miércoles, 27 de febrero de 2013

El mal resurge




CAPITULO XI

El mal resurge





Fluidos ríos de sangre se deslizaron silenciosos, brotando sin descanso del enorme cuerpo del licántropo herido por el hechizo de Harry. De entre los arboles, cinco licántropos surgieron de la oscuridad, aproximándose a su compañero que con cada gota de sangre derramada, su vida se apagaba más y más. El hombre-lobo blanco se adelantó unos pasos y contempló con gran pesar aquella pérdida, intercambiaron varias miradas entre ellos y dos licántropos se acercaron al cuerpo para levantarlo. Casi de inmediato, se alejaron de aquella escena y desaparecieron en la penumbra de la noche a una velocidad increíble entre jadeos y gruñidos, y los aullidos del resto de la manada inundaron el Bosque Prohibido. Penetraron en lo más profundo de la maleza, tanto que los rayos de la luna se debilitaron  hasta convertirse en finos hilos de plata colándose tímidamente entre los tupidos arboles. De repente, algo parecido a una estampida estalló cerca del perímetro donde los licántropos corrían y pronto unos cascos resonaron, interrumpiendo la marcha de los intrusos. Los centauros no solían ser territoriales donde se asentaban pero cuando tenían por costumbre tomarse un buen vino en grupo por la noche, eran las criaturas más irracionales del planeta, transformando su pacifico y social carácter en impulsivos actos de agresividad. Algunas flechas y lanzas cortaron el aire en dirección a los hombres-lobos y con un gruñido, éstos las esquivaron y defendieron a sus compañeros que transportaban al licántropo muerto. Dos hombres-lobos se abalanzaron a los primeros centauros que galopaban hacia ellos, con tanto ímpetu que ambas criaturas colisionaron bruscamente y perdieron el equilibrio entre garras, colmillos, coces y brazos fuertes.
<<Reanudad la marcha, vamos>>, ordenó el hombre-lobo blanco, derribando de un zarpazo al abdomen a un centauro. Cubrieron la retaguardia de la carga de su compañero muerto y entre rugidos, colisiones, zarpazos, mordiscos y desangramientos, consiguieron que los centauros retrocedieran y así poder escapar, airosos de aquella emboscada.

Llegaron por fin a su destino. Los escombros de unas antiguas ruinas ocultaban la guarida de los hombres-lobos que constaba de una enorme cueva que parecía la forma de una tienda de campaña hecha de piedra; más licántropos los recibieron, dejándoles entrar en el gran boquete y la cueva se los tragó. El interior era tan amplio como de largos eran los pasillos de piedra, antorchas colgaban de las paredes para que la visión fuera lo suficientemente cómoda para los recién llegados mientras la manada los observaba llegar con una expresión de tristeza y ferocidad, contemplando como transportaban al compañero muerto. Un enorme licántropo de color gris humo apareció en algo similar a un cruce dentro de la propia cueva y soltó un bufido ante los visitantes. Miró al licántropo blanco fijamente.
<<¿Qué ha pasado?>> 
<<Un contratiempo innecesario>> 
<<Esto no debería haber pasado, Él se mosqueará>>
<<No precipites las cosas, tenemos lo que nos ha pedido>>
<< ¿Dónde está?>>
<<Lo tiene él>> -señaló con la cabeza al licántropo que mandaron que hiciera el papel de ladrón en la escuela.
<<Perfecto, seguidme. Vosotros dejad el cuerpo en un habitáculo vacío>> -ordenó a los encargados de la carga del licántropo. Éstos asintieron obedientes. El resto siguió al licántropo gris, desviándose hacia la derecha. Como si fuera el cuello de una botella, conforme avanzaban, el pasillo se fue anchando poco a poco hasta que se transformó en una gran bóveda de piedra llena de humedad. Al fondo de la sala, envuelto en la oscuridad, se alzaba un trono hecho de hierro y acero y una gran sombra reposaba cómodamente en él, ni siquiera las antorchas eran capaces de arrojar un poco de luz hacia la bestia que portaba ese trono. El licántropo gris y el licántropo blanco se dividieron, creando un circulo de reverencia ante su señor y pronto todos los licántropos de la manada se inclinaban delante de él, acuclillándose con los nudillos de las patas traseras y apoyándose en las patas delanteras derechas al mismo tiempo que sus frentes susurraban el suelo y las garras de sus patas delanteras izquierdas les servían de apoyo.
<<Mi señor>> -susurró con absoluto temor y respeto el licántropo gris. Un profundo gruñido resonó en la estancia, proveniente del trono y el pelaje de los presentes se erizó por completo.
<<Habéis tardado más de lo que pensaba>> -musitó con voz profunda, ronca y grave, revelando la potencia y la fuerza que irradiaba.
<<Lo lamentamos, mi señor, han habido ciertas dificultades>>
<<Eso no me basta. ¿Acaso es mucho pedir discreción, mi querido Christian?>> -gruñó con fría amabilidad.
<<Mi señor... >>
<<Dos pérdidas en una noche es algo inusual, ¿puedes entender eso? no es propio del liderazgo que te he otorgado>>
<<Todo iba bien hasta que se presentó ella, mi señor>> -logró decir por fin. En ningún momento, se había erguido de su postura, en señal de lo inferior y desgraciado que era ante los ojos de su señor, de su Macho Alfa al igual que el resto. Al oír esas palabras, un rugido brotó desde lo más profundo de su garganta, un rugido que contenía ira, frustración y auténtico odio que provocó que las paredes de la sala temblaran de las ondas producidas por tal estruendo. Sus súbditos se aferraron al suelo, aún arrodillados ante él y temblaron de pies a cabeza como perros empapados de lluvia helada hasta los huesos.
Más de treinta años habían pasado desde su primer encuentro, ese encuentro que podía haber sido victorioso para él pero que gracias a ella, fue todo lo contrario. Minerva McGonagall, la mejor hechicera que había conocido en toda su vida y la única con el coraje suficiente como para enfrentarlo y derrotarlo, nunca olvidaría a esa joven hechicera y ahora después de tantos años, saber que aún seguía viva y que estaba en Hogwarts, su corazón latía a toda velocidad, precipitándose a su tan ansiada venganza.
<<Así que ella está en Hogwarts, ¿no es cierto, mi fiel y leal Christian?>> -murmuró en un suave y lento gorgojeo, deliberadamente lento como si las temibles y delicadas caricias de la amenaza estuvieran penetrando dolorosamente en la piel de su siervo.
<<Si, mi señor>> -tragó saliva silenciosamente.
<<Bien. ¿Me habéis traído lo que os pedi?>> 
<<Lo tengo yo, mi señor>> -respondió el ladrón, interviniendo suavemente en la conversación.
<<Kylan -lo llamó y el licántropo blanco entendió sin necesidad de palabras. Su compañero le entregó el pergamino a su superior y éste lo sostuvo con gran delicadeza entre sus garras- entrégamelo>>
Kylan obedeció sin rechistar y aproximándose con prudencia y temor hacia su señor, volvió a arrodillarse con las palmas extendidas y el pergamino reposando entre ellas y se lo ofreció con diligencia. El Macho Alfa se movió en la oscuridad y a la nítida y débil luz de las antorchas se apreciaron unas garras tan descomunales que doblaban en tamaño y longitud a las garras de Kylan y su pata era oscura de un intenso negro azabache, acogió con mucha delicadeza y mimo el material del pergamino como si fuera el objeto más preciado y frágil del mundo y las sombras se tragaron el pergamino en cuestión de segundos.
<<Por fin el pergamino es vuestro, mi señor. Lo que más ansiábais está en vuestras garras>> -volvió a hablar Christian.
<<Si, así es. Pero esto es solo el principio, aún queda mucho por hacer>>
<<Estamos dispuestos a serviros en lo que haga falta, mi señor>>
<<Esta noche es suficiente. Habéis hecho un buen trabajo, un gran trabajo. Sin embargo, debéis volver cuanto antes a la escuela, vuestra ausencia puede ser motivo de sospecha y no podemos tolerar eso>>
<<Por supuesto. Nos iremos de inmediato>> 
<<Mantenedme informado de todo cuanto pase en esa escuela, abrid bien los ojos y prestad atención, es primordial saber qué hará McGonagall sabiendo que su querido pergamino ha sido robado>> 
Ambos licántropos asintieron y con una nueva reverencia, se dispusieron a abandonar la sala.
<<Otra cosa más -los detuvo un momento- ¿quién fue el responsable de esta última muerte?>>
<<Harry Potter, mi señor>> -respondió Kylan, adelantándose a Christian.
<<Bien... podéis marcharos ya>> -los despidió en un susurro pensativo.


