viernes, 14 de septiembre de 2012

Un encuentro extraño



CAPITULO IV

Un encuentro extraño



Normalmente cuando uno se muda a otro país, tiene esa sensación de incomodidad y expectación por el nuevo entorno y ambiente al que se va a enfrentar. Nueva ciudad, nuevas personas, nuevos colores, nueva cultura, nuevos estudios y un sinfín de nuevos retos por descubrir y superar. Si a todo eso le añadimos que esa persona es un mago por herencia la situación se complica un poco mas, y eso precisamente era lo que le pasaba a Kylan. Kylan Brown, nuevo estudiante en Hogwarts, veinte años, perteneciente a la casa Slytherin y nombrado mejor golpeador de su equipo de quidditch. No le podría ir mejor, pero lo cierto era que no se sentía tan cómodo como él quisiera. Provenía de Polonia al igual que Christian, viajaron juntos a Hogwarts para ingresar por primera vez, oficialmente como magos estudiantes. A su compañero no le había sido difícil adaptarse, en cambio, para él era mas complicado, mucha gente nueva, ambiente nuevo y la creciente tensión entre los Slytherin y los Griffindor era palpable hasta para él que era un novato. Desde los dieciséis, se enteró de que sus padres eran de la casa Slytherin y por lo tanto, sabia de la rivalidad entre ambas casas pero era algo que no le entraba en la cabeza todavía, le resultaba tan patético... pero esos pensamientos solo se los guardaba para si mismo, si todos los Slytherin supieran lo que pensaba, lo tomarían como traidor y no quería conflictos con nadie. Ante todo le gustaba la tranquilidad y el buen juicio. Las clases le iban bastante bien, absorbía las materias con soltura y ligereza, siempre le había gustado aprender, no se consideraba un empollón pero no negaba que sacaba buenas notas y además, lo hacia con gusto. Realmente aquel año hubiera sido el segundo pero por todo lo sucedido con el Señor Oscuro, según tuvo entendido, no había podido ser como era obvio. Se había levantado esa mañana de buen humor y con ganas de ir a clase, hoy tocaba Astronomía con la profesora Aurora, su asignatura favorita. Se vistió con la túnica oficial de la casa Slytherin, se amarró los zapatos, cogió sus carpetas y salió del cuarto. Christian se había despertado mucho mas temprano que él cuando normalmente siempre iban juntos así que caminó solo por los pasillos interminables de la escuela mientras otros alumnos de las casas de Ravenclaw y Hufflepuff iban en sentido contrario. Estaba aproximándose a una esquina para doblarla, con la cabeza gacha para no mirar a nadie cuando de repente chocó con alguien de bruces, encorvándose y provocando que sus carpetas se cayesen al suelo. 

- Vaya, hombre... -masculló molesto por el choque. 
- Lo siento... -murmuró una dulce voz femenina. Ambos se inclinaron para recoger sus pertenencias, incluso ella se ofreció a ayudarlo. Entonces alzó la mirada para encontrarse con el rostro de una joven de piel tersa y pálida, su pelo era de un suave color rojizo y su expresión era de una disculpa que irradiaba cierta dulzura en sus facciones. Pero fueron sus ojos castaños los que lo hipnotizaron por un momento, anonadado y sintió un nudo formarse en su garganta. 


Un nuevo día le esperaba a Ginny aquella mañana. Tenia clase de Botánica y su profesor era nada mas y nada menos que Neville. No le desagradaba en absoluto, Neville había madurado mucho tanto como persona como por mago y poseía un intelecto especial para la enseñanza, solo recordar como ayudó a Harry a superar la prueba del lago negro era suficiente demostración. Se preparó para ir a clase, Hermione no estaba con ella en Botánica así que tenia que ir sola, por lo menos estar con Luna era mejor que nada. Mientras caminaba por los pasillos, no pudo evitar pensar que el otoño se estaba acercando y con él, el Baile de Otoño. Tenia tantas ganas de ir, pensaba ponerse muy guapa para Harry y que le pidiera ser su pareja, últimamente lo veía un poco distante con ella pero no le daba importancia, tal vez era porque no dormía bien o era la presión de los entrenamientos para los próximos partidos de aquella temporada. Le parecía tan comprensible que no quería atosigarlo con preguntas sobre su estado anímico y sentimental con ella, él la quería y ella también, así que todo estaba bien. Tan absorta estaba en su mente, que al doblar una esquina no fue consciente de la persona que tenia delante y chocaron irremediablemente. 

