martes, 29 de enero de 2013

La confesión



CAPITULO VIII

La confesión




Eran las cinco de la mañana cuando Kylan se despertó para realizar su rutina de correr todos los días. Se vistió con una camisa básica negra y un chandal y se anudó las playeras con firmeza pero sin apretar. Subió los escalones hasta la primera planta y salió al exterior por el Patio de la Entrada percibiendo enseguida la fría brisa pero ni siquiera su vello se erizó al contacto. Calentó y estiró un poco sus miembros antes de empezar a trotar a buen ritmo, su sueño no era profundo era tan ligero que el mínimo zumbido de una mosca lo despertaba y había cogido por costumbre despertarse muy temprano para despejarse realizando algo de ejercicio. Comenzó rodeando la enorme estructura del castillo y luego se permitió el lujo de alejarse poco a poco, acercándose al campo de quidditch. Su expresión se ensombreció al recordar lo sucedido unos días antes en el partido contra Gryffindor y la discusión que tuvo con Christian posteriormente: 

- ¿Te has vuelto loco, Christian? podrías haberlo estropeado todo
- Cállate, Kylan, no eres mi padre para que me riñas de esa manera. 
- ¿Perdona? te recuerdo que estamos juntos en esto. 
- ¿Crees que no lo sé? ¿me tomas por idiota? 
- Acabas de hacer una idiotez así que creo que te has contestado a la pregunta tú solo -masculló mirándolo seriamente. Christian le dirigió una fría mirada. Estaban en la sala común de Slytherin, solos para que nadie los molestara. 
- Ten cuidado con tus palabras, ya tengo bastante cabreo encima
- Pues cálmate, mira a ver si vas a armar un espectáculo aún mayor que en el partido. Primero te metes con Gregory en el entrenamiento anterior al partido y ¿ahora te ha dado por hacerle daño a Harry Potter? 
- Es mi rival 
- Te descontrolaste, admítelo de una vez. Esto no nos lleva a nada
- ¿Sabes?… empiezo a dudar que tengas sangre de Slytherin en tus venas… 
- No cambies de tema, Christian. No te han expulsado de milagro 
- Pero he tenido otras medidas estrictas, expulsarme no me hace mucho daño que digamos. 
- Si pretendes que sigamos con esto si. Por lo pronto, te han eliminado del equipo de quidditch, de la participación de la entrada del Baile de Otoño, te han retirado la varita y tienes completamente prohibido acercarte a Harry. A la próxima, si que te expulsarán. 
- No habrá próxima vez, te lo aseguro… -murmuró sombríamente- todo tiene que salir bien.
- Pues empieza por controlar tus nervios… 


La imponente muralla de Hogwarts lo distrajo un poco de sus pensamientos. En esta zona de la escuela, debido a la batalla final con Lord Voldemort, la reforma de la muralla se analizó y estudió de una manera muy especial. Su construcción fue larga y concienzuda pero con éxitos bastante notables y satisfactorios, la enorme construcción se realizó con el granito de mayor calidad reforzado con cuarcita y mármol, proporcionando una belleza, resistencia, brillo y dureza tales que seria muy difícil sobrepasarla con hechizos o violencia física. La escuela Hogwarts había sufrido mucho los últimos meses y no iba a permitir que volviera suceder semejante catástrofe, si se diera el caso de que algo oscuro surgiera nuevamente. Recorrió la silueta de la muralla hasta donde le permitió la estructura y dio media vuelta cuando no pudo avanzar mas, el vaho que desprendía su boca denotaba su respiración profunda y controlada a cada paso que daba, pasó de nuevo por el campo de quidditch y se topó con el camino que daba a la carretera de carruajes. Observó la cabaña de Hagrid un momento y la dejó a su derecha perfilándose ligeramente el principio del Bosque Prohibido. Entonces su oído le alertó de algo, obligándolo a disminuir la marcha para concentrarse en ese sonido. Parecía una especie de relincho y alguien hablando en susurros, se acercó con cuidado a uno de los arboles del bosque como apoyo y avanzó poco a poco sintiendo la presencia de esos dos individuos cada vez más y más cerca. Al asomar la cabeza bajo la rama de un árbol, su corazón dio un vuelco al reconocer esa melena rojiza de la chica que tantas veces había poblado sus pensamientos y que ahora mismo, estaba acariciando el morro de un caballo alado. Su vestuario era tan sencillo como un chandal, una camiseta de manga larga y una chaqueta; ¿Qué estaría haciendo allí a esas horas con ese animal? llevaba consigo un pequeño bolso, vio como metía la mano dentro y le entregaba un trozo de manzana al pegaso que lo aceptó con mucho gusto. Desde aquel encuentro en el pasillo, de eso hace un mes aproximadamente, era la primera vez que la tenia tan cerca y podía observarla a gusto sin necesidad de que ella huyera o desapareciera en medio de la gente. Entonces el pegaso olfateó el aire y resopló dando unos pasos hacia atrás como si algo no le hubiera gustado. 
- Tranquilo -le oyó decir con dulzura al caballo. Pero el animal insistía en retroceder a pesar de las peticiones de ella, la empujó suavemente con el morro en dirección hacia el árbol donde se encontraba él. ¡Vaya con el caballo! encima que se había escondido bien, ahora había olfateado su rastro con peligro de desvelar su posición- ¿qué ocurre? ¿hay algo ahí? 
-Tengo que irme de aquí -susurró para si. 
Ginny percibió un movimiento no muy lejos de donde se encontraba y cerca del lugar que le indicaba el pegaso. Frunció el ceño y extrajo la varita de su túnica. 
- Caeca Temporalis -murmuró muy bajo para que no se escuchara. Su cuerpo se difuminó poco a poco volviéndola invisible, se quitó las botas y sus pies descalzos acariciaron la fresca hierba sin hacer un solo ruido. Kylan no se dio cuenta de la pronunciación del hechizo, concentrado en salir para no ser visto pero en cuestión de unos minutos sintió algo puntiagudo bajo su mentón. El rostro serio de Ginny apareció lentamente en su campo de visión cuando se recuperó de la fugaz sorpresa. 