Avanzando a gran velocidad, Kylan y Christian cruzaron el Bosque Prohibido, deslizándose con sigilo y agilidad entre los árboles y la maleza.
<<Ha sido una gran noche>> -comentó Christian en la mente de su amigo después de un largo silencio en medio de la carrera.
<<Define gran noche>> 
<<Espero que estés bromeando>>
<<Han muerto dos compañeros nuestros, Christian. No es algo por lo cual sentirme satisfecho>>
<<Oye... -detuvo su avance en una brusca sacudida al afianzar sus garras al suelo- hemos conseguido lo que el Macho Alfa quería, ¿sabes lo que eso significa?>>
<<Si, pero...>>
<<No, no lo sabes -gruñó mostrando los dientes- hemos soñado con esto durante años y nuestro señor décadas ¿y tú piensas en sentimentalismo? no te conozco...>>
<<Somos dos menos en la manada, habrá que agrandar aún mas el grupo>> -se excusó para obligarlo a cambiar de tema.
<<Por eso no te preocupes, Él tiene un plan. Nos esperan grandes momentos, amigo mio>> 
<<Eso espero... ¿vas a quedarte ahí parado o seguimos avanzando hasta la escuela como alumnos normales?>> -dramatizó cómicamente sin sentirlo realmente. Christian bufó divertidamente y reanudó la marcha, perseguido por Kylan. La impotente sombra del castillo no tardó en aparecer ante sus ojos y poco a poco, disminuyeron la velocidad con los sentidos alertas... pero no detectaron presencia alguna y eso era de gran ventaja para ellos. Sólo debían cruzar el vestíbulo y luego cambiar el rumbo hacia un edificio opuesto al Patio de Entrada donde se ubicaba la Entrada del Viaducto. Ocultos en la oscuridad e intentando que sus garras no chirriaran contra las baldosas, lograron colarse sin ser vistos y entraron en el viaducto. Una vez cerrada la puerta del edificio, un chasquido y un jadeo por parte de los dos rompió el silencio antes de que éste volviera a adueñarse del ambiente y en una esquina, dos pilas de ropa los esperaban de buen agrado.
- Esto está mucho mejor -admitió Kylan acomodandose la camisa.
- Vamos, aún tenemos que subir las escaleras -murmuró Christian en cabeza. Lo siguió sin rechistar y en el desvío al fondo de las escaleras, tomaron el de la izquierda en dirección a las mazmorras. Llegaron a la pared que los separaba de la sala común de Slytherin, Christian murmuró la contraseña y la estructura se abrió. Al bajar los escalones, Miles Bretchley los esperaba pacientemente en un sillón individual con los hombros inclinados y las manos apoyadas en sus rodillas pero al oír la pared y verlos, se incorporó.
- ¿Dónde diantres estabais? -inquirió en un susurro poco amigable- he estado a punto de avisar de vuestra ausencia.
- Cálmate, Miles, te veo estresado -respondió el rubio con despreocupación. 
- ¿Te hace gracia, Christian? 
- Salimos un momento para ir al baño eso es todo -intervino Kylan. 
- ¿Para ir al baño necesitáis dos horas? no me hagáis reír, ¿dónde estaba...? 
- ¡Christian! -exclamó la voz de Pansy, interrumpiendo a Miles.
- Hola, encanto -la saludó con una enigmática media sonrisa, recibiéndola de buen grado en un férreo y posesivo abrazo. Miles apretó la mandíbula, resignado y encogió los hombros, incómodo. 
- No sé que haces despierta, Pansy pero deberías estar en la cama ya
- Había quedado con él hacia un momento, ¿verdad, Christian? -lo miró con complicidad. 
- Claro... -aumentó un poco más la sonrisa. 
- No hay quien os entienda. Ya hablaremos mañana, esto no quedará así 
- Dale mi mas sentido pésame a tu cama cuando caigas sobre ella del mosqueo que tienes encima -le pidió Christian con fría cortesía. Miles gruñó mientras desaparecía por las escaleras que dirigían a la habitación de los chicos. 
- Bien, por fin se ha ido. ¿Todo bien? -los miró a ambos alternativamente. 
- Demasiado bien, has hecho un buen trabajo distrayendo a nuestro prefecto un ratito -la elogió Christian acariciando su espalda. 
- Ojalá hubiera hecho más por vosotros. Lástima que no haya podido acompañaros. 
- No te preocupes, cariño, nuestro señor tiene grandes planes para ti -la miró a los ojos con un matiz de brillo salvaje en sus pupilas- eso te lo aseguro.
- Haré lo que sea necesario, puedes contar conmigo -afirmó con absoluta lealtad hacia él y hacia el Macho Alfa. 
- Ésta es mi chica -la atrajó hacia si, buscando sus labios y Kylan ya había avanzado los pasos necesarios como para ver de reojo cómo la pareja se fundía en un beso apasionado. 


