martes, 28 de mayo de 2013

Nuevas sensaciones



CAPITULO XV

Nuevas sensaciones





El toro púrpura se detuvo al ver que un nuevo intruso se interponía en su camino, ocultando a la chica de él y bramó, mosqueado por tal interrupción. El visitante lo fulminó con una mirada poco amistosa y un sonido gutural brotó de su garganta, superaba en altura y volumen las dimensiones de ese animal y su pelaje era tan oscuro que se confundía con la noche. Gruñó al toro como advertencia y sin ninguna intención de irse de allí pero su adversario no parecía que quisiera dejar las cosas a medias. Bufó por sus fosas nasales, expuso sus letales zarpas y meneó la cabeza, exhibiendo los cuernos en una clara invitación a desafiarlo, el invitado no se dejó amedrentar por su demostración. Abrió las fauces lo suficiente para mostrar y relucir sus afilados y temibles colmillos blancos, sus pupilas reflejaron una ferocidad descomunal que intimidaría a cualquier criatura, sus garras se movieron sutilmente en la tierra, su vello se erizó, todo su pelaje aumentó de volumen, su musculoso cuerpo se tensó y adoptó una postura ofensiva en dirección a su rival. El toro captó enseguida su respuesta y con un feroz movimiento de cabeza y un bramido salvaje, se encabritó y se abalanzó sobre él muy seguro de si mismo, el lobo gruñó y saltó por encima de su jorobado cuerpo, esquivando con agilidad su cornada. La bestia frenó bruscamente, derrapando para recuperar su posición pero para su sorpresa, unas garras se clavaron en su costado con tanta violencia que los dos rodaron por la tierra entre gruñidos, bufidos y roncos gemidos. Ambas criaturas se revolvieron, intentando dañar al otro pero lograron separarse y crear cierta distancia, se miraron a los ojos en una lucha visual por intimidar al otro y que saliera huyendo. El lobo gruñó, mostrando sus mortales fauces y el toro le respondió con otro bramido ensordecedor, a pesar de la diferencia de tamaños, mostraba valentía enfrentándose a alguien superior a él; ésta vez, el primero atacó y le asestó un arañazo en la cara, provocando un gemido a su rival, éste contraatacó sobre la marcha  y su zarpa se hundió en el pelaje denso del lobo. Un quedo aullido salió de su garganta y con sus patas, lo apartó de un empujón antes de embestirlo con su enorme cuerpo y desequilibrarlo. Retrocedió un momento y le echó una ojeada rápida a su costado, tres franjas se apreciaban débilmente en medio de su oscuro cuerpo y la sangre relucía, cuando entonces sintió un leve escozor en su piel y las heridas se fueron cerrando hasta desaparecer como si nunca hubiesen existido. El alarido de su rival le alertó de su proximidad y como era de esperar, sus cuernos fue lo primero que vio por el rabillo del ojo, sin embargo logró apartarse en el último segundo y utilizó sus fauces para atrapar entre sus colmillos uno de sus cuernos. Aquella acción no le gustó al toro y se revolvió intentando deshacerse de él, el lobo resistió sus patadas y sus débiles golpes con su jorobado cuerpo y con un seco movimiento, le partió el cuerno con una increíble fuerza. Su rival bramó enloquecido y se desplomó a medias, aturdido y con torpeza, utilizó sus zarpas para incorporarse a duras penas, con la intención de huir desesperadamente. 

Completamente inmóvil en el suelo junto a la roca, Hermione observó la pelea entre ambas criaturas con la perplejidad reflejada en sus facciones. Su alocado corazón martilleaba una y otra vez su frágil pecho y poco le faltaba para hiperventilar de lo rápido que respiraba. Entonces el lobo se dirigió a ella y la saliva que había acumulado en su boca salió disparada garganta abajo al mismo tiempo que se aferraba inútilmente a la roca como escudo. ¿Qué iba a hacerle? ¿la iba a atacar y luego arrancarle la piel a tiras como cena? tanteó torpemente, buscando la varita para poder defenderse, el animal avanzó unos pasos en el terreno fangoso mientras la lluvia seguía cayendo traicioneramente. Su mano encontró la solidez de su varita y con determinación, lo apuntó amenazante, aprovechando para intentar levantarse de aquel suelo tan sucio. El lobo se detuvo ante su acción y gruñó por lo bajo, Hermione ya estaba pensando un hechizo por si se atrevía a atacarla, esperaba que surtiera efecto porque con aquel toro púrpura no había tenido mucha suerte. Logró incorporarse sin dejar de mirar a ese enorme lobo, era pequeña comparada con él y se preguntó si de verdad su magia podría hacerle daño, él intento acercarse nuevamente con precaución. 
- No te muevas -murmuró la castaña, con la varita por delante y retrocedió suavemente pero el animal la siguió con insistencia, guardando la distancia de seguridad. El desconcierto la llenó por dentro, ¿pero qué se supone que hacia? ¿si no iba a atacarla por que no se iba y la dejaba en paz? el frío cada vez hacia mas efecto en ella, sus abrigos estaban pegados a su cuerpo y todo calor que pudiera haber acumulado se había esfumado desde que comenzó a llover. Su mandíbula empezó a rechinar y se abrazó a si misma en un vago intento de calentarse, el gruñido del lobo la puso nerviosa y lo miró molesta, él alzó la mirada y entonces su corazón dio un vuelco haciendo una pequeña pausa a su acelerado pulso. Los ojos de aquel lobo eran verdes… tan verdes como la esmeralda y tan intensos que brillaban en la noche… esos ojos se colaron en lo mas hondo de ella, incluso en esa forma, esa mirada no podría olvidarla en la vida. 
- ¿Harry? -pronunció finalmente cuando se hubo recuperado de aquel shock emocional. Según murmuró su nombre, unos lazos mentales la abrazaron y un escalofrío especial la recorrió, provocándole una sensación agradable e intima. Y fue entonces cuando oyó su voz, cálida y profunda: 