- ¿Quién eres? -inquirió la joven sin bajar la varita. Kylan se quedo mirándola, ligeramente sorprendido de que no le recordara de aquel encuentro. 
- ¿No me recuerdas? -susurró buscando sus ojos castaños. Ginny frunció el ceño sin entender... hasta que sus ojos azules se cruzaron con los suyos y su mente no tardó en rememorar esa mirada al cruzarse con él en el pasillo en dirección a clase de Botánica. 
- Tú... -murmuró al recordarlo. 
- Si, yo... ¿ahora puedes bajar la varita, por favor? -le pidió con educación. Sin embargo, Ginny apretó un poco más la varita contra su piel, otro recuerdo le vino a la mente: el partido de quidditch. Lo miró con desconfianza y con cara de pocos amigos. 
- Eres el golpeador de Slytherin, ¿verdad? 
- Si 
- Y el mejor que tengo entendido al parecer -lo observó detenidamente. Era un chico increíblemente guapo, sus rasgos eran tan definidos y perfilados que parecía un modelo, su nariz era perfecta para su rostro y sus labios eran finos y delicados, las cejas pobladas, el pelo tan oscuro como recordaba y sus preciosos ojos azules como el zafiro te invitaban a perderte en ellos... espera ¿había dicho preciosos?.
- Eso han dicho -repuso sin mover un músculo. Esperaba que ella fuera consciente de que podría haberse librado de la situación en la que estaba, pero ¿quién haría semejante actuación pudiendo tenerla tan cerca y apreciar su belleza?- y por lo que veo, no estás muy resuelta a hablar, ¿verdad?
- No suelo hablar mucho con los Slytherin, ¿tanto se nota? 
- Comprendo perfectamente esa razón. Cualquiera en tu lugar haría lo mismo. 
- ¿Ah, si? -alzó una ceja, interesada.
- Si. Sé lo que es convivir con ellos y tener que soportar su personalidad tan orgullosa, tratando a los demás como inferiores a ellos -murmuró dejándose llevar un momento por sus pensamientos. 
- Sigo sin fiarme de ti 
- Yo no tuve la culpa de lo que ocurrió en el partido. Es mas intenté impedirlo 
- Hablas como una serpiente, eres mentiroso por naturaleza -masculló con dureza. 
- ¡Eso no es cierto! estabas tan concentrada en lo que le pasó a Harry Potter que no te diste cuenta de lo que pasó a tu alrededor. Yo intenté impedirlo pero llegué tarde.
- No puedo creerte. Eres un Slytherin 
- Slytherin de nombre -replicó, apretando la mandíbula. 
- ¿Acaso no es lo mismo? 
- Si me conocieras, no dirías eso
- ¿Conocerte? -rió sin gracia- no necesito conocerte, todos los Slytherin sois iguales aunque ese amigo tuyo, Christian, se lleva el premio gordo. 
- Lo siento, ¿vale? -la miró a los ojos nuevamente casi con desesperación- te dejas engañar por las apariencias, yo no soy quien tú crees solo por ser de la casa Slytherin.
- ¿Y qué haces aquí? ¿me estabas siguiendo? 
- ¿Seguirte? -negó con la cabeza- suelo levantarme temprano para correr, me gusta hacer ejercicio. Ginny observó su indumentaria deportiva, el sudor de su frente y su respiración agitada. Todo parecía indicar que decía la verdad. 
- ¿Y tú que haces aquí tan temprano? corro todos los días y es la primera vez que te veo aquí sola cerca del Bosque Prohibido.
- Me gusta tomar las medidas adecuadas -se limitó a responder. Lentamente retiró la varita de su mentón sin quitarle la vista de encima, luego señaló al pegaso que caminaba muy lentamente, olisqueando la hierba- estoy aquí por él. 
- ¿El pegaso? ¿es amigo tuyo? 
- Digamos que ambos nos hemos ganado la confianza del otro. Algo que tú y yo bien difícil lo vamos a lograr -replicó con desdén mientras se alejaba para acercarse al pegaso y Kylan la siguió a una prudente distancia. El animal alzó la cabeza al oírla llegar y resopló al ver al nuevo visitante, pateó el suelo y movió la cabeza repetidas veces volviendo a retroceder como antes. 
- ¿Qué le pasa? -lo miró extrañado. 
- Creo que no le gustas 
- Qué bien -hizo una mueca de desagrado. 
- Se comporta así con los extraños. Como tú eres un extraño, le confunde tu olor. 
- Gracias por la información -frunció los labios. 
- Si no te gusta, puedes irte ¿sabes? molestas aquí. 
- Estás siendo muy desagradable conmigo -murmuró observando como rascaba con suavidad la oreja izquierda del animal. 
- No me caes bien 
- Eso es nuevo -se aproximó unos pasos- no parecía lo mismo cuando nos encontramos en aquel pasillo del primer piso... 
- Eso no tiene nada que ver con... 
- .. cuando te dirigías a clase de Botánica con Neville Longbottom -completó cortándola suavemente. Ginny detuvo su caricia al caballo y lo miró un momento, extrañada. 
- ¿Cómo sabias que...?
- Me informé -se encogió de hombros- era lo menos que podía hacer después de que me tiraras mis carpetas. 
- Fue un accidente
- Lo sé -rió suavemente mostrando sus blancos y perfectos dientes y, sin darse cuenta, el cuerpo de la joven sufrió un escalofrío, y no era por el frío. Kylan se acercó un poco más, ignorando los nerviosos movimientos del pegaso. 
- Eres extraño -se atrevió a decir. 
- Y tú tienes mucho carácter -sonrió, aceptándolo como un cumplido y extendió su mano hacia ella al añadir- no nos hemos presentado como es debido, soy Kylan Brown. ¿Podría saber cuál es tu nombre?.
 La joven observó su mano extendida con desconfianza y luego volvió a mirarlo a él, sus ojos no transmitían maldad ninguna sino calidez y confianza, algo que sin duda no se esperaba en la mirada de un Slytherin. Dubitativa, tendió la suya hasta que su palma y sus dedos entraron en contacto con los de Kylan en un suave apretón. Su mano poseía una temperatura sorprendentemente cálida, tan cálida que tras unos segundos no percibió el frío de aquella mañana tan temprana, y un cosquilleo vibró entre sus dedos. 