Una vez en el cuarto de los chicos, fue directamente a la ducha dada la urgencia de su poca higiene aquella noche. Todos los acontecimientos ocurridos bombardearon su cabeza, obligándose a apoyar las palmas de sus manos en los azulejos del baño mientras el chorro de agua limpiaba su cuerpo. Sólo una imagen pobló su mente en un fugaz recuerdo: Ginny. En su forma lobuna, contemplarla con sus amigos dispuesta a pelear fue el acto más valiente por su parte, y ¿cómo no ser valiente si ella participó en la Batalla Final de Hogwarts contra el Señor Tenebroso?, sin embargo, su ignorancia sobre los futuros planes de su señor era palpable, aún siendo parte de su circulo de confianza. Por lo menos, ya tenían en su poder lo que más había ansiado su señor: el pergamino, ¿qué contendría ese papel? ¿por qué era tan importante para él? seguramente Christian si lo sabia pero no había manera de entrar en su mente y averiguarlo, se sentía impotente pero confiaba en su amigo y esperaba que todo saliera bien y con el menor daño posible hacia personas inocentes. Sacudió la cabeza bruscamente: <<Tranquilo, Kylan, todo está en orden, tú sólo obedece, tienes una misión. No te andes por las ramas>>. Terminó de ducharse, se secó superficialmente debido a la alta temperatura de su cuerpo, cubrió su anatomía con ropa nueva y abrió la puerta. Se tendió en la cama con suavidad, todo el mundo dormía aunque Miles no lo estaba, podía escuchar perfectamente su pausada respiración y el ritmo un poco acelerado de su corazón, señal de que aún seguía molesto por el encuentro ocurrido momentos antes. Poco a poco, con lentitud, los lazos del sueño lo acariciaron sutilmente con la finalidad de seducirlo hacia un sueño agradable, profundo pero efímero hasta la mañana siguiente...









viernes, 22 de febrero de 2013

La mordida y el secreto del pergamino


CAPITULO X

La mordida y el secreto del pergamino





Todos los presentes voltearon sus cabezas, sobresaltados por semejante ruido y la directora McGonagall se incorporó en su asiento, inquieta. Dirigió una mirada inquisitiva al profesor Jeshua que entendió enseguida su petición. 

- No os alarméis, iremos a ver qué es lo que ha ocurrido. Quizás ha sido una fuerte ráfaga de viento -intentó tranquilizarlos. 
- Continuad con el baile -añadió la directora volviéndose a sentar sin ignorar el temblor que empezó a formarse en su cuerpo. El profesor Jeshua salió de la sala acompañado por dos profesores más. La música volvió a reanudarse tras unos tensos minutos. Horace se acercó a ella, un poco nervioso.
- ¿Te encuentras bien, McGonagall ? 
- Si… -murmuró- pero tengo un mal presentimiento. 
- Yo también lo siento -acordó con firmeza y ella observó a sus compañeros, vislumbrando la preocupación y la inquietud en sus ojos. Algo no iba bien…


El cuerpo de Kylan se tensó de repente aún con Ginny a su lado y Ron a unos metros de él y giró la cabeza hacia atrás, encontrándose con la severa y fría mirada de su amigo Christian. Tragó saliva, sabiendo perfectamente lo que pensaba, con un movimiento de cabeza Christian le indicó que se reuniera con él lo antes posible. 