<<Hermione>>
- Harry -lo llamó sorprendida de escucharlo en su mente con tanta claridad y de una forma tan distinta- dios mío, eres tú, pero… ¿cómo? 
<<Es largo de explicar. Aún estoy asimilándolo>>
- Pues ya somos dos -bajó la varita y él se acercó sin miedo a ella, agachó la cabeza y Hermione hundió los dedos en su cálido y denso pelaje. Harry tuvo que respirar hondo del placer tan grande que percibía con su tacto, un sonido gutural salió de su garganta sin pretenderlo y cerró los ojos para disfrutar de su caricia. Pero aquel momento se vio interrumpió cuando sus orejas detectaron movimiento en el bosque y alzó la cabeza, alerta. 
<<Otra vez no>>
- ¿Qué pasa, Harry? 
<<Me han estado persiguiendo desde antes>>
- ¿McGonagall y los profesores?
<<Si pero son mas>>
- Ron y los demás, debieron darse cuenta que no estaba -entendió- tienes que irte, corre. 
<<Sin ti no>> 
Un haz de luz asustó a la oscuridad y se dirigió hacia Harry de repente. 
- ¡Partis Temporus! -reaccionó con destreza Hermione y una barrera magica cubrió al lobo, rebotando el ataque en forma de hechizo- ¡Harry, corre! ¡ya!
<<Pero…>>
- ¡Ya!, te seguiré después, vamos -lo urgió. Él la miró y obedeció a regañadientes, desapareciendo de su vista. Hermione no tardó en oír las voces de los chicos, no se anduvo con rodeos y persiguió a Harry, o al menos lo intentó porque ya no estaba en su campo de visión. Sin duda alguna, la lluvia era un completo fastidio en todo aquel panorama, tuvo que deshacerse de su ropa de invierno porque empezaba a pesarle como diez o quince kilos mas que su propio peso y eso disminuía su velocidad. De entre los arbustos, surgieron tres licántropos mas que la asustaron muchísimo, no había prestado atención a los aullidos. Pronto la noche se vio iluminada por fuegos artificiales de los hechizos lanzados por McGonagall, los profesores y los chicos, aquellos licántropos no eran como Harry, eran muy parecidos a los que atacaron la noche del Baile de Otoño, ya tendría tiempo de preguntas, ahora era tiempo de correr y correr para sobrevivir. Uno de ellos trepó a los arboles, cubriendo la guardia por el aire y con un tremendo salto, se abalanzó sobre la joven con las garras por delante… pero unas fauces hicieron acto de presencia, asestando una potente dentellada a la garganta del enemigo. 
- ¡Harry! -gritó Hermione. Ambas bestias se revolcaron en el suelo al aterrizar en un charco enorme pero pudo ver por el rabillo de ojo que él estaba ileso y que el otro estaba muerto, casi de inmediato. 
<<¡Hermione, cuidado!>> -gritó la voz de Harry en su mente y al voltear la cabeza, un acantilado se extendió ante sus ojos. Lanzó una débil exclamación e intentó frenar pero el suelo estaba tan resbaladizo que era imposible controlar los movimientos. Entonces sintió un fuerte tirón en su ropa antes de que sus pies llegaran al filo del acantilado, su jersey se desgarró por un lado y aterrizó sobre algo mullido, suave y muy cálido. Él se aseguró de que estuviera bien sujeta en su espalda y retomó la carrera, alejándose a toda velocidad.

- ¡Everte Statum! -gritó Ginny, lanzando a un licántropo por los aires.
- Glacius -remató Luna, envolviendo el cuerpo del animal en una densa capa de hielo. Al caer, se destrozó en mil pedazos, el otro licántropo lo había matado Andrew. 
- ¡Maldición! lo hemos vuelto a perder -masculló Ron, escupiendo agua- y encima esta lluvia cala hasta los huesos. 
- Todo se ha puesto en nuestra contra, señor Weasley -dijo McGonagall observando el ambiente- no podemos avanzar mas, esto es muy peligroso y parece que esta tormenta irá a peor. 
- No podemos irnos, ¿está loca?, hemos avanzado muchísimo. 
- ¿Quiere ser devorado por unos licántropos en plena luna llena, señor Weasley? no creo que sea de su agrado. 
- Harry y Hermione están ahí fuera y esperan que los rescatemos. 
- Me inclino a pensar y a tener fe de que la señorita Granger se las apañará bien hasta el amanecer. No hay tantos licántropos como pensaba en esta zona, dudo mucho que surjan mas.
- Está mintiendo. 
- Todos de vuelta a la escuela, vamos -ordenó sin mirarlo y todos la miraron en desacuerdo con ella- ahora.
A regañadientes, obedecieron y mientras ellos se alejaban, McGonagall se quedaba un poco mas mirando lo más lejos que sus ojos y la lluvia le permitían y suspiró largamente. Siguió a los demás  y de las raíces del árbol que estuvo a su lado, empezó a brotar un diminuto tallo. 