- Vaya, hombre... -oyó refunfuñar a una voz masculina. 
- Lo siento -se disculpó de veras. Las distracciones le jugaban muy mala pesada en ocasiones y siempre acababa metiendo la pata. Le dio una carpeta que se había colado en su material y recogió el suyo. Se atrevió a alzar la vista y lo que vio, la dejó sin aliento: era un chico, un chico de aproximadamente de su edad, quizás alguno mas, su tez era un poco pálida, su pelo negro como el carbón, unos labios finos y sus ojos... eran los ojos mas expresivos y brillantes que había visto en su vida, de un intenso color azul zafiro. Al parecer, él debía sentir lo mismo porque lo oyó tragar saliva con esfuerzo. Pasaron unos segundos eternos en los que no apartaron el contacto visual hasta que él lo rompió, terminando de apilar sus carpetas e incorporándose y ella no tuvo mas remedio que hacer lo mismo, parpadeando un poco aturdida. Alzó ligeramente la cabeza y entonces vio casi con horror el símbolo de la casa Slytherin en la túnica de ese chico. 
- Mira por donde vas, por favor -susurró él entonces dejándola sorprendida. Un susurro suave y profundo que se deslizó como una cálida brisa por sus oídos. 
- Perdona, no era mi intención... -logró decir, sin saber de donde le había salido la voz. Sus piernas reaccionaron entonces y salieron pitando de allí, lejos de ese chico... pero no se pudo resistir a voltear la cabeza hacia atrás y ver como doblaba la esquina, repasando su pelo con una mano y mirándola de reojo. Pero ¿qué había pasado?...


-¡Ginny! ¡Ginny! -la voz de Hermione se colaba en sus oídos pero ignoró su llamado como si no estuviera a su lado- ¡Ginny! 