- Tengo que irme… -susurró a Ginny sin mirarla.
- ¿A dónde? McGonagall ha dicho que nos quedemos aquí 
- Es importante -insistió y finalmente bajó la mirada e intentó esbozar una suave sonrisa- me ha encantado bailar contigo… 
- Será la ultima vez -intervino Ron con un gruñido sin perderse ni un detalle.
- ¡Ron! -lo riñó- ¡basta ya! te estás comportando como un… -medio terminó pero se vio interrumpida por un grito y una especie de rugido. Las chicas lanzaron una exclamación de asombro y ella se pegó instintivamente a Kylan. McGonagall se incorporó de nuevo, con los nervios a flor de piel y todo el profesorado imitó su movimiento. Harry, Hermione, Ron, Ginny, Neville y Luna se miraron detenidamente desde donde estaban, inquietos y sorprendidos por los acontecimientos y al levantar la mirada y cruzarse con la de la directora, supieron que debían hacer algo. De repente, Filch entró precipitadamente y a trompicones en el Gran Comedor, jadeando con dificultad. 
- Directora, han robado en su despacho, ¡alguien lo ha abierto! -soltó a bocajarro- es un atentado grave. 
- Eso es imposible -replicó McGonagall temiendo lo peor- imposible te digo…
- No, directora, lo he visto con mis propios ojos
- ¿Quién ha sido? -inquirió con voz potente y al instante, otro rugido perforó las paredes del Gran Comedor- mantened la calma, seréis llevados a vuestros dormitorios de inmediato-. 
Enseguida los alumnos se amontonaron, tremendamente nerviosos y los profesores dieron instrucciones estrictas de calma y quietud para poder hacerlo todo con orden. 
- ¡Directora! -la llamó Harry, golpeándose con los demás para llegar hasta ella.
- Sea lo que sea, señor Potter, la respuesta es no 
- Yo secundo la moción a la causa -replicó Hermione pisándole los talones.
- Estáis locos si pensáis que voy a dejaros ir a por esa… criatura -se le ocurrió decir.
- No es la primera vez, ¿no cree? vamos, McGonagall. Esto no puede quedar así. 
- Y no van solos -se acopló Ginny con Ron detrás suya
- Nosotros también nos apuntamos -exclamó Neville siendo perseguido por Luna también. En un momento, los seis amigos estaban reunidos frente a McGonagall mirándola con expectación. La directora suspiró largamente y tras unos minutos, cedió.
- Está bien, pero tened cuidado, es peligroso. 
- Con Hermione y Ginny es suficiente -se atrevió a bromear Neville.
- Bromas a parte, Longbottom. Todos juntos y volved lo antes posible.
Los chicos asintieron y salieron cuanto antes de la sala siendo absorbidos enseguida por la oscuridad del castillo. 
- Luna, ve tu delante. Si ese rugido proviene de algún animal, tú eres la mejor para rastrearlo -le pidió Harry mirando a la joven Ravenclaw.
- Vale -asintió comprendiendo y se posicionó en cabeza. Sacaron sus varitas y utilizaron el hechizo Lumos para arrojar un poco de luz a los pasillos y a las escaleras. 
- Hay que ir al segundo piso, se supone que esa cosa estuvo en el despacho de McGonagall -comentó Hermione, quitándose los tacones al igual que las otras chicas para poder caminar mejor aunque fuera descalza. 
- Por algún sitio hay que empezar, eso está claro -asintió Harry de acuerdo.
- Pues deprisa -replicó al mismo tiempo que subían las escaleras a toda velocidad. De repente, un silencio se adueñó del ambiente, obligándolos a parar de golpe con las varitas en tensión e instintivamente Harry sujetó con suavidad el brazo de Luna, protector. 
- Tranquilo -susurró muy bajito y se acuclilló entonces en el suelo y con ayuda de la varita, se apreciaron surcos de una considerable longitud. 
- Yo voy delante -se ofreció Ron al observar como Harry se posicionaba junto a ella para analizar esa marca.
- Te acompaño -discrepó Neville.
- Tened cuidado -musitó Ginny. 
- Luna… -murmuró el ojiverde 
- Estas marcas… -acarició la dura superficie ahora rasgada- son muy parecidas a las de tu brazo, Harry. 
- ¿Cómo lo sabes? 
- Son tres surcos y la del centro es más pronunciada que las otras dos. Sin duda alguna, son garras. 
Mientras tanto, Ron y Neville caminaban muy lentamente delante de los chicos con las varitas en alto, iluminando el próximo trecho del pasillo con deliberada precaución. Un sudor frío empezaba a acumularse en la frente del pelirrojo y una gota resbaló por su sien. 
- Ron… -susurró Neville, tenso y nervioso- no sé tú, pero esto no me gusta. 
- ¿Tú también lo sientes? 
- Hay algo… aquí… - asintió, tragando saliva- y muy cerca. 
- ¿Intensificamos la luz para…? -se vio cortado abruptamente cuando su pie derecho chocó con algo duro y blando a la vez.
- Ron -tartamudeó Neville, señalando en su dirección. El joven Weasley se viró y lo que vio, le dejó petrificado: era un cuerpo, estaba bocabajo con los brazos torcidos hacia atrás y una abundante cantidad de sangre se escapaba de su cuello, tenia la ropa rasgada y a su pierna derecha le faltaba un buen trozo de muslo. 
- Dios mío… -musitó el chico, horrorizado. Se atrevió a acercarse y gracias a la luz de la varita, supo reconocer su rostro- el profesor Jeshua de Runas Antiguas…
- Tenemos que decirselo a McGonagall, esto es mas grave de lo que… -comenzó Neville, retrocediendo cuando un feroz gruñido rebotó por las paredes a lo largo de todo el pasillo y una enorme sombra se abalanzó sobre ellos. Dos patas enormes con garras afiladas los tumbó en el suelo con energía y ambos lanzaron una exclamación de sorpresa y horror. 
- ¡Everte Statum! -exclamaron Hermione y Ginny al mismo tiempo, reaccionando por instinto al grito de los chicos, alarmadas y sorprendidas. El hechizo potenciado por ambas chicas impactó por completo en el pecho de aquella criatura, ésta volvió a gruñir y retrocedió con violencia, chocando con la barandilla de piedra y precipitándose hacia abajo hasta llegar al Patio de Transformaciones de la planta baja de la escuela. Se escuchó un golpe sordo cuando su cuerpo por fin tocó tierra. 
- ¡Joder, qué susto me dio esa bestia! -vociferó un Ron visiblemente alterado al incorporarse. 
- ¿Estás bien? -preguntó Luna, preocupada.
- Si, con suerte
- ¿En qué estabas distraído? -le riñó Ginny.
- En esto -señaló el cuerpo inerte del profesor. Hermione se llevó una mano a la boca, aterrorizada. 
- ¿Cómo ha ocurrido? 
- Eso vamos a preguntarselo a esa bestia -masculló Ron.
- Hay que bajar rápidamente -los interrumpió Harry. 
- Eso es fácil -sonrió Luna acercándose a las escaleras- ¡Glisseo!
- Luna, eres la bomba -la alabó Neville y no se cortó un pelo para deslizarse por la escalera, recién convertida en tobogán- ¡yuju! 
- Por una vez, le doy la razón a Neville -admitió el pelirrojo sonriendo afablemente a la joven antes de seguirle. Enseguida todos bajaron en un tiempo récord a la planta baja. 
- ¡Allí está! -señaló Ginny con el dedo hacia la bestia que se impulsaba con sus patas traseras para avanzar a grandes zancadas, escapando. 
¡Desmaius! -exclamó Harry, sacudiendo la varita. 
¡Expulso! -añadió Neville.
¡Incarcerous! -replicó Hermione con determinación. Los hechizos de los chicos no lograron alcanzar a la bestia debido a su alta velocidad pero el hechizo conjurado por Hermione fue más efectivo, unas gruesas cuerdas surgieron entre las baldosas de piedra y con un enérgica sacudida, atraparon la pata trasera izquierda del animal, provocando su desequilibrio. La bestia aulló sorprendida y medio cuerpo cayó de lado, situación que las cuerdas aprovecharon para ascender a una velocidad alarmante, creando una cárcel en su peludo y enorme cuerpo. 
- Bien hecho, Hermione -la alabó Harry mientras se aproximaban, sintiéndose victoriosos por haber conseguido atrapar a esa criatura que aún no sabían que era. Pero la alegría duró poco, dos enormes sombras aparecieron del cielo y se posicionaron justo enfrente de ellos, impidiéndoles el paso. Entonces un débil haz de luz plateada se deslizó tímidamente por el suelo de piedra, Luna alzó la cabeza presenciando lo que su mente había estado cavilando desde las marcas que había visto en el segundo piso, las nubes de la noche se estaban dispersando y una hermosa luna llena hizo su aparición en todo su esplendor, iluminando a esos dos seres que estaban frente a ellos. Bajo la luz de la luna, sus tamaños y sus volúmenes eran descomunales y sus alturas superaban perfectamente los dos metros, poseían unas fuertes y musculosas patas, sus garras eran letales, afiladas y largas, sus fauces estaban semiabiertas mostrando unos temibles colmillos blancos y sus alargados hocicos, daban a entrever perfectamente que tipo de criaturas eran. Uno de ellos poseía un abundante pelaje blanco y el otro era de un suave marrón color madera. 
- Son licántropos -murmuró Hermione, con los nervios en tension y la varita en alto. 
- Están muy lejos de casa, ¿no creéis? -bufó Ron.
- Yo no los enfadaría -replicó Neville
- Ya están enfadados -aportó Luna- sus mandíbulas están tensas, van a atacar en cualquier momento. Están resistiéndose al embrujo de la luna llena. 
- No podemos quedarnos aquí como idiotas. Hemos atrapado al ladrón 
- Piensa las cosas, Ron, no estamos para bromas -le riñó Hermione, asqueada con su falta de razonamiento. 
- Vamos, cariño, somos seis contra dos, ¿qué pueden hacernos? 
- ¡Cállate, Ron! -explotó entonces una Ginny furiosa alzando la voz más de lo que pretendía. Un error fatal. El licántropo oscuro abrió los ojos con salvajismo y con un gruñido feroz, se abalanzó sobre ella. Harry reaccionó por puro instinto y miedo y de un empujón, apartó a Ginny de las garras de ese animal que casi le arrancó la cabeza. 
- ¡Confringo! -contraatacó pero el animal agachó la cabeza, esquivándolo. 
- Flipendo -musitó Luna con voz suave. El hechizo golpeó en la cabeza del licántropo que la sacudió, aturdido de repente y sin darse cuenta, aventó a Harry con una pata delantera por los aires y su fino oído captó la intención de la castaña de atacarle y con su peluda y larga cola, enroscó su cintura. 
- ¡Hermione! -exclamaron Ron y Harry al mismo tiempo. Mientras tanto, el otro licántropo se encargaba de desatar a su compañero con garras y dientes y en unos minutos ya estaba libre de las cuerdas. Miró fijamente al compañero que luchaba contra los chicos, éste se viró hacia él como si lo hubiera llamado, gruñó y con un salto, se alejó de ellos. 
- ¡Se escapan! 
De repente, un zumbido perforó el tenso ambiente y una potente luz, proveniente de un hechizo chocó bruscamente contra las baldosas de piedra en la misma dirección que iban los licántropos y una explosión los obligó a retroceder con violencia.
- ¡Directora McGonagall! -exclamó Neville, sorprendido. 
- ¡Bombarda Máxima!  -pronunció con firmeza y otro brusco estallido provocó la furia entre los licántropos, aislándolos entre ellos- !Accio pergamino! 
El licántropo ladrón lanzó una maldición entre dientes cuando el objeto que había robado se agitó entre su pelaje, obedeciendo al llamado de su propietaria pero estaba tan bien sujeto que no respondió al instante, incapaz de llegar a sus manos. Su compañero, el hombre-lobo oscuro, abrió las fauces amenazante hacia McGonagall y la miró con ojos feroces mientras su pelaje se erizaba en señal de furia. La directora le sostuvo la mirada con determinación y fuerza y extendió la varita en su dirección, retándolo. El hombre-lobo blanco gruñó desde lo más profundo de su garganta, imperceptible al oído humano en advertencia. 