Harry encontró un refugio formado por las ramas y el cuerpo de un tronco caído, lo suficientemente grande para que él pudiera entrar por él. Hermione se había desmayado en el trayecto, entre la velocidad, el cansancio, el frío y las emociones, su cuerpo ya no había aguantado mucho. Volteó su cabeza hacia la joven, casi oculta por su pelaje y acarició su mente dulcemente. 
<<Hermione, Hermione… -susurró- Hermione, despierta>>
- Mmm… -murmuró pastosamente mientras su cerebro percibía las ondas mentales de Harry y la obligaba a despertar de su recaída. 
<<Despacio, te has desmayado y no debes hacer movimientos bruscos>>
- Me duele la cabeza -se apoyó en el codo y acomodó su cabeza en la palma de su mano- y esta ropa me está congelando. 
<<Deberías quitartela. Supongo que habrás traído muda>>
- Como me conoces -sonrió débilmente. Se movió a duras penas en medio del pelo, con la intención de bajar de su lomo. El lobo se tumbó suavemente para que el descenso fuera mínimo y su cuerpo se deslizó por si solo hasta que sus pies tocaron el suelo, esperó pacientemente a que tomara el aliento y se incorporó de nuevo cuando dio los primeros pasos. 
<<¿Mejor?>>
- No creo que esté bien del todo hasta mañana. Voy a cambiarme, ¿te importa? 
<<Oh, si, claro>> -entendió claramente y dio media vuelta para vigilar la entrada. Ella aprovechó para quitarse toda la ropa mojada, rebuscó en su bolso la muda que había cogido, se secó lo mejor que pudo y volvió a vestirse, observando de vez en cuando a Harry por si le daba por mirar, sabia que no lo haría, era muy respetuoso con ella. De repente, un estornudo involuntario salió con brusquedad de su nariz y su cuerpo cayó de culo, provocando la atención del lobo. 
- ¡Au! -se lamentó la joven. 
<<¿Estás bien?>> -preguntó, acercándose rápidamente a ella. 
- Si… he estornudado y me he caído -sorbió por la nariz y avergonzada, se acarició la nuca y se sujetó al tronco para levantarse. El morro de Harry se colocó en su espalda y con un pequeño impulso, ya estaba de pie. 
<<Es posible que hayas cogido un resfriado>>
- Con esta lluvia, me parece de lo mas razonable la verdad -asintió, sacando un pañuelo del bolso para sonarse. Observó a Harry un momento y se recreó en su nueva forma, desconcertada, maravillada y molesta al mismo tiempo- ¿por qué no contaste nada? 
<<¿Qué?>> -preguntó cuando ella habló, sin saber muy bien qué había dicho. 
- Esto -señaló su transformación en licántropo o lobo enorme. Ya ni sabia- ¿por qué te lo callaste? ¿por qué no dijiste nada?… ¿por qué no me dijiste nada? 
<<No lo sé…>> -respondió con total sinceridad mientras bajaba la cabeza, avergonzado.
- Podríamos haberte ayudado y sin embargo lo ocultaste. Los casos de licantropía a ser humanos de nuevo es como mucho irreversible, ¿sabes? -le tembló la voz. 
<<Lo siento… yo no quería esto… me bloqueé, no sabia como actuar. Tenia miedo, Hermione>> 
- Yo también tengo miedo. Miedo por ti y de lo que te pase. He cruzado medio Bosque Prohibido por ti y me encuentro que te has convertido en un licántropo o algo parecido.
<<Hermione… lo siento… lo siento de verdad>> -alzó la cabeza con el arrepentimiento, la vergüenza y el miedo en sus ojos verdes. ¿De qué servia seguir regañándolo? lo hecho, hecho estaba y lo cierto era que le importaba mas saber que estaba vivo que cualquier otra cosa, para eso había arriesgado su vida ¿no?. Acortó la distancia entre los dos y lo abrazó por el cuello, hundiendo el rostro en su pecho. El corazón de Harry latió a toda velocidad con su cercanía, agachó la cabeza para abrazarla a su manera y leves sonidos de placer brotaron de su pecho, disfrutando del momento y de esas sensaciones que parecían multiplicarse mas de lo normal. Podía percibir a la perfección el latir desbocado de su corazón de su amada, su perfume embriagador y natural, la textura y suavidad de su pelo, su piel, el tacto de sus manos, su respiración, todo un conjunto de cosas que la convertían en el amor de su vida, Hermione Granger. 
- Te perdono… y sólo me importa saber que estás vivo -musitó la joven, separándose un momento de él para buscar sus ojos. Esa mirada que ambos compartían era tan intensa y especial. Sonrió dulcemente y acarició su hocico con delicadeza. Harry tuvo que esforzarse a duras penas para no pronunciar esas palabras que tanto había querido decirle, esas palabras que guardaban todo ese amor que sentía por ella. 
<<Ahora si puedo decir que soy feliz, aún estando en esta forma, sólo porque estás tú aquí>> 
- Me alegro, Harry -susurró y un bostezo salió de sus labios. 
<<Estarás agotada. Tienes que descansar>>
- Menos mal que se me ocurrió la idea de traer una manta 
<<Contaba con ello>> 
Dicho esto, Hermione preparó lo necesario para dormir un rato, le costaría debido a todo lo vivido, pero debía intentarlo. Estaba realmente agotada. Creó un pequeño lecho con las ramas del árbol y se acostó, tapándose con su manta. 
- Buenas noches, Harry 
<<Dulces sueños, Hermione>> -susurró con voz profunda como si la arrullara. Se quedo tumbado en la entrada, observando como la lluvia arrasaba todo cuanto veía, no recordaba haber presenciado tal tormenta pero era todo un espectáculo, de eso no había duda. No se acostumbraba a su nueva condición de lobo, ni siquiera era capaz de recordar lo que había pasado aquella noche, su transformación, era un recuerdo tan doloroso que le costaba concentrarse en los detalles y las lagunas eran palpables. Apoyó la cabeza entre sus patas un momento y su mirada se perdió entre las gotas de lluvia. Las horas pasaron y notó que Hermione se movía, levantó la cabeza y la miró, estaba tiritando bajo la manta y murmuraba algo a duras penas. Preocupado, abandonó su posición y se acercó a ella, rozó su pelo con la nariz, sus labios cada vez eran menos rojos por el frío y se le ocurrió una idea. Buscó una posición cómoda y se tumbó, rodeando el cuerpo de Hermione con su enorme cuerpo de manera que su cabeza estaba recostada entre su estómago y su lomo, su cola reposó en sus piernas y su cabeza detrás de su espalda. Pronto la joven dejó de temblar debido al calor que despedía Harry, una sonrisa se formó en sus labios y se acurrucó más a él. Mas tranquilo, el lobo apoyó de nuevo la cabeza entre sus patas y cerró los ojos, bajó una oreja y la otra la dejó en alto, alerta, velando por el sueño de su amada. 

