CAPITULO XI
El mal resurge
Fluidos ríos de sangre se deslizaron silenciosos, brotando sin descanso del enorme cuerpo del licántropo herido por el hechizo de Harry. De entre los arboles, cinco licántropos surgieron de la oscuridad, aproximándose a su compañero que con cada gota de sangre derramada, su vida se apagaba más y más. El hombre-lobo blanco se adelantó unos pasos y contempló con gran pesar aquella pérdida, intercambiaron varias miradas entre ellos y dos licántropos se acercaron al cuerpo para levantarlo. Casi de inmediato, se alejaron de aquella escena y desaparecieron en la penumbra de la noche a una velocidad increíble entre jadeos y gruñidos, y los aullidos del resto de la manada inundaron el Bosque Prohibido. Penetraron en lo más profundo de la maleza, tanto que los rayos de la luna se debilitaron hasta convertirse en finos hilos de plata colándose tímidamente entre los tupidos arboles. De repente, algo parecido a una estampida estalló cerca del perímetro donde los licántropos corrían y pronto unos cascos resonaron, interrumpiendo la marcha de los intrusos. Los centauros no solían ser territoriales donde se asentaban pero cuando tenían por costumbre tomarse un buen vino en grupo por la noche, eran las criaturas más irracionales del planeta, transformando su pacifico y social carácter en impulsivos actos de agresividad. Algunas flechas y lanzas cortaron el aire en dirección a los hombres-lobos y con un gruñido, éstos las esquivaron y defendieron a sus compañeros que transportaban al licántropo muerto. Dos hombres-lobos se abalanzaron a los primeros centauros que galopaban hacia ellos, con tanto ímpetu que ambas criaturas colisionaron bruscamente y perdieron el equilibrio entre garras, colmillos, coces y brazos fuertes.
<<Reanudad la marcha, vamos>>, ordenó el hombre-lobo blanco, derribando de un zarpazo al abdomen a un centauro. Cubrieron la retaguardia de la carga de su compañero muerto y entre rugidos, colisiones, zarpazos, mordiscos y desangramientos, consiguieron que los centauros retrocedieran y así poder escapar, airosos de aquella emboscada.
Llegaron por fin a su destino. Los escombros de unas antiguas ruinas ocultaban la guarida de los hombres-lobos que constaba de una enorme cueva que parecía la forma de una tienda de campaña hecha de piedra; más licántropos los recibieron, dejándoles entrar en el gran boquete y la cueva se los tragó. El interior era tan amplio como de largos eran los pasillos de piedra, antorchas colgaban de las paredes para que la visión fuera lo suficientemente cómoda para los recién llegados mientras la manada los observaba llegar con una expresión de tristeza y ferocidad, contemplando como transportaban al compañero muerto. Un enorme licántropo de color gris humo apareció en algo similar a un cruce dentro de la propia cueva y soltó un bufido ante los visitantes. Miró al licántropo blanco fijamente.
<<¿Qué ha pasado?>>
<<Un contratiempo innecesario>>
<<Esto no debería haber pasado, Él se mosqueará>>
<<No precipites las cosas, tenemos lo que nos ha pedido>>
<< ¿Dónde está?>>
<<Lo tiene él>> -señaló con la cabeza al licántropo que mandaron que hiciera el papel de ladrón en la escuela.
<<Perfecto, seguidme. Vosotros dejad el cuerpo en un habitáculo vacío>> -ordenó a los encargados de la carga del licántropo. Éstos asintieron obedientes. El resto siguió al licántropo gris, desviándose hacia la derecha. Como si fuera el cuello de una botella, conforme avanzaban, el pasillo se fue anchando poco a poco hasta que se transformó en una gran bóveda de piedra llena de humedad. Al fondo de la sala, envuelto en la oscuridad, se alzaba un trono hecho de hierro y acero y una gran sombra reposaba cómodamente en él, ni siquiera las antorchas eran capaces de arrojar un poco de luz hacia la bestia que portaba ese trono. El licántropo gris y el licántropo blanco se dividieron, creando un circulo de reverencia ante su señor y pronto todos los licántropos de la manada se inclinaban delante de él, acuclillándose con los nudillos de las patas traseras y apoyándose en las patas delanteras derechas al mismo tiempo que sus frentes susurraban el suelo y las garras de sus patas delanteras izquierdas les servían de apoyo.