- Ginny... -respondió en un susurro dulce y natural en su voz- Ginny Weasley. 
- Ginny... -repitió con una agradable sonrisa- espero que podamos vernos en otra ocasión... si me lo permites claro. Ahora debo irme, te he robado mucho tiempo y no deseo incomodarte-. Ella asintió, creyendo que no hacia falta hablar para responderle, vio como se despedía con una mano y reanudaba su ejercicio de antes. Cuando su atención volvió al caballo, éste estaba considerablemente alterado, movía la cabeza constantemente, relinchaba y resoplaba y pateaba el suelo, nervioso. 
- ¿Qué te ocurre? -susurró intrigada y preocupada por el animal. Intentó acercarse a él para tranquilizarlo pero el pegaso alzó las patas delanteras y se internó en el bosque al galope dejando a Ginny confusa por su comportamiento. Lo que ella no sabía era que el pobre animal estaba terriblemente asustado después de la cercanía de Kylan... 


La enfermera Irene visitó al joven Potter por la mañana para traerle el desayuno. 
- Buenos días, Harry -lo saludó con una agradable sonrisa, depositando la bandeja en la mesa de noche. 
- Buenos días, Irene -le devolvió el saludo. 
- ¿Cómo has dormido? 
- Bien, es de las pocas veces que duermo 
- ¿Te has desvelado durante la noche? 
- Solo una vez, a las tres de la madrugada 
- Bueno, eso ya es un avance positivo. Ahora toca alimentarse bien. 
- Tiene buena pinta -admitió observando la bandeja. Había tres rebanadas de pan, una con mermelada y mantequilla, otra con paté de jamón y la última con una loncha de queso, un kiwi y un zumo natural de naranja.
- Lo he preparado yo misma. Necesitas fuerzas. 
- Una pregunta, Irene: ¿Cuándo van a darme el alta? 
- Te adelantas a los acontecimientos, Harry -rió suavemente- voy a quitarte hoy la venda, si las heridas están cicatrizadas por completo te daré el alta hoy mismo.
- Eso es genial -sonrió radiante mostrando su alegría ante la noticia- espero que mi brazo se porte bien.
- Esperemos. Dejo que desayunes con tranquilidad, voy a terminarme el café que dejé a medio terminar y enseguida vuelvo, ¿de acuerdo? 
- Muchas gracias, Irene 
- De nada -sonrió antes de irse. Harry se incorporó en la cama para poder coger la bandeja y colocarla en su regazo, de esa manera la comida quedaba mejor a su alcance. Desayunó tranquilamente, entusiasmado por el gran comienzo de aquella mañana con la noticia de que por fin iba a salir de la enfermería. Llevaba unos cinco días contados ya y tenia muchas ganas de marcharse y estar con sus amigos, en especial con Hermione. La comida estaba buenísima y su estómago lo agradeció enormemente, ya estaba terminando cuando oyó los pasos de Irene que se había terminado ya su cortado. 
- ¿Qué tal ese desayuno? 
- ¡Delicioso! estaba todo muy bueno
- Me alegro mucho -retiró la bandeja de su regazo- vamos a ver ahora ese brazo. Tienes que venir conmigo al baño. 
- Claro -se limpió la boca con una servilleta y se bajó de la cama en un momento. La siguió hacia una puerta de color beige y entraron dentro, allí había una palangana mediana con agua ardiendo encima de un taburete esperándolo. 
- Mete el brazo ahí, no te preocupes por la temperatura, es necesario para que se afloje la venda. 
- De acuerdo -obedeció a su petición e introdujo todo su brazo hasta la altura del hombro. Sintió el agua caliente pero no era incómodo ni doloroso ni quemaba, sólo su venda hacia contacto directo con ella. Quince minutos tuvieron que pasar para que la venda se aflojara por completo e Irene lo acompañó en todo momento, vio como se colocaba unos guantes impermeables, metía las manos en la palangana y deshacía poco a poco los pliegues de la venda, desvelando su brazo desnudo. Cogió los trozos de tela, los dejó escurrir un poco y lo tiró a la basura, se quitó los guantes con un gesto y le acercó una toalla. 
- Ya puedes sacar el brazo -le indicó, colocando la toalla justo debajo para que no chorreara el suelo de agua y envolvió su brazo con ella, movió la palangana y el taburete a un lado y le ayudó a secárselo. El brazo, a diferencia de su gemelo, estaba pálido, delgado y con tres feas cicatrices en toda su extensión- nunca había visto unas marcas así. 
- Son realmente espeluznantes -admitió observándolas con recelo y perplejidad. 
- No te duele ¿verdad? -lo miró viendo como negaba con la cabeza- bien, eso es buena señal. Están todavía un poco abiertas por la profundidad que te alcanzó pero no hay peligro de que se te abran. 
- Menos mal -suspiró aliviado 
- A pesar de la venda y del tratamiento que te he aplicado, la inflamación sigue ahí -tocó suavemente algunas zonas un poco coloradas- te daré una pomada especial para bajar lo que le queda. 
- De acuerdo pero... ¿podré irme? 
- Yo creo que si, Harry -lo miró con una sonrisa- no es necesario que permanezcas mas aquí si tu brazo está prácticamente curado. Pero primero tengo que hablar con la directora McGonagall para que me dé su consentimiento, ¿te parece? 
- Por supuesto 
- Bien -sonrió- lávate las manos y el brazo y ahora te traigo la ropa para que te vistas. 
- Gracias 
- Ahora vengo 
Un rato después, estaba aseado y vestido con la túnica de Gryffindor, sentado y relajado en su cama. Esperaba que la directora no pusiera pegas. 




Mientras tanto, Ron se encontraba en la sala común de Gryffindor tumbado en uno de los sofás contemplando la chimenea apagada, sumido en sus pensamientos. La conversación que tuvo con Cho no paraba de repetirse en su mente: 

- Al parecer los han visto juntos en varias ocasiones 
- ¿Qué tiene eso de relevante? son muy amigos -replicó el muchacho cada vez más confuso si cabe. 