A la mañana siguiente, Hermione abrió los ojos pesadamente y estiró los brazos con un bostezo. Enseguida notó la ausencia de calor, ese mismo calor que la había acunado toda la noche y que había evitado que se muriera de frío. Adormilada, se apoyó en un codo y rascándose la cabeza, observó donde estaba. Todos los recuerdos de la noche anterior le vinieron a la mente: Harry desaparecido, licántropos, un toro púrpura, Ron petrificado, Harry encontrado y convertido en licántropo… Harry…
- ¿Harry? -lo llamó, buscando con la mirada. Ya era de día pero seguía estando un poco oscuro aquel refugio- Harry, ¿dónde estás?
- Estoy aquí -murmuró la tímida voz del chico y ella se dio cuenta de que sus oídos lo habían captado perfectamente y se levantó rápidamente del lecho.
- ¿Dónde? te estoy oyendo -caminó por la estancia- déjate ver
- Es que… no puedo -intentó explicarle y Hermione captó una pequeña figura oculta entre varias ramas. 
- ¿Por qué no? -se extrañó.
- No tengo ropa, Hermione -musitó casi con vergüenza. 
- Ohh -entendió entonces- espera ahí 
- No creo que me mueva -replicó como si fuera obvio. La joven volvió a su lecho, sacudió la manta con energía y se acercó prudentemente a su escondite- ten, tápate con esto.
- Gracias -alargó una mano que ella vio con claridad y se llevó la manta con él. Se cubrió de cintura para abajo y la anudó bien para que no se cayera- esto es otra cosa. 
- ¿Puedes salir ya? -le pidió casi con impaciencia. 
- Si -suspiró y salió de su escondite. Su corazón dio un vuelco cuando lo vio, completamente humano, ya no estaba el enorme lobo negro de anoche, simplemente él, un joven de diecinueve años y semidesnudo y algo sucio ahora mismo. No pudo evitarlo y se lanzó a sus brazos, ocultando su rostro en su cuello, Harry la recibió, percibiendo con la misma intensidad que ella todas aquellas emociones. La rodeó fuertemente con los brazos y sus dedos se hundieron en su cabello rubio y rizado. 
- Hermione… -susurró entrecortadamente.
- Harry… -murmuró ella también, sin importarle si olía mal o que estuviera sucio, sólo quería sentirlo. Había tenido tanto miedo la noche anterior de no volver a verlo nunca más. 
- Estoy aquí tranquila, estoy aquí -acarició su espalda con afecto. 
- Si, estás aquí -asintió con evidente alivio y gratitud.
- Hemos tenido una noche…
- ¿Sobrenatural? ¿extraña? ¿poco común? -enumeró con una débil risita. 
- Puede que todo junto -confesó riendo suavemente y ella lo imitó, desahogando tensiones- pero lo importante es que seguimos juntos y vivos. 
- Eso sin duda -alzó su rostro para mirarlo con ternura. Él sonrió cálidamente y besó su frente con cariño. <<Te amo tanto…>>, pensó para si en un largo suspiro. 
- Creo que va siendo hora de volver -murmuró a su pesar.
- Tenemos que contarle a los demás lo que te ha pasado 
- ¿Qué explicaciones puedo dar de esto? se me echarán encima
- Harry, no te preocupes, yo lo he comprendido, ellos también deben hacerlo. Ademas sé de alguien que te apoyará sin dudarlo.
- Luna -sonrió suavemente
- Ella misma, quien me preocupa es McGonagall 
- Voy a tener muchos problemas
- Querrás decir vamos. No pienso dejarte sólo en esto y los chicos tampoco. 
- Gracias, Hermione. Eso espero -retiró un mechón rizado de su frente con dulzura y la miró a los ojos, enamorado. 
- Harry… -dudó la joven, percibiendo esa mirada- yo… tengo que preguntarte algo. 
- ¿De qué se trata? 
- ¿Recuerdas… recuerdas esa noche después de lo de McGonagall?-le preguntó despacio. 
- Si… -murmuró. ¿Cómo olvidar lo cerca que había estado de rozar sus dulces labios? 
- ¿Qué fue lo que pasó? -se atrevió a buscar sus ojos y los dos compartieron una mirada intensa, sincera e intima, manifestando sus sentimientos. Harry tragó saliva, estaba pisando terreno peligroso. 
- Yo… no lo sé… -apretó la mandíbula, conteniéndose pero tenia tantas ganas de explotar que no sabia cuando lo haría, sólo deseaba gritar a los cuatro vientos todo el amor que sentía por ella. 
- Llevo pensando en esa noche mucho tiempo…
- Hermione… no tienes por qué darle importancia -la cortó suavemente, mintiendo tan evidentemente mal. 
- Harry, conmigo no sabes mentir, ¿sabes? -murmuró con tristeza.
- No te miento… -insistió.
- ¿Estás seguro? 
- Si, y ahora… ¿podemos dejar esta conversación, recoger todo e intentar volver a la escuela, por favor? -le pidió, casi le suplicó, para cambiar de tema. 
- Si… claro… -asintió, separándose de él con el corazón dañado por sus palabras. Era lo que quería oír, ¿por qué le dolía tanto? 
Mientras recogía sus cosas, Harry se asomó al exterior. La tormenta había cesado durante la noche pero había dejado un buen rastro: ramas caídas, pequeños hilos de agua, charcos de varios tamaños, algún árbol doblado por la fuerza del viento y un frío helador. Notó la presencia de Hermione a su lado y supo que ya estaba lista. A pesar de que era de día, el Bosque Prohibido seguía siendo tan sombrío como siempre y la huella de la lluvia le había proporcionado un efecto fantasmagórico poco deseable, no tenían ni idea de dónde estaban pero salieron del refugio y empezaron a andar, evitando los charcos y las ramas caídas. Hermione estornudó una, dos, tres veces, usó el pañuelo de la noche anterior y se frotó los brazos, al no tener abrigo de piel se estaba congelando lentamente, Harry la seguía preocupado, quería ayudarla pero no sabia si ella lo aceptaría. Intentaron recordar alguna parte del recorrido de anoche, sobre todo Harry que había estado transformado en lobo, olfateó el aire y frunció el ceño. 
- Por aquí -se adelantó y encabezó la marcha, dejándose guiar por su olfato. Era una lástima que la lluvia hubiera borrado sus huellas lobunas, habría sido más fácil, sin embargo encontró marcas de sus garras en pequeñas ramas y en el filo de los troncos, cerca de las raíces. Se detuvo para mirar a Hermione y sus ojos se abrieron de golpe.
- ¡Hermione! -exclamó, retrocediendo camino. La joven se había apoyado en un tronco, agotada y muerta de frío, no paraba de temblar y sus labios ya estaban azules. 
- Harry… -murmuró pastosamente y casi sin voz. 
- Dios mío, no -tocó su cara y la obligó a mirarlo- mírame, no cierres los ojos, mírame. 
- Harry… 
- Ven aquí -colocó una mano en su espalda, el brazo bajo sus rodillas y la levantó en vilo del suelo, acomodó su cabeza en su pecho y la apretó lo mas fuerte que pudo sin hacerle daño, para transmitirle su calor. Prosiguió la marcha, muy preocupado por ella y mirando su estado cada dos por tres, tenia que recibir calor rápido o sino se congelaría de verdad, ya le fallaba la respiración y su corazón latía débilmente. <<Vamos, vamos>>, se dijo una y otra vez. Tenia músculos de sobra para acelerar el ritmo pero temía resbalar y que ella cayera, debía ir con cuidado. Un rayo de esperanza lo animó cuando vio un iris resplandeciente al pie de un árbol, el iris, la flor de la esperanza, aquello era buena señal. Ya no quedaba mucho para llegar. 