<<Mi señor>> -susurró con absoluto temor y respeto el licántropo gris. Un profundo gruñido resonó en la estancia, proveniente del trono y el pelaje de los presentes se erizó por completo.
<<Habéis tardado más de lo que pensaba>> -musitó con voz profunda, ronca y grave, revelando la potencia y la fuerza que irradiaba.
<<Lo lamentamos, mi señor, han habido ciertas dificultades>>
<<Eso no me basta. ¿Acaso es mucho pedir discreción, mi querido Christian?>> -gruñó con fría amabilidad.
<<Mi señor... >>
<<Dos pérdidas en una noche es algo inusual, ¿puedes entender eso? no es propio del liderazgo que te he otorgado>>
<<Todo iba bien hasta que se presentó ella, mi señor>> -logró decir por fin. En ningún momento, se había erguido de su postura, en señal de lo inferior y desgraciado que era ante los ojos de su señor, de su Macho Alfa al igual que el resto. Al oír esas palabras, un rugido brotó desde lo más profundo de su garganta, un rugido que contenía ira, frustración y auténtico odio que provocó que las paredes de la sala temblaran de las ondas producidas por tal estruendo. Sus súbditos se aferraron al suelo, aún arrodillados ante él y temblaron de pies a cabeza como perros empapados de lluvia helada hasta los huesos.
Más de treinta años habían pasado desde su primer encuentro, ese encuentro que podía haber sido victorioso para él pero que gracias a ella, fue todo lo contrario. Minerva McGonagall, la mejor hechicera que había conocido en toda su vida y la única con el coraje suficiente como para enfrentarlo y derrotarlo, nunca olvidaría a esa joven hechicera y ahora después de tantos años, saber que aún seguía viva y que estaba en Hogwarts, su corazón latía a toda velocidad, precipitándose a su tan ansiada venganza.
<<Así que ella está en Hogwarts, ¿no es cierto, mi fiel y leal Christian?>> -murmuró en un suave y lento gorgojeo, deliberadamente lento como si las temibles y delicadas caricias de la amenaza estuvieran penetrando dolorosamente en la piel de su siervo.
<<Si, mi señor>> -tragó saliva silenciosamente.
<<Bien. ¿Me habéis traído lo que os pedi?>>
<<Lo tengo yo, mi señor>> -respondió el ladrón, interviniendo suavemente en la conversación.
<<Kylan -lo llamó y el licántropo blanco entendió sin necesidad de palabras. Su compañero le entregó el pergamino a su superior y éste lo sostuvo con gran delicadeza entre sus garras- entrégamelo>>
Kylan obedeció sin rechistar y aproximándose con prudencia y temor hacia su señor, volvió a arrodillarse con las palmas extendidas y el pergamino reposando entre ellas y se lo ofreció con diligencia. El Macho Alfa se movió en la oscuridad y a la nítida y débil luz de las antorchas se apreciaron unas garras tan descomunales que doblaban en tamaño y longitud a las garras de Kylan y su pata era oscura de un intenso negro azabache, acogió con mucha delicadeza y mimo el material del pergamino como si fuera el objeto más preciado y frágil del mundo y las sombras se tragaron el pergamino en cuestión de segundos.
<<Por fin el pergamino es vuestro, mi señor. Lo que más ansiábais está en vuestras garras>> -volvió a hablar Christian.