- Quizás... pero hay gente que afirma que están juntos y que tú no lo sabes, te engañan en otras palabras. 
- Eso es imposible... Hermione jamás me haría eso y mucho menos Harry -musitó con el labio inferior tembloroso. 
- No me importa lo que creas, Ron, tú me has pedido que te diga lo que me han dicho. Tuya es la tarea de averiguar si son ciertos esos rumores... 

¿Averiguarlos? ¿cómo? ¿espiándolos para ver si era cierto? no podía hacer eso, era su mejor amigo y su novia, no era ninguna tontería, no era un juego, era un riesgo. ¿Y si era verdad? lo destrozaría. Abrió los ojos como platos cuando de repente la imagen fugaz de su hermana le vino a la mente y se incorporó de golpe. Harry sería el causante de esta desgracia si todo fuera verdad, destrozaría el corazón de Ginny por engañarla con Hermione y destrozaría el suyo por abusar de su amistad y acercarse a su novia. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el ruido del retrato de la Señora Gorda abriéndose y su hermana Ginny entró por el agujero de la sala. 
- Dios mío, qué frío -musitó la joven arrebujándose en el abrigo. Se dio cuenta entonces de la presencia de Ron- hola, Ron, qué coincidencia. 
- Hola -murmuró sintiendo como su corazón se aceleraba al verla, recordando lo que estaba pensando momentos antes. 
- ¿Qué haces aquí? 
- Un descanso -se le ocurrió responder- un pequeño descanso antes de ir a clase. 
- Eso está bien -se sentó con él y apoyó la cabeza en su hombro- cada vez hace mas frío, parece mentira que nos estemos acercando a Noviembre ya. 
- Es cierto 
- ¿Te has enterado que los EXTASIS serán tres días antes que el Baile de Otoño? -se separó un momento para mirarlo. 
- ¿Qué me dices? 
- Lo que oyes. Han anunciado que el baile será el 1 de Noviembre.  
- Entonces los exámenes serán el 29 de Octubre -hizo una mueca de disgusto. 
- Has estudiado ¿no? 
- No... -murmuró- mucho no 
- Ron, sabes lo importante que son los EXTASIS. Si no los apruebas, repetirás curso y no podrás graduarte. 
- Ya, ya lo sé. Tengo muchas cosas en la cabeza -apoyó los codos en sus rodillas y se pasó las manos por el rostro. 
- Déjame adivinar: ¿Hermione? -lo observó arqueando las cejas. El cuerpo de Ron se tensó repentinamente- ¿aún estáis peleados? 
- Créeme... no es tan fácil como parece. 
- Porque tú lo complicas mas de lo que debes. Es tu novia y tú no eres capaz de disculparte por una tontería. 
- ¡Si fuera una tontería, no nos habríamos enfadado! -exclamó en un tono seco y firme, conteniéndose a duras penas. Ginny echó el cuerpo hacia atrás sorprendida por su tono, no era habitual verlo así de enfadado, algo le pasaba... 
- Ron... ha pasado algo mas, ¿cierto? 
- Estoy cansado, Ginny -musitó con un suspiro. Era incapaz de contarle nada, solo empeoraría las cosas- ¿qué te parece si damos una vuelta? 
- Ahora tienes clase 
- Me refiero después, no te importará dar una vuelta con tu hermano, ¿verdad? 
- No, en absoluto 
- Bien -medio sonrió y alzó una mano para acariciar su pelo- ven aquí-. La atrajo con suavidad hacia su pecho para abrazarla y ella no opuso resistencia.
- ¿Ron? -murmuró ella tras un pequeño silencio 
- ¿Mmm? 
- ¿Seguro que estás bien? 
- Si, no te preocupes. Se me pasará -besó su pelo y volvió a suspirar- te quiero, hermanita, te quiero muchísimo... 
- Y yo también a ti, Ron -respondió la joven, percibiendo que algo malo ocurría y que él no se lo quería contar por miedo a hacerle daño. No era tonta, solo que a veces saber la verdad dolía mas que cualquier hechizo mortal. 
- Bueno... -dijo después de un rato- será mejor que vaya a clase ya 
- Si, mejor. 
- Nos vemos después 
- Claro -le sonrió con cariño. Pronto se quedó sola en la sala y se permitió el lujo de pensar un poco en el día que había pasado hoy: aquel encuentro furtivo con ese chico del pasillo, Kylan Brown, le había sorprendido tanto verlo aquella mañana tan temprana por los alrededores de la escuela, no fue la mejor bienvenida pero su carácter surgió de repente al acordarse del suceso del partido y no había podido evitar reaccionar mal con él. Ella era así cuando tocaban a alguien que le importaba de verdad, se ponía a la defensiva y sacaba las garras ante tales circunstancias, lo mismo le pasaba a su amiga Hermione. Ambas poseían ese espíritu luchador, como si fueran leonas al ser amenazadas con las vidas de sus seres queridos. Quería muchísimo a Harry y no permitiría que le pasara nada... aún cuando percibiera que aquella atracción que habían experimentado ya no existiera. Si, quizás era un poco ilusa como para creerlo pero ya llevaba tiempo sospechando que Harry ya no tenia interés por ella, ya no la miraba como antes con esa ternura y ese cariño, ni la besaba o acariciaba ni pasaba tiempo con ella. <<Harry te quiere pero como una amiga solamente. Ha perdido el interés por ti pero te aprecia tanto que no quiere hacerte daño>>; <<Ese chico está siendo cruel contigo. No deberías seguir con él, hay chicos mejores. ¿Qué esperabas? ¡es Harry Potter!>>; <<No le hagas caso. Deberías de comprobar si es cierto que el corazón de Harry ya no te pertenece, tienes una última oportunidad para averiguarlo así estarás segura y no sufrirás tan drásticamente. Sé cautelosa, tú eres fuerte>>; <<Yo no perdería el tiempo con eso. Búscalo y preguntaselo directamente a la cara, seguro que no es capaz de decirte la verdad...>>. Si sus sospechas eran ciertas... desvió la mirada controlando el repentino temblor que experimentó y tragó saliva lentamente, su corazón saldría perjudicado pero... pero lo entendería, si... por primera vez lo entendería. 