<<No lo hagas , te matará>> 

<<Nos quitará el pergamino, es peligrosa>>
<<Precisamente por eso debemos seguir las ordenes estrictas del Macho Alfa>>
<<Nunca saldremos de aquí si alguien no la distrae y no podemos llamar a la manada porque provocaríamos una pelea innecesaria y en clara desventaja con tantos magos aquí>>
<<No estoy dispuesto a correr ese riesgo>>
<<Haré lo que crea conveniente, compañero, pero ese pergamino vale demasiado para que caiga en sus manos nuevamente>> 

Tras estas últimas palabras, volvió su atención hacia McGonagall y con un escalofriante aullido, se abalanzó sobre ella con las garras y las fauces por delante. Muy lentamente, la directora observó cada detalle, cada movimiento, cada expresión de esa terrible y sangrienta criatura que no hizo más que remover en su interior y en su mente indeseables e inolvidables recuerdos, su mirada se endureció y alzó la varita en su dirección al tiempo que pronunciaba el hechizo definitivo:

- Avada Kedavra -musitó y la punta de su varita exhaló una potente corriente de energía sin ninguna piedad hacia el licántropo. Mientras veía a su compañero morir a manos de la directora de Hogwarts, aprovechó esa situación para salir a toda velocidad de aquel lugar en compañía del otro licántropo. Los chicos estaban tan sorprendidos y petrificados contemplando aquella escena tan impactante que no fueron conscientes del escape de los ladrones. Fue Harry quien por fin salió de aquel repentino shock y sacudiendo la cabeza, los persiguió con decisión. 
- ¡Harry! -exclamó Luna, despertando también del letargo- espera, ¿qué haces? ¡Harry! 
- ¿Te has vuelto loco, Harry? -chilló Hermione. 
- ¡Señor Potter, vuelva aquí ahora mismo! -le ordenó McGonagall cuando el pesado cuerpo de la bestia se desplomó sin vida ante ella, ignorándolo. Pero Harry no la escuchó, desapareciendo en la oscuridad. 
- ¡Harry! -lo llamó Ron, yendo tras él.
- ¡Señor Weasley! 
- Se dirige al Bosque Prohibido -captó Luna preocupada- es el entorno natural de los licántropos, debemos impedirselo.
- No permitiré que corra tal riesgo, señorita Lovegood 
- Voy con ella -se ofreció Neville 
- Gracias, Neville -sonrió dulcemente. 
- Impedid que Potter se interne demasiado en el Bosque, si tenéis que derribarle, hacedlo -ordenó con seriedad. 
- Entendido -asintieron y fueron tras Ron y Harry. 
- Vosotras os quedaréis aqui -miró a la señorita Weasley y Granger.
- No es justo -replicó Hermione.
- No admitiré replicas, señorita Granger, además no estarán solos -le prometió. Ondeó su varita por encima de su cabeza y un pequeño brillo de color azul relució en la punta, la sacudió hacia adelante en la misma dirección donde se había ido Harry y los demás y una ligera neblina se precipitó al Bosque Prohibido. 