Mientras tanto, en Hogwarts, los chicos no pudieron dormir en toda la noche y a las seis de la mañana estaban convocados en una sala privada El conflicto de opiniones entre alumnos y profesorado fue evidente, pronto toda la estancia estallaba entre exclamaciones y gritos. 
- ¡Ya está bien! -ordenó la directora, seria y autoritaria y todos los presentes se callaron de inmediato- ¿no estáis viendo lo que pasa? no estamos siendo objetivos en absoluto. 
- ¿Qué sugiere que hagamos, McGonagall? -preguntó Horace con prudencia. 
- Ya que lo pregunta, profesor Slughorn. Enviaremos un equipo de rescate para buscar a la señorita Granger y al señor Potter en el perímetro que yo elija para ir al Bosque Prohibido. 
- ¿Nosotros podemos formar parte de ese equipo? -preguntó Ginny. 
- Si, eso no lo dudéis. Dividiré el equipo y repartiremos las zonas y si en 24 horas no los…
- ¡Directora McGonagall! -gritó alguien entrando bruscamente en la sala. Era el portero de la escuela. 
- ¿Qué es lo que ocurre? ¿por qué este escándalo? 
- Alguien se está acercando a la entrada. Son dos personas. 
- ¡Harry y Hermione! -exclamaron Ron y Ginny al mismo tiempo y todos los chicos se levantaron a toda velocidad, cruzando la puerta. Ni tiempo tuvo McGonagall de llamarles la atención y en su lugar, ordenó a los profesores que la acompañaran. 
Efectivamente, Harry había encontrado por fin el camino correcto y se aproximaba a la entrada con paso firme y con Hermione en brazos, tenia mejor aspecto, su piel había vuelto a adquirir color y el tono azul de sus labios había desaparecido pero seguía recibiendo mucho frío. 
- ¡Harry! -gritó Ron con voz ronca, henchido de alegría pero en cuanto vio a Hermione, inconsciente en sus brazos, su expresión cambió. 
- Necesita ir a la enfermería -les informó, sin preocuparse ahora de ellos, ni del alivio y la alegría de verlos a todos, sólo le preocupaba Hermione ahora mismo. 
- Señor Potter -lo llamó McGonagall cuando lo vio, tremendamente aliviada. Florecer un iris había dado resultado, después de todo. 
- Voy adentro -murmuró sin detenerse y con su pelotón de amigos detrás de él. 
- Harry -dijo Andrew, posando una mano en su hombro- ¿dónde has estado? ¿qué ha pasado? 
- ¿Y qué haces en paños menores? -aportó Fred. 
- Es una larga historia… -se limitó a responder el ojiverde mientras entraba en la escuela y las puertas se cerraban. 















