticamente sin comer y sin beber y he sido torturada hasta casi morir -le echó en cara, sin darse cuenta de que estaba alzando la voz, furiosa- ¿tienes una maldita idea de lo mal que lo he pasado?
- ¡Cállate, Ginny! -le pidió, alarmado, pero ya era tarde. Los lobos de la entrada de la cueva los oyeron y con un gruñido, dejaron su puesto a una velocidad sobrehumana. No tuvieron tiempo de escapar. Entre saltos y zancadas, los lobos los alcanzaron. Kylan reaccionó primero: empujó a Ginny hacia un lado sin medir la fuerza empleada, y se enfrentó a ellos. Recibió el impacto de un placaje directo en el estómago del primer lobo y el tronco de un árbol grueso detuvo su avance. Gruñó fuertemente y se lo zafó de encima. Estampó su puño en la cara del segundo lobo, lo levantó en peso con un gruñido feroz y lo lanzó contra su compañero. Ambos lobos chocaron, enredándose entre zarpas y colmillos.
La joven Weasley se incorporó, aturdida por el empujón y pudo ver la pelea. Los ojos de Kylan ya no eran humanos, brillaban como un depredador. Su respiración era errática y sus músculos estaban completamente tensos. Los dos lobos volvieron a la carga y los tres se enzarzaron en un combate brutal. No entendía porque Kylan no se transformaba, sin embargo, parecía no hacerle falta. De repente, un aullido llenó la noche. Era un aullido de llamada. El corazón de la pelirroja dio un vuelco. Más lobos. Por el rabillo del ojo, vio cómo Kylan noqueaba a uno de los lobos y el otro que había dejado inconsciente, se incorporaba y se abalanzaba sobre él. No le dio tiempo a pensar. Aferró su varita, se levantó y pronunció el hechizo en voz alta. Las palabras, nacidas velozmente en su mente, brotaron de sus labios con fuerza:
- ¡Expulso! -agitó la varita y el lobo salió propulsado violentamente por los aires. El otro lobo cayó noqueado y débil ante Kylan. Éste se incorporó y la miró con ojos salvajes. Se acercó a ella con paso brusco.
- Vamos -ordenó con voz ronca. Tomó su muñeca con rudeza y tiró de ella. Echaron a correr cordillera abajo. Pronto los aullidos y gruñidos se hicieron notar y no tardarían en pisarles los talones. Se olvidó del cansancio y del ardor de sus piernas, solo la dominaban la adrenalina y las ganas de huir de esas bestias. Ademas no tenia alternativa, él la empujaba a ir mas deprisa, guiándola por matorrales, arboles, piedras y nieve. Corrió y corrió lo que le pareció una eternidad y cuando creyó que habían dejado a los lobos atrás, Kylan se giró bruscamente en la dirección opuesta a la que estaban siguiendo y llegaron a un arroyo. Frenó en seco y la soltó y ella trastabilló en las piedras pequeñas.
- Sigue este arroyo. Te llevará a un pueblo de granjeros y comerciantes. Allí estarás a salvo. ¡Vete!¡Ya!
- Pero ¿qué dices? si no nos siguen, que...
- He dicho que te largues. Nada de preguntas. ¡Corre! -le ordenó, dándole la espalda.
- Kylan, yo...
- ¡Lárgate! -gruñó esta vez, encarándola y mirándola a los ojos, muy serio- lárgate o morirás.
Ginny tragó saliva y retrocedió. No apartó la mirada. Quería decirle algo pero no sabía el qué. Ambas miradas se cruzaron. Fue un instante eterno. Parecía un adiós. Kylan rompió el contacto visual finalmente y ella obedeció a su orden. Retomó la carrera, siguiendo el arroyo. Él la siguió por el oído y aun seguía oyéndola cuando ellos llegaron.
Eran seis. Probablemente los demás estarían al llegar. Todos transformados en su forma lobuna, amenazantes y temibles. Garras y colmillos. Ferocidad total. Letales. Era su manada. Formaba parte de ellos. Pero no iba a dejar que una vida inocente pagara por algo sobrenatural.
Los observó uno a uno, impasible y sereno. Lo único que rompía el silencio era el fluir del agua.
<<No quiero haceros daño ,dijo con sinceridad, así que os voy a pedir, por favor, que os marchéis>>
Varios lobos se mofaron con un resoplido y gruñeron en respuesta. Se acercaron un poco mas, formando un circulo. Él lo sabia.
<<Veo que no lo habéis entendido. He dicho que os marchéis y nadie saldrá herido. No me obliguéis a hacer algo que no quiero hacer>>
La única respuesta que obtuvo fue más rabia, más ferocidad, más gruñidos. Era el detonante. El circulo se cerró un poco mas. Kylan sonrió tristemente y cerró los ojos.
<<Bien. No me dejáis alternativa>>
Sus ojos se abrieron de nuevo y un intenso brillo dorado llenó sus pupilas. El lobo había despertado.