Un poco más tarde del almuerzo, Harry salió por fin de la enfermería tras la respuesta de la directora McGonagall. Le dio las gracias a Irene por todo, guardó la pomada que le entregó en su túnica y se marchó. Eran las tres menos cuarto, esperaba llegar pronto para comer, tenia hambre. Se dirigió al nuevo comedor en el sexto piso a buen paso, deseando ver a sus amigos. Mientras tanto, todo el alumnado estaba reunido en el almuerzo, unos estaban por terminar y otros ya habían acabado pero seguían hablando entre ellos. En la mesa Gryffindor, la tensión era palpable entre Ron y Hermione que, gracias al hueco del asiento de Harry, estaban separados a una prudente distancia pero no se miraban, cada uno estaba concentrado en su plato y el resto, Neville y Ginny eran espectadores de aquel ambiente tan cargado.  
- Chicos, mirad quién acaba de entrar -avisó entonces Neville al alzar la vista y observar la entrada. Todos imitaron su gesto y desde la entrada, se apreció la figura de Harry que los buscaba con la mirada. La expresión de Hermione cambió por completo al verlo olvidándose de sus problemas con Ron, dejó los cubiertos y se levantó de la mesa para ir a recibirlo. Ron apretó la mandíbula sin que los demás se percataran de ese gesto y Ginny intentó ocultar un suspiro de tristeza, bebiendo un sorbo del jugo de su vaso. 
- ¡Harry! -lo llamó la castaña. Harry giró el rostro hacia la voz de su amada y sonrió radiante. Abrió los brazos y la recibió con una desmesurada alegría, realizando una vuelta rápida. Hermione rió contenta y se sujetó a su cuello para no resbalar aunque dudaba de que él la soltara. 
- ¡Cuánto me alegro de verte, Hermione! -dijo el muchacho cuando la dejó en el suelo. 
- Y yo también. Ya te dieron el alta, es fantástico 
- Si, ya tenia ganas -admitió sin borrar su sonrisa- pero tengo mucha hambre, espero no haber llegado tarde. 
- Aún estamos comiendo -lo tranquilizó y luego se fijó en su brazo- ¿está recuperado por completo? 
- Después te lo enseño. ¿Vamos? -le cedió el paso cortésmente y ella sonrió mientras lo guiaba a la mesa con los chicos. 
- Hola, Harry -lo saludó Neville entusiasmado- me alegra verte recuperado, nos diste un buen susto a todos 
- Lo sé, pero ya estoy muy bien 
- Parece que te han tratado bien en la enfermería -se atrevió a comentar Ginny en un débil susurro. 
- Si -le sonrió suavemente- la enfermera fue muy amable y considerada. ¿Y tú, Ron? ¿no te alegras de verme? 
- Claro que si -forzó la sonrisa y palmeó su espalda suavemente- me alegra que estés entre nosotros de nuevo, se te echaba en falta. 
- ¿Hiciste lo que te pedí cuando me visitaste? 
- Lo cierto es que no... -confesó en un murmullo, fingiendo inocencia- he tenido otras cosas en mente como para hablar con los chicos. 
- ¿Y qué nos iba a decir? -se interesó Neville. 
- Cuando terminemos de comer, lo hablamos tranquilamente. Después del almuerzo mientras paseaban por los pasillos y subían las escaleras de la escuela, Harry les contó lo mismo que Ron le había comentado referente a Christian y a sus capacidades y todos estuvieron de acuerdo que ese tema era extraño y debía ser investigado. Hermione fue la más interesada, era la cerebrito del grupo y era una excelente investigadora en cuanto a acontecimientos anormales se tratase, por lo que acordaron quedar a la noche en la biblioteca para entrar en la Sección Prohibida. El resto del día, lo pasaron juntos incluida Luna que se unió al grupo en cuanto tuvo la oportunidad, Harry pensaba recuperar los cinco días que había perdido en la enfermería y se puso al tanto de muchas cosas, como el castigo impuesto a Christian y las fechas de los exámenes y del Baile de Otoño. A la noche, antes de irse a dormir, Ginny le pidió a Harry si tenia un momento para ella. 
- Antes que nada, me alegra que estés tan bien. Se te ve muy contento. 
- Estoy muy contento, he pasado un día estupendo con vosotros. 
- ¿Y el brazo? ¿puedo verlo? 
- Supongo que si... -se remangó la túnica y las cicatrices quedaron a la vista de ella. 
- Son... horribles -murmuró con desagrado. 
- Suelen decir que las cicatrices reflejan heroicidad pero... es bastante relativo -dejó caer la tela para cubrirlo de nuevo- lo sé por experiencia. 
- Si, lo sé, lo sabemos -añadió con una media sonrisa. 
- ¿Qué querías decirme? 
- Me gustaría prepararte una sorpresa mañana por la noche, antes de la cena 
- ¿Una sorpresa? ¿por qué? 
- Es una bienvenida por tu regreso, puedes mirarlo de esa forma -se encogió de hombros sin darle mucha importancia. 
- Mmm... si, supongo que no hay problema. 
- Entonces ¿quedamos mañana en la sala común a las siete y media? 
- Allí estaré -le prometió. 
- Bien -se irguió un poco y besó su mejilla. Ella era alta pero en los últimos meses, él había aumentado de altura- te deseo buenas noches, Harry. 
- Igualmente para ti, Ginny -le dijo con fraternal cariño. Ella sonrió suavemente y se retiró al dormitorio de las chicas. 