Los licántropos le habían sacado una gran ventaja debido a sus grandes habilidades físicas pero Harry no se dio por vencido y no se inmutó cuando los arboles, la maleza y la oscuridad del Bosque Prohibido lo tragó por completo. Débilmente, escuchaba los gritos de sus amigos y conforme avanzaba, las voces se oían cada vez menos. Se vio obligado a aplicar el hechizo Lumos Máxima en varias ocasiones, lanzando bolas de luz en distintas direcciones para poder orientarse mejor en aquella noche fría, apartó los arbustos y tuvo cuidado con los troncos y las ramas mientras corría, a esas alturas su esmoquin estaba sucio y con rasguños pero realmente no le importaba. Volteó la cabeza entonces al escuchar un gruñido y apresuró el paso, tanto que el paisaje se difuminaba más y más a cada paso que daba. La tierra estaba revuelta por las garras de los licántropos, señal inequívoca que habían pasado a toda velocidad, y su inconfundible olor a perro sucio de hace años y años le indicaba a Harry que no estaba muy lejos de, quizás, alcanzarlos. Su pecho subía y bajaba en rápidas convulsiones, pidiendo oxígeno y tuvo que aminorar la marcha un momento, jadeante, los escasos segundos que sus pulmones adquirieron aire fueron suficientes antes de vislumbrar una sombra a lo lejos. Reaccionó sin importarle el temblor de sus piernas de tanto correr. 

- ¡Confringo! ¡Desmaius! ¡Bombarda! -recitó el chico a toda velocidad sacudiendo la varita sin puntería. Los hechizos chocaron entre los arboles, destruyeron una roca e incendiaron levemente un trozo de musgo sin acercarse siquiera a ese posible licántropo. Siseó entre dientes mientras la perseguía- ¡Lumos...!
Unas garras aprisionaron la chaqueta de su esmoquin por detrás, interrumpiendo abruptamente la pronunciación de su hechizo y salió despedido hacia atrás, rodando por el suelo. Al intentar ponerse de pie, recuperándose de la sorpresa, las fauces de la bestia se cernieron sobre él a una velocidad de vértigo, con un brusco y rápido movimiento, deslizó su brazo por la chaqueta rasgada y cubrió el hocico del animal borrándole la visión y se escabulló por debajo de su cuerpo en una improvisada voltereta. El corazón le dio un vuelco, sabiendo perfectamente que podría haber muerto perfectamente en aquella dentellada maligna y salvaje. El hombre-lobo desgarró la chaqueta, apartándola de su rostro y se viró para encarar nuevamente al muchacho en un ronco gruñido, Harry lo apuntó con la varita en un posible intento de amedrentarlo pero en un astuto movimiento, su contrincante hundió las garras en la tierra y le arrojó una nube de polvo que lo obligó a utilizar el brazo para cubrirse, dejándolo en una clara desventaja. No supo cómo pero de repente se encontraba tumbado de espaldas en el suelo, las patas traseras aprisionaban sus muslos y las patas delanteras mantenían sus hombros tan bien afirmados que notó su columna quejarse del dolor. Entonces los lacerantes colmillos de la bestia se clavaron en su hombro izquierdo y no pudo más que abrir la boca y dejar escapar un alarido de dolor que dañó hasta sus propios oídos, su cuerpo se convulsionó contra el musculoso cuerpo del licántropo y sintió algo caliente brotar de su carne. 

-¡Harry! -lo llamó incesantemente Ron, derrapando en una pequeña pendiente de tierra. Este chico estaba loco, ¿cómo se le ocurría perseguir solo a esas bestias?. Una tímida luz llamó su atención, <<Harry ha debido de utilizar Lumos Máxima>>, pensó, mas aliviado  de poder seguir su ubicación sin avanzar a ciegas. 