jueves, 23 de mayo de 2013

Buscando a la bestia


CAPITULO XIV

Buscando a la bestia




- ¿Alguien puede decirme a que se debe tanto escándalo? -exigió McGonagall, acercándose al profesorado.
- Creemos que es una especie de animal, por la oscuridad no lo vimos bien. 
- Es un licántropo -interrumpió Ron, perseguido por Neville, Andrew y Fred. 
- ¿Qué ha pasado? hemos oído todo el ruido -intervino la preocupada voz de Hermione con Ginny, Katie y Luna. 
- ¿Qué vio exactamente, señor Weasley? 
- La ventana de nuestra habitación nos despertó al ser destrozada y vimos una sombra caer hasta el cuarto piso. Creemos que se ha llevado a Harry, no estaba en su cama.
- ¡¿Qué?! -exclamaron Hermione y Ginny al mismo tiempo, con voz quebrada. 
- ¿Está seguro de eso? -murmuró la directora con expresión sombría y seria- es muy grave. 
- ¿Podría explicar la desaparición de Harry? no está aquí -insistió Ron, con la mandíbula apretada y con la ira reflejada en sus pupilas- tenemos que encontrar a ese monstruo y recuperar a Harry. 
- Hoy es luna llena, señor Weasley. Todos los licántropos que hay ahí afuera están más que despiertos a estas horas. Es un rescate suicida y ni siquiera usted puede afirmar la desaparición del señor Potter. 
- ¡Pero no podemos dejar que se vaya! ¿y si realmente Harry está en peligro y nosotros aquí discutiendo sobre si rescatarlo o no? -exclamó Hermione, desesperada y con el corazón en la mano. McGonagall la miró fijamente a los ojos, seria y lo que vio en sus ojos castaños, la enterneció, comprendiendo la verdad, pero aún así el permitir que fueran en rescate de un posible secuestro, pondría en peligro sus vidas y eso era algo que ella no podía permitirse. 
- Los profesores y yo iremos a inspeccionar la zona. Vosotros quedaos aquí -respondió al final. 
- No puede dejarnos aquí en espera cuando nuestro amigo está en peligro -se quejó Ron. 
- Sus palabras no cambiarán mi decisión, señor Weasley. 
- Piénselo. Déjenos ir a nosotros al menos -señaló a Neville, Andrew y Fred- podemos ser de ayuda. 
- Y nosotras -aportó Ginny, dispuesta como las demás. 
- He dicho que no y es mi última palabra. No me obliguéis a usar la fuerza con vosotros, ya sois adultos. -les dirigió una mirada seria y autoritaria que no admitía queja ni contestación. Los chicos vieron con impotencia cómo los profesores eran guiados por la directora a buscar a ese licántropo. 

- ¡No es justo! ¡maldita sea! -bramó Ron en la sala común de Gryffindor, golpeando una pared con la palma de su mano. 
- Ron, ¿qué viste exactamente? -le urgió la castaña. 
- ¿No me oíste? me despertó a mi y a los demás el cristal de la ventana cuando se rompió en trocitos. No vi quién saltó pero cuando nos asomamos, esa… esa cosa estaba en el cuarto piso como si no le hubiera pasado nada. La cama de Harry estaba vacía -hundió los dedos en su pelo, muy nervioso y cabreado. 
- ¿Y no viste u oíste nada antes de eso? 
- ¡Que no, maldita sea! estaba dormido -exclamó airado. 
- ¡Pues quizás deberías prestar más atención! -le respondió con otro grito, movida por la preocupación y el latir desenfrenado de su corazón.
- Vamos, chicos, calmaos -los separó Ginny con un firme empujón- no es hora de enfadarse en una situación así. El pelirrojo bufó, mosqueado y les dio la espalda, Hermione tragó saliva y dejó que su cuerpo cayera pesadamente en uno de los sillones individuales de la sala, derrotada y cerró los ojos, aguantando las ganas que tenia de llorar ahora mismo, y Ginny suspiró, comprendiendo ambos estados de ánimo. 
- No podemos quedarnos quietos aquí -volvió a repetir Ron, por enésima vez. 
- Ya has oído a McGonagall -comentó Fred. 
- ¡Me importa una mierda lo que diga! que esto no es un juego. 
- ¿Quieres que te expulsen, genio? -saltó Neville, algo poco común en él. 
- ¿Expulsarme por qué? ¿por intentar ayudar a encontrar a mi mejor amigo? 
- Entendemos cómo te sientes. Todos aquí estamos preocupados e impotentes pero ahora no es momento de dejarte llevar por tus impulsos imprudentes -argumentó Andrew con razón. 
- Andrew tiene razón. Los licántropos son más peligrosos de lo que piensas -susurró Luna con la dulzura propia de su voz, como si todo aquello no le afectase.
- Pues los destruiré. No me dan miedo esas bestias o como quieran que se llamen -gruñó, muy seguro de si mismo. 
- Ron, cállate, no estás ayudando nada -intentó tranquilizarlo su hermana. 
- No me digas que me calle. 
- No te vendría mal una infusion relajante 
- Dudo mucho que algo me relaje en estos momentos.
La cabeza le daba muchas vueltas, las voces de sus amigos se agolpaban en su mente, dañando sus terminaciones nerviosas y provocándole un dolor de cabeza terrible. El tono irritante y furioso de su novio la apuñalaba una y otra vez y cada miembro de su cuerpo se tensó, las facciones de su rostro se marcaron y sus ojos llamearon con intensidad, desintegrando las lágrimas contenidas. Alzó la cabeza con la dureza explícita en su rostro, fulminó con la mirada a Ron que estaba gesticulando y lanzando voces con su hermana y los chicos, se incorporó despacio y sus dedos jugaron con su varita apretada en un costado. 
- ¿Hermione? -la llamó Katie con voz titubeante. Pero ella no la oyó sólo miraba fijamente a Ron mientras la rabia burbujeaba en su interior. 
- ¡Petrificus Totalus! -exclamó de repente con voz enérgica al mismo tiempo que agitaba su varita en dirección a Ron. La única reacción que tuvo el pelirrojo antes de petrificarse, fue soltar una exclamación de sorpresa. Sus miembros se pegaron bruscamente a sus costados y la fuerza del hechizo impulsó su cuerpo hacia atrás. Todos se quedaron mirándola entre sorprendidos, estupefactos y aturdidos. 
- ¡Hermione! ¿qué has hecho? -soltó primero Ginny, señalando a su hermano. 
- Pues le ha lanzado un hechizo de petrificación -respondió Luna. 
- No me refiero a eso, tonta -la riñó de mal humor. 
- Me estaba poniendo enferma -murmuró la castaña con voz tensa mientras bajaba la varita. 
- Vaya… desde luego prefiero el Petrificus Totalus que me hiciste en el primer curso -comentó Neville, observando a Ron, muy bien petrificado- definitivamente es mejor no mosquearte.
Luna se acercó a Ron y se arrodilló para analizarlo. 
- Va a tardar un rato en volver a la normalidad. 
- El hechizo sólo dura minutos -se extrañó Ginny. 
- Si, pero ya sabemos lo experta que es Hermione pronunciando conjuros. No se deshará tan fácilmente, ¿verdad, Hermione? 
- Verdad -respondió la joven sin apenas mover los labios. Dicho esto, les dio la espalda en dirección al cuarto de las chicas y cerró la puerta de un portazo. 
- Hay que tener paciencia con ella -apuntó Fred con las manos en los bolsillos. 
- Nunca la había visto de esa manera -dijo Ginny, preocupada. 
- Harry ha desaparecido y es su mejor amigo, al igual que Ron -susurró Luna- debe tener muchas emociones acumuladas en su corazón. 
- Si… -murmuró la pelirroja, comprendiéndolo- puede que tengas razón, Luna. 
- Tenemos que relajarnos, sé que no es fácil pero es lo único que podemos hacer hasta que vuelvan todos -suspiró Neville. 