- ¿Qué? ¿qué pasó? -inquirió la pelirroja sacudiendo la cabeza y volviendo a la realidad. 
- Pasa que estás en tu mundo -rió Hermione con suavidad- ¿qué pasa por esa cabecita? 
- En realidad no lo sé... -mintió. No dejaba de pensar en el encuentro que había tenido con ese chico de Slytherin, había sido tan repentino... 
- ¿No lo sabes? eso si que es nuevo
- Creo que no he dormido muy bien y he soñado despierta -se excusó sin mirarla. 
- Me cuesta creerlo, siempre has tenido el sueño profundo
- Querrás decir ligero
- Profundo -la corrigió- aún recuerdo aquella vez cuando intenté despertarte para un examen de historia, te tuve que tirar al suelo
- No fue nada gracioso -frunció el ceño al verla reírse.
- Si que lo fue, hasta tú te reíste.
- ¡Me reía en sueños! -replicó a la defensiva.
- Ay, qué tonta eres -le dio un leve golpecito en el hombro- oye, por cierto, ¿dónde esta Harry? 
- Tenia una cita con la directora McGonagall 
- ¿Hizo algo? -se preocupó.
- No, no, era por su falta de sueño, por las pesadillas que tiene.
- Vaya, por fin, me ha hecho caso -se recostó en el césped, relajada- ¿y cómo te va con él? Ambas chicas estaban en un prado, relajadas y disfrutando de un poco del sol que se dignaba a regalar su calidez esa tarde. Ron, Neville y otros chicos jugaban al fútbol a unos doscientos metros de ella para darles intimidad. 
- Lo he notado un poco distante conmigo pero bien supongo
- ¿Supones? -la miró con una ceja alzada- ¿te ha pedido formalmente que estén juntos? 
- No... -murmuró con tristeza. 
- Eso es extraño -reflexionó la castaña, con cierta preocupación- ya sé que Harry es tímido pero ha tenido tiempo suficiente para pedirtelo. 
- Pues ya ves, aún no me lo ha pedido. Aunque parezcamos pareja, no lo somos oficialmente -cruzó las piernas jugando con las briznas de hierba. 
- Tranquila, Ginny, estoy segura de que Harry te lo pedirá tarde o temprano
- Eso espero, ademas ya se está acercando el Baile de Otoño. Estoy deseando que llegue para estar bien para él y que me pida ser su acompañante y pareja del baile. 
- Eso es genial, amiga, sé positiva y verás que todo sale bien -la animó con una sonrisa. 
- ¿Ya sabes qué vestido te vas a poner? 
- Miraré en mi armario pero tengo la sensación de que tendré que comprarme uno 
- ¿Tú crees? a mi me gusto el vestido que llevaste aquel baile con Victor Krum
- Ay, no -hizo una mueca- es precioso pero me recuerda aquella noche, hubiera deseado que Ron lo hiciera en vez de Victor. 
- Eso es cierto y mi hermano se moría por invitarte pero ya sabes, es tímido hasta la médula.
- Este año no pasará, ya tengo pareja incluso antes de que me lo pida -se rió divertida y Ginny se unió a ella. 
- ¿De qué os estais riendo vosotras dos? -las interrumpió la voz de Ron acercándose a ellas. 
- Estamos hablando de ti, cariño, de lo tímido que eres
- ¿Yo? ¿tímido? -se burló.
- Mucho además -dijo su hermana con expresión divertida- estábamos recordando aquel baile que pudiste invitarla y Victor Krum se te adelantó. 
- No me lo recuerdes, por favor, aún estoy arrepintiéndome de no haberlo hecho -se tumbó de lado junto a su novia y besó su mejilla, cariñoso. 
- Supongo que este año no pasará ¿verdad? 
- ¿Tienes ganas de que venga el Baile de Otoño? -sonrió acariciando su mejilla. 
- Y tanto -admitió con una sonrisa- estoy deseando verte con esmoquin. 
- Y yo con un precioso vestido -sonrió buscando sus labios tiernamente. Ginny tuvo que apartar la mirada con tristeza. Su mente ya empezaba a imaginarse esa misma situación pero era Harry quien la besaba y ella lo abrazaba. Pensando en él, se sumía en un estado de melancolía, no entendía por qué se mostraba así con ella, solo quería que estuviera a su lado compartiendo cosas juntos, hablar cogidos de la mano mientras caminaban y disfrutar de todos esos momentos que una pareja normal experimenta. Pero él no parecía colaborar en esa labor y Ginny se sentía, en cierta forma, rechazada. 
- ¿Indagando en el maravilloso mundo de la mente humana? -la voz de Luna la sacó bruscamente de sus pensamientos. 
- ¿Decias, Luna? -carraspeó. 
- Nada, te preguntaba por el hilo de tus pensamientos. Se te ve absorta 
- Ah, eso. Nada importante, no te preocupes 
- ¿Tengo que usar mis artes adivinatorias para averiguar lo que piensas? 
- No eres una adivina que yo sepa -replicó con cierto enojo. 
- No la tomes conmigo, pequeña Weasley, solo intento ser amable. 
- ¿Pequeña Weasley? -rió de buen grado, burlándose- deberías saber a estas alturas que no soy pequeña. 
- Puede, pero sigues siendo la hermana pequeña de los Weasley-. La pelirroja se encogió de hombros.
- Como si me importase... 
- Harry te evita, ¿cierto? -le preguntó entonces, cambiando bruscamente de tema. La joven se quedo helada y la miró estupefacta. 
- ¿Como lo has...? 
- Intuición -se encogió de hombros sin darle importancia- conozco bien a Harry. 
- Ya... -bufó- creo que pasa mas tiempo contigo que conmigo. 
- Eso no viene a cuento. 
- Lo es  -se abrazó las rodillas- parece que no quiere estar conmigo. 
- La melancolía juega malas pasadas, Ginny, no pienses de esa manera. Harry te quiere.
- Si... si, tienes razón, no sé en que estaba pensando
- Quizás está pasando por un mal momento y tú, pensando en ti misma. 
- Qué egoísta puedo ser a veces -medio sonrió sin ganas, sintiéndose culpable. 
- Todos somos egoístas alguna vez... o siempre -añadió con expresión sombría mientras observaba de reojo a la pareja abrazarse y charlar con Neville y los demás. 