Al día siguiente, la lluvia hizo acto de presencia aquella mañana por lo que fue imposible salir al exterior en todo el día. Era el día perfecto para quedarse encerrado en los cuartos, en las salas comunes con la chimenea encendida o en la biblioteca, estudiando y absorbiendo el máximo calor posible. Muchos alumnos hacían muecas de disgusto, se quejaban o pegaban algún brinco cuando la lluvia se aproximaba mucho a los pasillos cercanos al exterior o golpeaban las cristaleras; sin embargo para Ginny, aquel mañana era excelente, le encantaba la lluvia y como de costumbre, en el primer piso, se apoyó en una columna a contemplar como las gotas de lluvia adornaban aquel precioso día de otoño, proporcionando vida a la naturaleza. Sus manos se escondían en el bolsillo de su anorak debido a la humedad y sus pies se refugiaban en unas cómodas botas. Una diminuta gota se dejó caer lentamente justo delante de su pie izquierdo, siendo perseguida por su mirada y al reposar en el suelo, otro pie que no era el suyo estaba a su lado. Alzó la vista lentamente perfilando sus playeras, sus vaqueros beige y una fina camiseta de manga larga azul oscuro con el escudo de Slytherin en su hombro izquierdo, hasta llegar a su rostro, ese rostro que se acercaba mas a la perfección que a la normalidad. 
- Bonito día, ¿verdad? -susurró esbozando una media sonrisa. 
- ¿Quieres que me siga creyendo que no me sigues a todas partes? -inquirió la joven con calma, volviendo la vista hacia la lluvia. 
- Creo que eres lo suficientemente inteligente como para saber que eso no es cierto 
- Si fuera inteligente, no estaría hablando contigo ahora -repuso. 
- Puede que si... o puede que no. Depende de los pros y los contras que puedas encontrar. 
- Hay muchos contras 
- Porque no conoces los pros y tampoco estás interesada en conocerlos. 
- ¿En qué me beneficiaria? 
- Eso tendrás que descubrirlo tú misma 
- ¿Y si no quisiera? 
- ¿Te he comentado que se me da muy bien leer las expresiones corporales? -le informó con una risita.
- ¿Qué quieres decir con eso? 
- Que mientes -respondió muy seguro de si mismo- nunca te has atrevido a conocer a un Slytherin de verdad y ahora que tienes la oportunidad porque yo te la he ofrecido, no estás tan segura. 
- ¿Intentas persuadirme? -lo miró entonces con detenimiento. Estaba apoyado en la columna contigua a la de ella, con naturalidad y mirándola en todo momento. No podía negar que era un chico cuya belleza era imposible que pasara desapercibida. 
- Intento hacerte ver la realidad -esbozó una suave sonrisa. 
- La realidad es que eres un Slytherin y que por lo tanto, me transmites desconfianza y repulsión. 
- ¿De verdad te transmito desconfianza y repulsión? porque si eso fuera cierto, a mi me pasaría igual. Se supone que somos eternos rivales -razonó con soltura. 
- ¿Y no te ocurre? -quiso saber. Él negó con la cabeza sin dejar de sonreír- no lo entiendo... 
- Ya te lo he dicho. No soy quién crees que soy y te dejas engañar por las apariencias. Sólo con ver este escudo... -le mostró el parche en su ropa- saltas a la defensiva. 
- No tienes ni idea de todo lo que nos han hecho... 
- Si que lo sé... -murmuró- y no me gusta nada... 
- Sigo sin entender. ¿Qué pintas tú en todo esto? 
- Esa... es una buena pregunta -murmuró con tristeza. Hubo un breve silencio entre los dos, contemplando juntos ese hermoso retrato húmedo y cristalino. Su susurro rompió ese silencio- a mi también me encanta la lluvia. 
- A mucha gente le transmite melancolía y desasosiego pero... a mi me ofrece mucha paz. 
- Te ayuda a reflexionar, ¿quizás? -la observó con cierta ternura. 
- Mucho... -esbozó una media sonrisa y desvió su atención hacia él nuevamente. Los ojos azules de Kylan se cruzaron con los ojos castaños de Ginny. ¿Qué podría perder si le daba la oportunidad de conocerlo? quizás se llevaría una sorpresa, tal vez era buen chico después de todo. Su corazón dio un vuelco ante esa idea, Kylan parecía esconder muchos secretos pero al mismo tiempo podía ser ese tipo de persona que escuchaba a los demás y analizaba cada situación, por muy complicada que se pusieran las cosas. La cercanía de la voz de su hermano la alertó y rompió el contacto visual. 
- ¿Pasa algo? 
- Creo que deberías irte, mi hermano está llegando 
- ¿Ronald Weasley? 
- Si. Odia a los Slytherin y si me ve contigo, armará un escándalo -le explicó. 
- Hermano mayor protector -asintió comprendiendo- de acuerdo.  Haré lo que me dices. 
- Vete, venga. 
- ¿Pensarás mi propuesta? -insistió un poco más separándose de la columna. 
- Si... -murmuró ella tras unos segundos- y ahora vete 
- Dame tu mano -le pidió a última instancia. Desconcertada, obedeció y con suma delicadeza, Kylan la aceptó y besó sus nudillos mirándola fijamente a los ojos- en otra ocasión será, Ginny. 
Su delicada y gentil acción unido a la calidez de su mano y el contacto de sus suaves labios provocó que su corazón latiera sin que ella pudiera hacer algo para controlarlo y dejó escapar el aire en un entrecortado suspiro. Kylan ya se había ido cuando Ron llegó. 
- Ginny, te estaba buscando -la saludó y la miró extrañado al notar su estado- ¿estás bien? ¿ocurre algo? 
- No, no... estaba contemplando el paisaje -sonrió un poco nerviosa- ya sabes que me gusta la lluvia. 
- Claro, claro. 
- ¿Para qué me querías? 
- Bueno, yo... -suspiró largamente- necesito que me ayudes a disculparme con Hermione, es que no puedo... 
- ¿Y en qué puedo ayudarte? 
- No sé, tú eres más romántica que yo, tienes más tacto, las mujeres sois así. A mi no se me ocurre -masajeó su nuca, avergonzado y nervioso y Ginny suspiró largamente. Su hermano siempre había tenido problemas para disculparse, no era propio de su persona, tendía mucho a echarle la culpa a los demás y verlo desesperado por arreglar las cosas con Hermione, no podía decirle que no. 
- Está bien -dijo finalmente- veremos que podemos hacer para que Hermione olvide lo que ha pasado. 