No podía permanecer allí mucho mas tiempo, era algo impensable para ella quedarse quieta en la escuela cuando Harry estaba ahí fuera, secuestrado o no, en peligro o no. Aquellos impulsos que su corazón producía no eran normales, lo sabia, su cabeza se lo decía una y otra vez, pero ¿qué podía hacer? ¿quedarse de brazos cruzados?, todos la tenían como la alumna perfecta y recta, que no rompía nunca un plato, la mas inteligente de la clase, la que nunca rompía las normas. Pero ya no podía hacerlo, últimamente el querer la empujaba más que el deber y su corazón sólo le decía una cosa: buscar a Harry. Sin pensar, cogió su bolso, eligió una muda de ropa, algunas provisiones y ciertos objetos que podrían serle útiles, se aseguró de estar bien abrigada y se pegó a la puerta del cuarto. Giró el picaporte muy lentamente para no hacer ruido, la abrió y cerró rápidamente.
- Caeca Temporalis -murmuró haciéndose invisible al escuchar las voces de sus amigos. Bajó las escaleras con rapidez y salió de la sala común de Gryffindor. En cuestión de minutos, ya estaba fuera del castillo al descubierto debido al agotamiento del hechizo, alzó la mirada a la Torre de Gryffindor y susurró un "Lo siento" sincero hacia sus amigos. Esquivó la casa de Hagrid y el Sauce Boxeador pero descubrió que McGonagall había provisto de dos porteros interesantes en la frontera hacia el Bosque Prohibido: estatuas vivientes. Seria muy fácil hacerse invisible pero dudaba de que la directora fuese tan tonta. Sus ojos buscaron la luna llena un momento, debía admitir que era muy bella, puede que no tuviera ni idea de licantropía pero podía entender la razón de esas criaturas, de sentirse atraídos por ella. Al observar ligeras nubes a su alrededor, se le ocurrió una idea que podría funcionar. 
- Luctus Niebla -murmuró con la varita apuntando hacia las nubes. El hechizo surtió efecto y éstas se movilizaron sutilmente en el cielo y se deslizaron hacia abajo, cubriendo el paisaje de una débil niebla que dificultaba un poco la vista. Las dos estatuas se miraron, extrañadas y dieron unos pasos hacia atrás cuando la niebla les rozó. Hermione sonrió y seguidamente su mente pronunció otro hechizo: "Fumos", y su cuerpo fue envuelto por una capa de humo idéntica a la niebla, salió de su escondite, confundiéndose con ella y burlando a esos guardias de piedra. Una vez dentro del Bosque, deshizo ambos hechizos y el ambiente volvió a la normalidad, se afirmó bien el bolso al hombro y se internó maleza adentro. 