A la hora de la cena, Ginny pilló a Harry antes de que entrara en el comedor. 

- Hola, Harry -lo saludó ella con una sonrisa y el corazón acelerado al verlo. 
- Hola, Ginny -le devolvió la sonrisa.
- ¿Podemos hablar un momento? 
- Es la hora de cenar
- Si, lo sé, pero me gustaría estar contigo un momento a solas, por favor. 
- Yo... -dudó pero la expresión suplicante de la joven lo ablandó- está bien, voy contigo...
- Gracias -dijo agradecida. Lo cogió de la mano y retrocedieron alejándose varios metros del comedor hasta una esquina donde nadie los viera. Una vez solos, Ginny rodeó su cuello y lo besó tiernamente en los labios. Harry se quedo tan sorprendido que su cuerpo se paralizó de golpe, sin poder reaccionar. 
- Harry... -susurró ella rompiendo levemente el beso- te quiero. 
- Ginny... -musitó él con el corazón acelerado. Su corazón le jugó una mala pasada, una ligera niebla desenfocó sus ojos y el rostro de Ginny desapareció siendo reemplazado por el dulce rostro de Hermione, sus ojos castaños, su reluciente sonrisa, sus labios. Fascinado por aquella visión, alzó una mano y recorrió con los dedos su cálida mejilla. Era tan hermosa, tan única, tan Hermione, y la amaba con todo su corazón... pero nunca estarían juntos. Sin pensar en sus actos, se inclinó hacia sus labios y la besó de nuevo, sus manos se deslizaron por su cintura y la atrajeron hacia él sin dejarla escapar. Su traicionero corazón le decía que estaba besando a Hermione en vez de a Ginny y su mente buscaba la lógica y la racionalidad suficiente para reprender a su corazón, porque lo que estaba haciendo no era correcto. Por su parte, Ginny se sentía completamente dichosa y feliz de sentirlo, hacia tanto que no la besaba así, que no experimentaba sus brazos rodeándola, era fantástico. Se separaron por falta de aire y juntaron sus frentes recuperando sin prisas las pulsaciones de su corazón.  Poco a poco Harry recuperó la lucidez que había perdido momentos antes y pronto se dio cuenta de su error: había besado a Ginny, inconscientemente pero lo había hecho... y lo peor es que la había besado pensando que era Hermione. Se sentía tan mal en ese momento, tan idiota... había sido un insensible y lo que menos quería era hacerle daño a Ginny. Ésta, ajena a la situación que estaba pasando Harry, se apoyó en su pecho abrazándolo un poco mas y suspiró, encantada, él no pudo hacer mas que dejarse abrazar por ella. Pasaron unos minutos en silencio hasta que rompió el silencio. 
- ¿De qué querías hablarme? -logró articular en un susurro. 
- ¿Mmm? -murmuró ella muy a gusto entre sus brazos.
- Ginny, si tienes que decirme algo, hazlo ya. Tengo hambre -le pidió con voz cansada. 
- Ah, si... lo siento -se disculpó separándose lo suficiente para mirarlo a los ojos enamorada- quería saber qué tal te había ido con la directora McGonagall. 
- Bien -respondió de inmediato- me recomendó tomar una poción anti-sueños. 
- ¿Poción anti-sueños? no será la poción que nunca te deja dormir ¿verdad? 
- No, no. Es otra poción. Si funciona, duermo con los ojos abiertos y sin pesadillas pero eso depende del grado de pesadillas que tenga. 
- Depende de ti entonces 
- Quién sabe... -se encogió de hombros. Ella acarició su rostro con suavidad. 
- Espero que funcione, Harry -esbozó una suave sonrisa. 
- Si, yo también. ¿Vamos a cenar? 
- Si, vamos -entrelazó su mano con la de él y fueron juntos al comedor. 