- ¡Ron! ¡Ron! -se oyó la dulce voz de Luna cerca de él. 
- ¿Luna? 
- Ron -insistió, apareciendo de repente su figura y su largo pelo rubio y sonrió aliviada al verlo- Ron, aquí estás
- Y también yo -intervino Neville, jadeando. 
- No deberíais haber venido
- Pues claro que si, Harry está en peligro 
- Basta de habladurías, tenemos que encontrar a Harry 
- Por ahí -señaló el pelirrojo hacia la esfera de luz- tiene que ser por ahí. 
- Vamos -instó Neville empujando suavemente a Luna. La esfera de luz dio lugar a otras esferas idénticas que los guiaron por el oscuro sendero del Bosque Prohibido pero a pesar de ver huellas de zapatos y de garras, no sabían dónde podía estar su amigo. 
- ¡Maldición! aquí es muy fácil perderse -se cabreó Ron, levantando tierra de una patada. 
- Cálmate, Ron 
- No me digas que me calme, Neville. Harry puede estar muerto en estos momentos, ¿sabes? 
- Ron -susurró Luna colocando una mano en su hombro con afecto y tranquilidad- encontraremos a Harry, ¿de acuerdo?, no le pasará nada, recuerda que es Harry, no es la primera vez que lucha contra la muerte. 
- Eso no cambia nada, no me tranquiliza -apretó la mandíbula, tenso. 
- Pues debería, puede que nadie pueda burlar a la muerte pero él lo ha conseguido y no lo ha hecho solo. Lo encontraremos, somos sus amigos -esbozó una dulce y serena sonrisa que derretiría a cualquier iceberg en medio de la Antártida. El alocado latido del corazón de Ron, debido a tanta búsqueda, se ralentizó un momento y seguidamente sufrió un vuelco, latiendo rítmica y agradablemente. Fue como si una carga que no debería llevar se deslizara por cada miembro de su cuerpo, sintiéndose vacío y tranquilo. 
- Tienes razón... -tragó saliva en un murmullo. Era una sensación extraña, no sabia como describirla si es que habían palabras. 
- Chicos, mirad -los interrumpió Neville. Ambos jóvenes voltearon sus cabezas al mismo tiempo, al principio no supieron a qué se refería pero entonces una difuminada figura azul celeste ocupó su campo de visión. Tenía una forma de gato con lineas desiguales en su rostro y sus patas marcaban lentos pasos, despidiendo pequeños destellos azules de luz. 
- ¿Pero qué...? -quiso preguntar Ron.
- Es el patronus de McGonagall -apuntó Luna en un susurro- nos guiará hasta Harry 
- Luna tiene razón -asintió Neville, avanzando- no está aquí por casualidad.
El gato les dirigió una fugaz mirada y realizó un grácil salto por delante de ellos, éstos reaccionaron y no dudaron en seguirlo con precaución por si desaparecía en algún momento. Conforme avanzaban, el ambiente se fue caldeando aún más y el sepulcral silencio sólo era roto por los apresurados pasos de los tres amigos que perseguían al gato, éste se detenía muy de vez en cuando y luego proseguía la marcha. 
- ¿Estás seguro de que no nos estamos alejando? -preguntó dudoso mientras saltaba un tronco.
- Esperemos -inquirió Neville y entonces un grito de dolor penetró en sus oídos, provocando que su vello se erizara.
- ¡Harry! -exclamó, nervioso y temblando por la vida de su amigo. El patronus desapareció en una insignificante nube de humo azulada y la escena de Harry y el licantropo encima de él apareció ante sus ojos- ¡Expulso! 
La bestia gruñó cuando el hechizo impactó de bruces contra su cuerpo, lanzándolo por los aires unos buenos metros y alejándolo de su presa. 
- ¡Confundus! -aportó Luna con destreza. 
- Maldita, bestia, ¿cómo te atreves a atacar a mi amigo? -la insultó Ron golpeándola con hechizos una y otra vez. Mientras sus amigos se encargaban del licántropo, Harry se llevó una mano al hombro malherido, ahogando un gemido de dolor e intentó incorporarse de rodillas. Rechinó los dientes y tanteó buscando su varita, murmuró con dificultad unas palabras y una densa capa de una sustancia viscosa y fresca cubrió por completo las heridas de los colmillos del animal, invisible al ojo humano. Una exclamación de sorpresa lo obligó a mirar cómo la bestia atrapaba a Luna con una pata delantera.
- ¡Luna! -gritó con la garganta seca. 
- Ah no, eso si que no -sentenció Neville, impulsándose con las piernas para afirmar sus manos a la peluda pata del animal y se incorporó lo justo para pronunciar el hechizo deseado- ¡Sectum! 
Un limpio corte rasgó su piel, la criatura aulló y por inercia, soltó a su prisionera agitando su miembro lastimado con violencia, propulsando a Neville hacia atrás. 
- ¡Mia! -advirtió Ron, atrapando a Luna entre sus brazos antes de que cayera al suelo pero enseguida vieron con horror unas garras que se cernían sobre ellos. 
- ¡Sectumsempra! -logró decir Harry justo a tiempo. El licántropo detuvo su contraataque abruptamente, retrocediendo su cuerpo y aulló de dolor mientras se retorcía, como si miles de cuchillas lo estuvieran desgarrando por dentro. Se desplomó en el suelo, creyendo que si se revolcaba el dolor mitigaría. 
- Vamos, deprisa -los animó Neville, levantándose del suelo rápidamente.
- ¿Estás bien? 
- Si, gracias Ron -retiró un mechón pelirrojo de su frente y se incorporó, dejándolo sorprendido. 
Harry entendió sin necesidad de palabras y extendió la mano en dirección hacia ellos, Neville la colocó encima y Ron y Luna no tardaron en llegar, uniendo todas las manos y desapareciendo rápidamente del Bosque Prohibido en una brusca convulsión de energía. 


Aparecieron en el Patio de Transformaciones en otra convulsión ensordecedora y los cuatro amigos se desplomaron sin resistencia en el suelo. Ron y Neville fueron los primeros en incorporarse. 

- ¡McGonagall están aquí! -la avisó Hermione mientras corría con Ginny hacia ellos. 
- Tenéis un aspecto horrible 
- Gracias por la observación, hermanita -le espetó Ron.
- Harry -lo llamó preocupada con el corazón encogido. El chico aún estaba tumbado y una dolorida mueca se dibujaba en sus facciones, dando a entender que el viaje no le había gustado nada. 
- Señor Potter -intervino la directora, apartando a sus alumnos con poca delicadeza.
- Estoy bien... -siseó, ayudándose de su brazo derecho para intentar levantarse y enseguida Ron y Neville se ofrecieron a colaborar. 
- No, no estás bien, Harry, estás sangrando -lo contradijo Hermione, temblando debido a los acelerados latidos de su corazón, producto irrevocable del miedo que había pasado. 
- No es nada, sólo es un rasguño, Hermione -murmuró con voz cansada. 
- Longbottom, Weasley, ¿qué ha pasado? -exigió saber McGonagall. 
- El licántropo lo estaba atacando cuando lo encontramos, menos mal que su patronus nos guió. Estábamos desesperados -contestó Neville. 
- Pero no vimos qué le hizo, estaba oscuro -añadió Ron. 
- No me hizo nada, vosotros llegasteis justo a tiempo. Sólo fue un arañazo, nada mas -mintió. Lo que menos quería era preocuparlos a todos y menos por el ataque de ese licántropo, que bien debería estar en la enfermería en aquellos momentos. 
- Por su bien, señor Potter, espero que no le haya mordido, ¿me oye? -masculló con paciencia.
- ¿Por qué lo dice, directora? 
- ¿Alguna vez atendió a clase, señor Weasley? 
- Una mordida de licántropo puede originar unas consecuencias terribles -dijo Luna, aliviando el ambiente con su dulce voz- si un licántropo te muerde, en la próxima luna llena sufrirás la misma transformación que ellos. Pero sólo puede hacerlo un licántropo de alta jerarquía, es decir, el Macho Alfa o sus allegados. 
- Exacto, señorita Lovegood.
- ¡Estoy bien! -volvió a insistir el joven- necesito descansar, ha sido una noche muy movida. 
- Vaya a la enfermería, señor Potter, hay que asegurarse de que está ileso
- Soltadme, chicos -les pidió mientras afirmaba las plantas de los pies en el suelo y luego miró a la directora a los ojos- míreme, señora, estoy bien, sólo tengo esta sangre del rasguño que le estoy comentando. 
- Cálmese, no es necesario que alce la voz. Si es cierto lo que dice, no tengo mas que decir, todos a vuestras habitaciones.
- ¿Qué robaron en su despacho? -la detuvo Hermione de repente, acordándose del robo del ladrón. McGonagall la miró a los ojos con seriedad.
- Ahora mismo no es momento de explicaciones. Es más, creo firmemente que no os incumbe a ninguno de vosotros. 
- Yo creo que si nos incumbe
- Pues lamento contradecirla, señorita Granger, pero no es así. 
- No trate de ocultarnos nada, señora, ese licántropo llevaba algo en su cuerpo. Tiene que ser algo muy importante como para atreverse a robar en la escuela y en su propio despacho. 
- Y sin que nadie lo viese -añadió Ginny, reconociendo ese gran detalle. 
- Los licántropos, en especial los hombres-lobos, son poco predecibles y rápidos -informó Luna con sus conocimientos sobre las criaturas mágicas nuevamente. 
- Son los más poderosos después de los hombres-tigres -asintió McGonagall con una expresión sombría y ausente- son las bestias mas sanguinarias y crueles que he visto en toda mi vida. 
- Habla como si supiera mucho de ellos -observó la castaña. 
- Es tarde... -cortó bruscamente la conversación- y debéis iros a la cama ya.
- ¿De verdad cree que vamos a poder dormir después de lo que ha pasado? -la miró Ron, estupefacto- ha muerto el profesor Jeshua, directora, no es ninguna tontería. 
- Una pérdida lamentable, eso seguro -inspiró hondo y su sabia mirada los observó a todos, con paciencia, cariño, preocupación, tristeza, temor y desasosiego- venid conmigo... 