- Gracias, Ginny, te lo agradezco enormemente -la abrazó efusivamente, mostrando su estado de ánimo. 
- Todo depende del esfuerzo que pongas, así que ya sabes 
- Haré lo que pueda -le prometió. 
- Bien, ahora te quiero ver estudiando. 
- ¿Ahora? 
- ¡Ahora! -enfatizó con firmeza- es importante que apruebes. 
- Vale -resopló con desgana. 
- Después me lo agradecerás, y más a Hermione. 


Por la noche, a la hora indicada, Harry se presentó en la sala común de Gryffindor para verse con Ginny. Su cabeza no había parado de dar vueltas sobre qué podría estar tramando la joven Weasley con todo esto, ¿qué tendría en mente? ¿y de qué trataría la sorpresa?. Debido al frío, vestía con la indumentaria de invierno de la casa, esperaba que a Ginny se le hubiera ocurrido encender la chimenea; llegó al retrato de la Señora Gorda, respondió a la contraseña y se introdujo por el agujero. Se quedó boquiabierto al ver la sala: todos los sillones estaban colocados ordenadamente y sólo uno para dos personas estaba frente a la chimenea, que estaba encendida y las llamas acariciaban la madera, una mesa ovalada dividía la distancia entre el sillón y la chimenea y sobre ella reposaba una bandeja de plata con unos canapés y dos copas con jugo de manzana y toda la sala estaba decorada con velas perfumadas que despedían un suave olor a lavanda. En el otro lado, estaba Ginny en actitud paciente y tranquila, vestida con el uniforme de Gryffindor pero se había arreglado un poco el pelo y sus labios estaban suavemente pintados con un brillo. 
- Has llegado -susurró la joven, rompiendo el silencio tras unos segundos dejando que Harry apreciara la estancia. 
- ¿Lo has hecho tú? -pudo decir realmente sorprendido. 
- Si. He cambiado un poco la estructura para que sea más acogedor  
- Te ha quedado muy bien -la observó entonces mientras se acercaba. Uno tenia que ser muy tonto para no apreciar lo hermosa que era Ginny Weasley y él no era uno de ellos, ante todo era objetivo y Ginny era una mujer hermosa. 
- Me alegra que te guste -se acercó a él acortando distancias hasta quedar frente a frente. Se ayudó de sus hombros para llegar a su mejilla y depositó un suave beso. Harry respiró lentamente ante su cercanía. 
- ¿Puedo hacerte una pregunta? 
- La que quieras 
- ¿Por qué has organizado todo esto? 
- Bueno... creí que seria una buena idea para pasar un tiempo juntos antes de la cena. Últimamente no pasamos ese tiempo, ¿no crees? -acarició su pelo mirándolo a los ojos. Estaba nerviosa pero estaba decidida a proseguir con ese experimento, quería comprobar si eran ciertas sus sospechas. 
- Si... -murmuró tragando saliva. ¿Qué podía decir en esas circunstancias? todavía seguía siendo su pareja hasta que no le dijera la verdad, pero ¿cómo hacerlo?- si, es buena idea. ¿Cómo no se me había ocurrido? 
- Normalmente nosotras tenemos ese facilidad -lo tranquilizó con una tierna sonrisa- ven, sentémonos un rato-. Tomaron asiento en el sillón, el calor que desprendía la chimenea se agradeció debido a la humedad y el frío de aquel día de lluvia. 
- ¿Son canapés? 
- Si, los he hecho yo misma. Espero que te gusten. 
- Tienes buenas dotes culinarias, seguro que si 
- Gracias. Sólo es un aperitivo antes de cenar -le sonrió y se inclinó para alcanzar uno. Se lo ofreció- prueba 
- A ver... -lo tomó con cuidado y le dio un suave mordisco. Lo saboreó- mmm, son de pescado y marisco. 
- ¿Te gusta? -sonrió ampliamente. 
- Mucho -admitió terminándoselo de un último bocado. 
- Me alegro -cogió uno para ella y también lo mordió. La velada empezaba con buen pie por el momento. Disfrutaron de los canapés, de la bebida, del calor de la chimenea y hablaron mucho. Ella apoyó la cabeza en su hombro para comprobar su reacción y él no la rechazó pero por dentro, se sentía terriblemente mal. La velada era magnifica y le gustaba estar con Ginny, sin embargo presentía que ella ocultaba algo en aquella situación tan cómoda y agradable. 
- ¿Harry? -lo llamó ella en un susurro. 
- ¿Si? 
- Me ha gustado mucho estar aquí contigo, ¿y a ti? 
- Si, Ginny. Es muy agradable tu compañía 
- Me alegra saberlo... -murmuró la joven sintiéndose un poco decepcionada con su respuesta. <<Es muy agradable tu compañía>>, no era exactamente la respuesta que esperaba. Su comportamiento había sido cariñoso y atento pero no como pensaba que seria siendo su pareja. Sólo le faltaba recurrir a un último recurso... Se separó suavemente de su hombro y buscó su mirada hasta encontrarla. Alzó una mano y alcanzó su rostro en una suave caricia, dibujando la linea de su mandíbula. Harry se incorporó mejor, un poco desconcertado por su actitud y su caricia lo puso nervioso. 
- ¿Pasa algo, Ginny? -se atrevió a preguntar con miedo a saber la respuesta. La joven tragó saliva lentamente, sintiéndose muy nerviosa e insegura en ese momento. <<Vamos, tú puedes hacerlo>>
- ¿Puedo... puedo pedirte algo? -pudo responder 
- ¿Que?...-susurró sintiendo que su pecho se agitaba por su respiración. No le gustaba lo que veía en sus ojos. 
- Bésame... -susurró débilmente en el transcurso de cuatro segundos exactos- bésame, Harry. El tiempo pareció detenerse para Harry al oír su petición. <<Bésame>>, ¿besarla? ¿quería que la besara? ¿para qué? ¿para que supiera por si misma que ya no la quería, que ya su corazón no le pertenecía? ¿quería que sufriera?, no podía hacerlo... 
- Ginny... 
- Por favor... -le cortó ella buscando su nuca- por favor... 