<<Si, así es. Pero esto es solo el principio, aún queda mucho por hacer>>
<<Estamos dispuestos a serviros en lo que haga falta, mi señor>>
<<Esta noche es suficiente. Habéis hecho un buen trabajo, un gran trabajo. Sin embargo, debéis volver cuanto antes a la escuela, vuestra ausencia puede ser motivo de sospecha y no podemos tolerar eso>>
<<Por supuesto. Nos iremos de inmediato>>
<<Mantenedme informado de todo cuanto pase en esa escuela, abrid bien los ojos y prestad atención, es primordial saber qué hará McGonagall sabiendo que su querido pergamino ha sido robado>>
Ambos licántropos asintieron y con una nueva reverencia, se dispusieron a abandonar la sala.
<<Otra cosa más -los detuvo un momento- ¿quién fue el responsable de esta última muerte?>>
<<Harry Potter, mi señor>> -respondió Kylan, adelantándose a Christian.
<<Bien... podéis marcharos ya>> -los despidió en un susurro pensativo.
Avanzando a gran velocidad, Kylan y Christian cruzaron el Bosque Prohibido, deslizándose con sigilo y agilidad entre los árboles y la maleza.
<<Ha sido una gran noche>> -comentó Christian en la mente de su amigo después de un largo silencio en medio de la carrera.
<<Define gran noche>>
<<Espero que estés bromeando>>
<<Han muerto dos compañeros nuestros, Christian. No es algo por lo cual sentirme satisfecho>>
<<Oye... -detuvo su avance en una brusca sacudida al afianzar sus garras al suelo- hemos conseguido lo que el Macho Alfa quería, ¿sabes lo que eso significa?>>
<<Si, pero...>>
<<No, no lo sabes -gruñó mostrando los dientes- hemos soñado con esto durante años y nuestro señor décadas ¿y tú piensas en sentimentalismo? no te conozco...>>
<<Somos dos menos en la manada, habrá que agrandar aún mas el grupo>> -se excusó para obligarlo a cambiar de tema.
<<Por eso no te preocupes, Él tiene un plan. Nos esperan grandes momentos, amigo mio>>
<<Eso espero... ¿vas a quedarte ahí parado o seguimos avanzando hasta la escuela como alumnos normales?>> -dramatizó cómicamente sin sentirlo realmente. Christian bufó divertidamente y reanudó la marcha, perseguido por Kylan. La impotente sombra del castillo no tardó en aparecer ante sus ojos y poco a poco, disminuyeron la velocidad con los sentidos alertas... pero no detectaron presencia alguna y eso era de gran ventaja para ellos. Sólo debían cruzar el vestíbulo y luego cambiar el rumbo hacia un edificio opuesto al Patio de Entrada donde se ubicaba la Entrada del Viaducto. Ocultos en la oscuridad e intentando que sus garras no chirriaran contra las baldosas, lograron colarse sin ser vistos y entraron en el viaducto. Una vez cerrada la puerta del edificio, un chasquido y un jadeo por parte de los dos rompió el silencio antes de que éste volviera a adueñarse del ambiente y en una esquina, dos pilas de ropa los esperaban de buen agrado.
- Esto está mucho mejor -admitió Kylan acomodandose la camisa.
- Vamos, aún tenemos que subir las escaleras -murmuró Christian en cabeza. Lo siguió sin rechistar y en el desvío al fondo de las escaleras, tomaron el de la izquierda en dirección a las mazmorras. Llegaron a la pared que los separaba de la sala común de Slytherin, Christian murmuró la contraseña y la estructura se abrió. Al bajar los escalones, Miles Bretchley los esperaba pacientemente en un sillón individual con los hombros inclinados y las manos apoyadas en sus rodillas pero al oír la pared y verlos, se incorporó.
- ¿Dónde diantres estabais? -inquirió en un susurro poco amigable- he estado a punto de avisar de vuestra ausencia.
- Cálmate, Miles, te veo estresado -respondió el rubio con despreocupación.
- ¿Te hace gracia, Christian?
- Salimos un momento para ir al baño eso es todo -intervino Kylan.
- ¿Para ir al baño necesitáis dos horas? no me hagáis reír, ¿dónde estaba...?
- ¡Christian! -exclamó la voz de Pansy, interrumpiendo a Miles.