Un perfume familiar se coló por la nariz de Kylan mientras cenaba en la mesa Slytherin, alzó la mirada un momento y la comida se le atoró en la garganta al reconocer a la chica que portaba esa resplandeciente cabellera rojiza. Tosió bruscamente y se golpeó el pecho para expulsar el trozo de carne que masticaba en la boca. Una certera palmada en la espalda terminó con su sufrimiento y la carne reposó en una servilleta humedeciendo la tela. 

- ¿Estás bien, Kylan? esa carne puede llegar a ser un poco asesina -bromeó amistosamente Adrian, el responsable de su palmada. Kylan se precipitó hacia el vaso de agua y bebió un buen trago entre jadeos. Unos minutos después, ya estaba recuperado. 
- Gracias, me has salvado de ahogarme vivo 
- Esas cosas no se agradecen, hombre-. 
El pelinegro sonrió suavemente y volvió la vista hacia el frente en busca de la pelirroja, recordando la razón de su pequeño ahogo con la comida. Esa chica era de la casa Gryffindor e iba cogida de la mano del mismísimo Harry Potter. ¡Maldita sea su suerte! no había dejado de pensar en ella desde que se chocaron en el pasillo:


Estaba aproximándose a una esquina para doblarla, con la cabeza gacha para no mirar a nadie cuando de repente chocó con alguien de bruces, encorvándose y provocando que sus carpetas se cayesen al suelo. 
- Vaya, hombre... -masculló molesto por el choque. 
- Lo siento... -murmuró una dulce voz femenina. Ambos se inclinaron para recoger sus pertenencias, incluso ella se ofreció a ayudarlo. Entonces alzó la mirada para encontrarse con el rostro de una joven de piel tersa y pálida, su pelo era de un suave color rojizo y su expresión era de una disculpa que irradiaba cierta dulzura en sus facciones. Pero fueron sus ojos castaños los que lo hipnotizaron por un momento, anonadado y sintió un nudo formarse en su garganta. 

Sacudió la cabeza, apartando ese recuerdo de su mente. Vale, si, lo reconocía, le había sorprendido que fuera una chica con quien chocase, pero ¿una Gryffindor? ¿tenia que ser una Gryffindor? en aquel momento desearía no haber nacido siendo hijo de unos Slytherin... de esa manera podría intentar conocerla, saber de ella, no se, ser su amigo. Pero era imposible, ya tenia novio, y su novio no era cualquier persona sino Harry Potter y ademas era de la casa Gryffindor, de locos, absolutamente de locos... 





Mientras cenaba de buen humor y una radiante sonrisa que confundía a sus amigos por su  incontenible alegría, un escalofrío recorrió su cuerpo sintiendo que alguien la miraba desde algún punto del comedor. Miró a su alrededor buscando esa mirada. Su vello se erizó al toparse con aquellos ojos azules, reconociendo perfectamente a su propietario de aquella mañana:




Tan absorta estaba en su mente, que al doblar una esquina no fue consciente de la persona que tenia delante y chocaron irremediablemente. 
- Vaya, hombre... -oyó refunfuñar a una voz masculina. 
- Lo siento -se disculpó de veras. Las distracciones le jugaban muy mala pesada en ocasiones y siempre acababa metiendo la pata. Le dio una carpeta que se había colado en su material y recogió el suyo. Se atrevió a alzar la vista y lo que vio, la dejó sin aliento: era un chico, un chico de aproximadamente de su edad, quizás alguno mas, su tez era un poco pálida, su pelo negro como el carbón, unos labios finos y sus ojos... eran los ojos mas expresivos y brillantes que había visto en su vida, de un intenso color azul zafiro. 