El rostro de Harry se ensombreció, reflejando una profunda tristeza. Ahora entendía todo, la velada, su preparación, lo bien vestida que iba, quería saber la verdad, Ginny quería la verdad, sabia que a la joven Weasley no le gustaban las mentiras y puede que ya hubiera llegado a su limite. Extendió su mano, acunando su pálido rostro y sin dejar de mirarla a los ojos, se inclinó hacia ella. Sus labios se encontraron, primero en un suave y delicado roce pero debido a la presión en su nuca por los dedos de Ginny, el beso se convirtió en uno intenso y prolongado. Todo su cuerpo reaccionó de inmediato cuando lo besó, manifestando su amor por él y se entregó por completo al beso, acurrucándose más en los brazos de Harry. Éste, en cambio, no podía odiarse mas a si mismo porque había sobrepasado el limite, no sentía nada pero el cariño y el aprecio que sentía por ella no tenia parangón y su corazón ahora latía frenético sólo por la crueldad de aquella situación que los destrozaría a ambos, en especial a Ginny. El beso terminó mucho antes de lo que él se pensó y no fue capaz de alzar la vista para encontrarse con su sufrimiento. Un incómodo silencio se presentó en la estancia roto por las respiraciones agitadas de ambos jóvenes. Ninguno pronunció palabra pero el tiempo seguía corriendo y los nervios empezaban a gobernar al pobre Harry, Ginny ya debería haberle echado de la sala, gritado, insultado, le habría dicho de todo menos bonito y sin embargo, el silencio aún reinaba. 
- Ginny... -susurró muy débilmente- por favor... dime algo. No hubo respuesta, su mirada seguía sin levantarse incapaz de soportar ver el odio en su mirada. Entonces Ginny habló: 
- ¿Hasta cuándo pensabas ocultarmelo? -murmuró con una templanza impropio en ese tipo de situaciones. 
- Lo siento.... yo.... lo siento... -pudo decir. 
- Mirame, Harry 
- No puedo...sé que me odias, no puedo... 
- No te odio -repuso ella sin alterarse. En ese momento, Harry no pudo más y alzó la mirada para encontrarse el rostro de Ginny frente a él con las manos entrelazadas en su regazo y una triste sonrisa en el rostro. En sus ojos no había odio ni rencor, había comprensión. 
- No lo entiendo, deberías... 
- ¿Odiarte?, te quiero demasiado para eso, Harry 
- Tú ya lo sabías 
- Del todo no, pero lo sospechaba. 
- No sabes cuánto lo siento, Ginny... no sabes cuánto 
- Realmente quien lo siente soy yo -reconoció sin problemas- debía haberlo visto venir. 
- Tú no tienes la culpa. 
- Mi timidez y yo no somos grandes amigas. Si en ese entonces, hubiera intentado atraer tu atención, ahora no estaríamos en esta situación. Ni tampoco habría cometido la estupidez de liarme con Dean. 
- Por favor... -le rogó- no te eches la culpa de esto porque no la tienes, Ginny. Eres una gran mujer. 
- Pero quizás no esté a tu altura, Harry -lo miró, melancólica- todos lo sabían, menos yo. 
- No deberías hacer caso de la gente, yo no soy un héroe. 
- Por desgracia, la gente no piensa lo mismo que tú y por lo tanto te tienen en un estatus bastante alto. 
- Eres tan heroína como yo o más 
- Gracias -repuso para que no siguiera por esa linea- pero créeme que lo entiendo. 
- ¿Qué entiendes? 
- Hermione -respondió entonces como si fuera obvio. Al oír su nombre, el corazón de Harry volvió a agitarse en su interior, agotado por las emociones recibidas. 
- ¿Cómo sabes...? 
- Vamos, Harry, ¿me tomas por tonta? está muy claro -intentó sonreír pero parecía mas una mueca de tristeza- Hermione es perfecta y ni siquiera tú eres capaz de decir lo contrario. Y lo siento mucho por mi hermano... pero desde el principio siempre he pensado que Hermione y tú acabaríais juntos. 
- No puedes estar hablando en serio, Ginny -susurró sin poder dejar de observar cada reacción de su rostro, estupefacto- por dios, ¿te has dado cuenta de que te he engañado y hablas tan tranquila? 
- Supongo que estoy acostumbrada a burlar a la decepción. Y no me has engañado, Harry, simplemente tu corazón pertenece a otra mujer. Si hubieras sido otro, te habrías marchado corriendo con Hermione sin tener en cuenta las consecuencias. Has aguantado todos estos meses, incluso mucho antes de la lucha con Voldemort, lo que sientes por ella sólo para que Ron y yo no saliéramos perjudicados. ¿Es o no es?-. 
Harry no salía de su asombro. La madurez de Ginny lo golpeaba una y otra vez con increíble sinceridad, templanza y carácter, cualidades que pocas mujeres poseían a su edad. 
- Y ahora... ¿se lo vas a decir a Ron? -se le ocurrió preguntar. 
- No... eso tendrás que hacerlo tú mismo, Harry -tomó su mano suavemente y lo miró con cariño- sé que no te esperabas que reaccionara de esta manera y es de lo más comprensible. Pero no quiero que te preocupes por mi, saldré de ésta yo sola como siempre he hecho. Y espero que Hermione y tú estéis juntos, a pesar de que mi hermano sea novio de ella. Te lo deseo de corazón. 
- Gracias, Ginny. Y quiero que sepas que te quiero muchísimo y que si me necesitas para algo, siempre puedes contar conmigo.  Lamento todo esto... -murmuró con la culpabilidad palpitando en sus sienes. 
- Yo también lo lamento. Muchísimo además -admitió con una media sonrisa. Besó su frente- anda, puedes irte. Yo me quedaré aquí un rato. 
- ¿Estás segura? 
- Completamente
- Está bien -suspiró, negándose a dejarla sola. Se soltó de su mano, levantándose del sillón y abandonó la sala. Ginny vio como se iba y justo cuando el retrato se cerró, el fuego de las llamas se reflejó en su entristecida mirada. Una delicada y solitaria lágrima se deslizó por sus ojos, precipitándose hacia el suelo...