Ninguno de los chicos se escapó de abrir sus mandíbulas, sorprendidos e impresionados del boquete que el licántropo-ladrón había dejado en la entrada del despacho de la directora. 

- Aún sigo sin comprender cómo ha podido entrar, no conozco ningún hechizo que pueda provocar semejante efecto -comentó McGonagall. 
- Sin duda alguna, habrá que investigarlo 
- Quizá en otro momento, señorita Granger
- Oh, no -musitó entonces Luna, deslizando las palmas de sus manos bajo el cuerpo sin vida del halcón. Tenia una ala completamente desgarrada y el cuerpo poseía la marca de una única garra, suficiente para acabar con su vida- Engels está muerto. 
- Fue lo primero que encontré cuando vine hasta aquí -asintió la directora- al parecer intentó avisarme con sus chillidos, siempre lo hace cuando siente que hay peligro o sucede algo importante pero lo mató en cuestión de segundos. 
- Es cruel... ¿puedo quedarmelo? -le pidió con una sincera y apagada mirada.
- ¿Serviria de utilidad decirle que no, señorita Lovegood? 
- Gracias 
- ¿Qué objeto de su despacho podría interesarle a un licántropo? -preguntó Hermione, cambiando de tema. 
- Algo que debería haber quedado en el olvido hace mucho muchísimo tiempo 
- ¿De cuánto estamos hablando? 
- Treinta y siete años aproximadamente. 
- Cuando era joven... -murmuró Neville como si no se creyera que la directora hubiese sido joven alguna vez. 
- Noto cierto escepticismo en su tono, señor Longbottom 
- Lo siento
- ¿Qué paso? -la animó la castaña, prestando mucha atención. 
- Hubo una guerra entre magos y licántropos -continuó rodeando su escritorio y tomando asiento, reposó la varita en la mesa y acomodó los dedos de sus manos. 
- ¿Magos y licántropos? eso es nuevo. 
- De todas las clases que os podáis imaginar, pero los peores eran los hombres-lobos. Con la luna llena, perdían completamente la razón, el sentido de la conciencia y del control. Sobrepasaron los limites y las normas impuestas de Azkaban y se trasladaron al mundo muggle, fue una completa carnicería -suspiró, resistiendo el escalofrío que su cuerpo deseaba sufrir- malos tiempos sin duda, mucha gente murió. 
- No me imagino lo duro que debe ser -comentó Ginny con un nudo en el estomago. 
- Creo que voy a vomitar... -interrumpió Ron, aguantando las náuseas que experimentaba en aquellos momentos. 
- Si hubiera estado allí, señor Weasley, posiblemente ya lo habría hecho -repuso empujando un cubo negro a su alcance justo cuando el chico se doblaba y expulsaba todo lo que llevaba dentro. Neville, Ginny, Hermione, Harry y Luna se cubrieron momentáneamente sus respectivas narices para no tener que soportar el fétido olor del vómito. Cuando terminó, McGonagall le ofreció un pañuelo para que se limpiara y con su varita apuntó al interior del cubo- Tergeo
- Gracias -murmuró un poco mareado. 
- ¿Estás mejor? -lo miró Hermione con cariño en sus ojos como si todo su enfado contra él de hacia días se hubiera esfumado. 
- Si, mejor -asintió, tranquilizándola. 
- Continúe, por favor, ¿qué ocurrió en esa guerra? -se adelantó Harry, ésta vez. 
- Toda manada de hombres-lobos tiene un Macho Alfa, debido a su alto liderazgo y su especial habilidad para controlar sus salvajes impulsos lobunos. Sólo los auténticos hombres-lobos son capaces de resistirse a la luna llena y por consiguiente, pueden hacer lo que quieren. Yo conocí a uno en persona, era el licántropo más descomunal y poderoso que había visto en toda mi vida y sólo ansiaba una cosa: la inmunidad. 
- ¿La inmunidad a qué? 
- A la magia -contestó como si fuera lo más obvio- lo que mas ansían los licántropos es ser inmunes a la magia porque ya son grandes expertos en todo lo referente a lo físico. Nadie les supera en un combate cuerpo a cuerpo, en el arte del sigilo y la estrategia, la destreza, la agilidad, la velocidad y la fuerza bruta. Sin embargo, son vulnerables a la magia. 
- ¿Quién ganó esa guerra? 
- Nosotros pero fue como si perdiésemos porque el Macho Alfa logró escapar, dejando al resto de la manada a nuestra merced y los encerramos a todos en Askaban. 
- ¿Cómo se puede lograr la inmunidad? jamas había oído tal cosa
- Es largo y complejo de explicar, señorita Granger, y no estamos para una clase de teoría. 
- Aún no nos ha dicho que fue lo que robo ese hombre-lobo 
- Siempre tan perspicaz -esbozó una media sonrisa sin sentirlo de verdad- ¿veis ese baúl negro? dentro contiene algunos pergaminos de gran valor e importancia para el mundo mágico. 
- ¿Por qué tendría usted un baúl como ése?
- No voy a responder a esa pregunta, señor Potter. Falta un pergamino en ese baúl.
- Y... ese pergamino contiene... -empezó Hermione adivinando lo que pasaba por la mente de la directora.
- Contiene el secreto para alcanzar la inmunidad -finalizó, dejando escapar una incómoda y preocupante sensación en el ambiente, en aquel despacho y en toda la escuela. Estaban en una situación muy comprometedora y seria...