Los dos se miraron a los ojos por un momento desde la distancia, sabiendo perfectamente quién era el otro indudablemente por su rostro pero sobre todo, por su indumentaria...











lunes, 10 de septiembre de 2012

Entrenamientos



CAPITULO III

Entrenamientos







- ¡Harry!, ¡Harry, despierta! -la voz de Neville se coló por los oídos del joven mago que lo zarandeaba por el hombro.
- Mmm... Neville, déjame en paz -le pidió con voz pastosa.
- ¡Vamos, arriba!, que si no llegarás tarde -le apremió con mas insistencia. Harry resopló, indignado y pateó las sábanas con energía para quitarselas de en medio. Tanteó buscando sus gafas y se las puso al mismo tiempo que se incorporaba. Buen día para programar los nuevos entrenamientos de quidditch (nótese la ironía) con la mala noche que había pasado. 
- ¿Qué hora es, Neville? -murmuró de mal humor. 
- Las siete y cuarto
- Siete y cuarto -repitió como si fuera un martirio despertarse a esa hora con lo temprano que era. Arrastró los pies hasta el baño, masajeándose la nuca en el camino y abriendo el grifo de agua fría del lavamanos, metió la cabeza dentro para refrescarse y espabilarse. Diez minutos después, estaba vestido y preparado para ir al entrenamiento. 



- ¡Tuya, Katie! -exclamó un compañero lanzándole la quaffle a Katie. 
- Creo que no -intervino la voz de Dean girando bruscamente su escoba y anticipándose al movimiento para recoger la pelota bajo su axila. 
- Te las verás conmigo, Dean -le advirtió la chica con una traviesa sonrisa. 
- Ya lo veremos -sonrió conduciendo su escoba con una mano. 
- ¡Una blugder a las doce! -gritó alguien. 
- ¡Esa es mia! -exclamó Andrew, bateando con energia la pequeña y dura bola. Ésta impactó en el hombro de Dean y la quaffle se deslizó de sus dedos. 
- ¡Oh, vaya! 
- ¡Mia! -. Y vuelta a empezar. Mientras ellos entrenaban, Harry daba vueltas a toda velocidad por encima del estadio a una prudente distancia para no entorpecer el entrenamiento. Los lazos del sueño aun querían abrazarlo y no soltarlo jamás, a él no le importaría en absoluto pero faltaba una semana para que los partidos de quidditch volvieran a empezar aquel año y debía estar fresco, fuerte y ágil para capturar la snitch dorada como el buscador que todos sabían que era, y uno bueno además. En las gradas se encontraban Ron, Hermione, Neville y Ginny, y algunos otros chicos mas de sus compañeros de quidditch. 
- ¡Cuidado, Harry! -exclamó George con un tono de alarma. A sus oídos llegó un fuerte zumbido y por puro reflejo, se agachó lo máximo que pudo y la blugder rozó su pelo en un microsegundo, azotando el viento en torno a él y agitando la escoba. Sus gafas sufrieron las consecuencias y se deslizaron hacia abajo, precipitándose al vacío. Parpadeó molesto, sintiendo su ausencia en cuestión de segundos. Intentó mirar el camino por donde estaban cayendo y enderezó la escoba para bajar; por desgracia, no veía nada, el paisaje se veía borroso y difuminado como si una incipiente niebla se hubiera instalado en sus ojos. Parpadeaba y entrecerraba los ojos, forzando la vista para enfocar sus gafas pero era imposible, solo veía niebla... 
- ¡Quieto, Potter, te vas a estrellar! -le advirtió Andrew formando una bocina en su boca con sus manos para que le oyera. Ron, Hermione, Neville y Ginny se levantaron de las gradas, preocupados e incluso un poco asustados por el pequeño incidente. Katie pareció darse cuenta de la situación por la que pasaba el chico porque se aproximó con rapidez con su escoba y se abalanzó hacia abajo, llegando a su altura. 
- ¡Vuelve a subir, te vas a dar contra el suelo! 
- ¡No, hasta que coja mis gafas!-. La chica miró hacia abajo y un destello plateado le ubicó donde estaban las gafas. 
- ¡Yo las cojo, sube vamos! 
- ¡Vale! -obedeció. Afirmó la punta de su escoba y tiró con fuerza hacia arriba, abandonando su puesto. Katie siguió descendiendo, recogió las gafas al vuelo y volvió a subir con esfuerzo. Los dos chicos se encontraron en lo alto del estadio de nuevo, jadeantes, con la respiración entrecortada y el pulso acelerado. 
- Toma -murmuró ella entregándole sus gafas. 
- Gracias, Katie -se lo agradeció mientras se las ponía y recuperaba la vista al instante, aliviado. 
- ¿Estáis bien, chicos? -. Dean y los demás se acercaron para saber de su situación. 
- Lo siento, Harry, le di demasiado fuerte -se disculpó George.
- No pasa nada, ya estoy bien -medio sonrió- solo se me cayeron las gafas. Katie fue muy amable al recogerlas pero la verdad podrías haberte hecho daño. 
- Tonterías -se encogió de hombros pero eso no alivió la expresión del joven buscador. 
- ¿Puedes seguir con el entrenamiento? -le preguntó Dean a Katie.
- Por supuesto, vamos. 
- Gracias de nuevo, Katie. 
- De nada -le guiñó un ojo. 