- Hola, encanto -la saludó con una enigmática media sonrisa, recibiéndola de buen grado en un férreo y posesivo abrazo. Miles apretó la mandíbula, resignado y encogió los hombros, incómodo.
- No sé que haces despierta, Pansy pero deberías estar en la cama ya
- Había quedado con él hacia un momento, ¿verdad, Christian? -lo miró con complicidad.
- Claro... -aumentó un poco más la sonrisa.
- No hay quien os entienda. Ya hablaremos mañana, esto no quedará así
- Dale mi mas sentido pésame a tu cama cuando caigas sobre ella del mosqueo que tienes encima -le pidió Christian con fría cortesía. Miles gruñó mientras desaparecía por las escaleras que dirigían a la habitación de los chicos.
- Bien, por fin se ha ido. ¿Todo bien? -los miró a ambos alternativamente.
- Demasiado bien, has hecho un buen trabajo distrayendo a nuestro prefecto un ratito -la elogió Christian acariciando su espalda.
- Ojalá hubiera hecho más por vosotros. Lástima que no haya podido acompañaros.
- No te preocupes, cariño, nuestro señor tiene grandes planes para ti -la miró a los ojos con un matiz de brillo salvaje en sus pupilas- eso te lo aseguro.
- Haré lo que sea necesario, puedes contar conmigo -afirmó con absoluta lealtad hacia él y hacia el Macho Alfa.
- Ésta es mi chica -la atrajó hacia si, buscando sus labios y Kylan ya había avanzado los pasos necesarios como para ver de reojo cómo la pareja se fundía en un beso apasionado.
Una vez en el cuarto de los chicos, fue directamente a la ducha dada la urgencia de su poca higiene aquella noche. Todos los acontecimientos ocurridos bombardearon su cabeza, obligándose a apoyar las palmas de sus manos en los azulejos del baño mientras el chorro de agua limpiaba su cuerpo. Sólo una imagen pobló su mente en un fugaz recuerdo: Ginny. En su forma lobuna, contemplarla con sus amigos dispuesta a pelear fue el acto más valiente por su parte, y ¿cómo no ser valiente si ella participó en la Batalla Final de Hogwarts contra el Señor Tenebroso?, sin embargo, su ignorancia sobre los futuros planes de su señor era palpable, aún siendo parte de su circulo de confianza. Por lo menos, ya tenían en su poder lo que más había ansiado su señor: el pergamino, ¿qué contendría ese papel? ¿por qué era tan importante para él? seguramente Christian si lo sabia pero no había manera de entrar en su mente y averiguarlo, se sentía impotente pero confiaba en su amigo y esperaba que todo saliera bien y con el menor daño posible hacia personas inocentes. Sacudió la cabeza bruscamente: <<Tranquilo, Kylan, todo está en orden, tú sólo obedece, tienes una misión. No te andes por las ramas>>. Terminó de ducharse, se secó superficialmente debido a la alta temperatura de su cuerpo, cubrió su anatomía con ropa nueva y abrió la puerta. Se tendió en la cama con suavidad, todo el mundo dormía aunque Miles no lo estaba, podía escuchar perfectamente su pausada respiración y el ritmo un poco acelerado de su corazón, señal de que aún seguía molesto por el encuentro ocurrido momentos antes. Poco a poco, con lentitud, los lazos del sueño lo acariciaron sutilmente con la finalidad de seducirlo hacia un sueño agradable, profundo pero efímero hasta la mañana siguiente...
Bueno, vaya Capítulo más lobuno jejeje... Me imaginaba a los hombres-lobo con tanta facilidad... y el macho alfa!! Wow!! ESO SI QUE DA MIEDO!!!
ResponderEliminarY me intriga saber... qué narices contiene ese pergamino que da la inmunidad mágica?!!?! Unas ganas de leer ya el 12 tremendas ^^
Enhorabuena. Lo haces de maravilla. Continua en esa linea. Me tienes megaenganchado jijiji ^_^