- Ay que ver lo brutito que puede llegar a ser George -comentó Ron de la mano de Hermione mientras regresaban a la escuela. 
- Poco mas y me deja sin cabeza -admitió el ojiverde pasándose una mano por el pelo. 
- ¿Seguro que estás bien? -comentó Hermione con preocupación. Él la miró con cariño. 
- Perfectamente, aunque... -dejó la frase inconclusa al tiempo que se retiraba las gafas y se las ofrecía a ella con una cálida sonrisa. Ella entendió y con una sonrisa, sacó la varita, soltándose de Ron un momento y con mucha suavidad apuntó a los cristales.
- Oculus reparo -pronunció el hechizo en un murmullo. Una diminuta servilleta chasqueó contra los cristales restaurándolos de cualquier suciedad y rasguño. 
- Gracias, Hermione -susurró volviendo a colocárselas para mirarla a los ojos. 
- Un placer -le devolvió la mirada. 
- Oye, Harry, ¿cómo ves al equipo para el primer partido? -intervino Ginny, rompiendo el contacto visual entre ambos jóvenes. 
- Es un poco pronto para saberlo, hoy solo ha sido el primero -le respondió con desgana. 
- Si, claro, qué tonta. 
- ¡Dichosos los ojos que os ven! -exclamó una cantarina voz muy familiar. 
- ¡Vaya, Luna, qué sorpresa! -sonrió Ron con agrado. 
-  Yo también me alegro de verte, Ron -rodó los ojos. Los demás también la saludaron. 
- ¿De dónde vienes? -le preguntó Ginny.
- De clase de pociones -respondió con una divertida sonrisa- fue una clase interesante. 
- No sé que tiene de interesante estar en la clase del profesor Slughorn
- Ginny, ¿aún no sabes lo increíblemente especial que puede llegar a ser, nuestra querida Luna? -se burló su hermano de buen humor. 
- Gracias por defenderme, Ron, es muy amable de tu parte -ironizó intencionadamente. Hermione le dio un codazo en el pecho y éste se quejó. 
- Eso ha dolido, cielo -se frotó la zona golpeada. 
- Te lo merecias -se encogió de hombros. 
- ¿Y qué, Harry? ¿qué te cuentas? 
- Hoy he tenido mi primer entrenamiento de quidditch 
- ¿Y cómo te ha ido? 
- El bruto de George le lanzó una blugder y casi le deja sin cabeza -bufó Ron. Ginny se abrazó al brazo de Harry, cariñosa pero éste no reaccionó a su toque como si no lo hubiera sentido en realidad. 
- No fue nada, solo se me cayeron las gafas. Katie me las tuvo que recoger.
- Te precipitaste hacia abajo, hiciste una locura -le reprochó la castaña volteando la cabeza para mirarlo. 
- ¿Cuándo no he hecho una locura, Hermione? -medio sonrió. 
- No digas tonterías, Harry -protestó la pelirroja estirando un poco su cuello para llegar a su rostro y encontrar sus labios en un leve beso, un roce. El joven se quedo estupefacto con su gesto, Hermione medio sonrió, incómoda y volvió la mirada al frente. Sentía una sensación desagradable en su interior, como si le hubiera molestado verlos besarse, sacudió la cabeza, negando lo sucedido. Harry tragó saliva despacio y se mantuvo callado el resto del camino. 







- ¡Adrian, colócate bien, hombre! estás despistado. ¡Gregory, tienes que defender mejor los puestos de tus compañeros! -gritaba Christian con voz potente y carente de emoción a una prudente distancia de ellos para observarlos y no ser golpeado. 
- ¡Graham, tuya! -gritó Adrian ejecutando un rápido movimiento con el brazo para lanzar la quaffle en su dirección. 
- ¡Gracias! - la atrapó con una ágil parada pero un zumbido le alertó del acercamiento de una blugder. Una sombra se interpuso y un fuerte bateo la alejó de su vista.
- ¡Muy bien, Kylan! -le alabó Christian por su actuación. Miró de reojo a las gradas: Pansy estaba con algunas chicas, charlando y presenciando el entrenamiento. No faltaba a ningún acontecimiento donde él estuviera y menos un partido de quidditch. Su expresión se endureció al recordar a su eterno rival: Harry Potter. Ya habían pasado dos semanas desde lo del incidente, limpiando la biblioteca sin magia junto a Pansy durante horas y horas. Pensaba darle su merecido aunque solo fuera en un mísero y patético partido de quidditch, atraparía la snitch dorada y lo humillaría por completo. Este año tenían un buen equipo, Kylan era nuevo y se había convertido en muy poco tiempo en el mejor golpeador de la casa Slytherin, no solo seria un buen defensor sino también un gran bateador para contraatacar al rival. Las risas de las gradas lo distrajo por un segundo, al parecer algunos chicos novatos se estaban acercando a ellas, seguramente para coquetear y sacar algún provecho. Inexpresivo, descendió con su escoba hacia ellas. Uno se había atrevido a acercarse a Pansy:
- Hola, preciosa, ¿qué te anda por aquí? 
- Viendo el entrenamiento de nuestros compañeros, que por supuesto van a ganar -se retorció un mechón entre los dedos, coqueta. 
- No me extrañaría nada, teniendo como animadoras a una preciosidad como tú -esbozó una sonrisa seductora. 
- Qué halagador por tu parte. Así da gusto conocer a chicos como tú -le guiñó un ojo. El chico quiso aproximarse más y coger su mano pero en ese preciso momento, Christian se situó tras Pansy que se sobresaltó un poco al notarlo. 
- Christian, ¿qué haces aqui? 
- Venía a ver como estabas -respondió sn apartar su mirada de aquel chico. Éste se encogió ante su gélida mirada, no parecia contento. 
- Estoy muy bien, gracias. Creo que deberías volver al entrenamiento -frunció el ceño. 
- ¿Quién eres? -le preguntó al chico sin miramientos e ignorando lo que decía Pansy. 
- Yo... yo... soy David -tartamudeó un poco. 
- Bien, David, ¿estabas hablando con mi chica o coqueteándola delante de mi presencia? 
- Hablando... hablando de verdad
- Bien, eso está bien. Ahora vete, por favor -susurró con fría cortesía. David asintió casi temblando y se alejó con sus amigos. Pansy se viró hacia Christian después de ser testigo de semejante "enfrentamiento". 
- ¿Ya me vas a escuchar? -lo miró fijamente a los ojos, a esos fríos ojos grises. Christian bajó la cabeza, penetrándola con la mirada.
- No quiero verte con ningún otro chico, Pansy -susurró casi con dulzura, una dulzura irresistible en aquellos labios que parecían suaves. Ella se mordió el labio y sonrió complacida.
- ¿Celoso, Christian? -puso una mano en su pecho, recorriendo su traje de quidditch hasta su cuello. 
- Tú eres mía -colocó una mano en su baja espalda y la atrajo hacia él sin apartar la mirada de ella. 
- Lo tomaré como un si -susurró ella tirando de la solapa de su cuello y estampando sus labios con los suyos, frios y suaves.