Una hora después, el efecto del hechizo desapareció y Ron volvió a la normalidad. Ginny y Luna estaban sentadas a su lado con las piernas cruzadas y reaccionaron cuando él se movió. 
- ¡Ron! -dijo su hermana, aliviada de que estuviera bien- ¿estás bien? 
- Si, eso creo -farfulló con voz pastosa. Estar petrificado era algo muy desagradable, era como no tener vida.
- Luna, ayúdame a incorporarlo un poco 
- Claro -asintió la joven y las dos lo sujetaron de un brazo y lograron sentarlo. 
- Menuda recaída, chaval -bromeó Fred. 
- Una hora petrificado, un récord para la inteligente Granger -apuntó Andrew. 
- ¿Dónde está? -exigió Ron con voz grave.
- En nuestro cuarto, no ha salido desde que te petrificó -murmuró Ginny. 
- Ahora mismo, voy a hablar con ella.
- Yo que tú no lo haría ¿y si está durmiendo? 
- ¿Aún no conoces a Hermione? -gruñó el pelirrojo, terminando de levantarse él sólo. Movió las muñecas, el cuello, los brazos y los pies, comprobando que todo estuviera bien. Apartó a Ginny de su camino y se dirigió a la puerta de la chicas.
- Ron, no puedes entrar ahí -le advirtió su hermana.
- Eso ya lo veremos -aporreó la puerta- ¡Hermione, sal de la habitación!, sé que estás ahí dentro y no estás dormida. 
- Baja la voz, son mas de las dos de la mañana. ¿Acaso no puedes controlar tu genio? -se quejó Neville con sensatez. 
- Deberías entenderme después de que petrificara a ti primero. 
- Me lo merecía, al igual que tú te lo mereciste ahora. 
- ¡Hermione! -volvió a llamarla a voces.
- ¡Ya basta! -se hartó la joven Weasley, acercándose y empujándolo de la puerta- eres un maleducado. 
- ¡Me ha petrificado! 
- ¡Te lo merecias!
- Gracias 
- De nada, Neville -le respondió al chico antes de mirar de nuevo a mi hermano- ¿cuándo aprenderás a controlar ese mal genio que sólo te trae problemas? ¿qué esperabas que hiciera ella? ¿apoyarte? ¿darte un abrazo de consuelo? ni siquiera has sido delicado con ella. 
- No te atrevas a hablarme así, Ginny. Me debes respeto, soy tu hermano mayor.
- Pues quien lo diría. Pareces un niño con cuerpo de hombre. Debería darte vergüenza. En vez de ayudar, lo único que haces es empeorar las cosas, ¿de verdad piensas encontrar a Harry así? ¿crees que todos los de esta sala no estamos igual que tú? ¿quién te crees que eres? -lo encaró, mirándolo fijamente a los ojos, enfadada, decepcionada y muy seria. Una cosa estaba clara, de los Weasley, Ginny ganaba en carácter por KO a todos sus hermanos. 
- Ron, tranquilo -susurró Luna, rozando su brazo con duda- ésta no es la manera, ven-. Con la mandíbula apretada y los nervios a flor de piel, Ron se viró hacia la chica y sus dulces ojos celestes lo miraron con serenidad. ¿Cómo podía estar tranquila? ¿cómo era capaz de mantener la calma en los momentos más críticos? no lo entendía, y todavía era incapaz de entenderlo, pero la cálida expresión de Luna le llegó con suavidad, calmando su temperamento y aliviando su tensión. Suspiró largamente y asintió tras unos minutos, volvió a mirar a su hermana. 
- Habla tú con ella, yo esperaré aquí -musitó lo suficiente para que la oyera y luego se dejó guiar por Luna a uno de los sillones. Ginny se pasó una mano por el pelo y respiró hondo varias veces, calmándose a duras penas, cuando se enfurecía así con su hermano le costaba recuperarse bien. Dos minutos después, abrió el picaporte y entró en el cuarto. 
- ¿Hermione? -susurró por si estaba dormida- Hermione, soy yo, Ginny, ¿estás despierta?-. Pero al llegar a su cama, su corazón dio un vuelco: estaba vacía, las sábanas estaban movidas y su bolso y su varita no se encontraban en la mesa de noche. <<No puede ser>>, pensó, horrorizada al saber lo que había hecho. Dio media vuelta rápidamente y salió a trompicones del cuarto. 
- Ginny, ¿qué pasa? ¿por qué esas prisas? -interrogó su hermano Fred al verla irrumpir tan bruscamente.
- ¡Es Hermione!, no está
- ¡¿Qué?! -exclamaron todos al mismo tiempo. 
- Lo sabia, lo sabia, lo sabia -masculló Ron, levantándose, de nuevo con su mal genio. De poco le había servido la mansa presencia de Luna. 
- Se ha ido, maldita sea, tuvo que haber usado un hechizo de invisibilidad. 
- ¿Quién se ha ido? -intervino entonces la voz de McGonagall, entrando por el retrato de la Señora Gorda y deteniendo el avance de Ron. 
- McGonagall -murmuró Ginny.
- Menos mal que han vuelto, Hermione se ha escapado 
- Eso es imposible -musitó la directora.
- Imposible o no, se ha ido y hay que encontrarla. Como haya entrado en el Bosque Prohibido, estamos perdidos, ¿me oye? 
- Cálmese, señor Weasley, está siendo de lo mas impertinente 
- ¿Han encontrado algo de ese licántropo? ¿lo han visto o perseguido? -preguntó Neville, preocupado. 
- Lo estuvimos persiguiendo pero se alejó demasiado del perímetro de la escuela. No vimos al señor Potter en ningún lado -informó rápidamente. 
- Tenemos que ir a por Hermione. 
- Por una vez, señor Weasley, le doy la razón. Vamos todos -se hizo a un lado con la mano en el retrato para que todos pudieran pasar y junto con los profesores, volvieron al Bosque Prohibido a buscar a Hermione y a Harry si fuese posible. 


- ¡Harry! ¡Harry! -gritó Hermione, llamando incesante. Apartó una rama de su camino y prosiguió su camino, adentrándose cada vez mas en el bosque. No era consciente del peligro que podía correr gritando de esa manera, cualquiera podría atacarla en un emboscada perfecta. Pero eso a ella parecía no importarle si así encontraba a Harry. Sus pies la condujeron hacia un pequeño lago que le resulto familiar, era el mismo lago donde Harry había luchado por primera vez contra los dementores para salvar a su padrino Sirius. Inspiró hondo, no era el momento de recordar ahora, cruzó el lago en linea recta, empapándose desde la canilla hasta el talón y piso tierra al otro lado. Se sacudió el agua que sobraba, hizo una mueca y miró hacia el frente; la oscuridad ya era demasiado palpable así que optó por usar la varita y ayudarse del hechizo Lumos para poder ver bien el entorno. Volvió a llamarlo, preocupada, debía encontrarlo, no podía haber desaparecido así sin mas, algo debió haber pasado. <<Llevo varios días, sintiéndome un poco extraño. No sé como explicarlo…>>, las palabras de Harry resonaron en su cabeza de aquella noche cuando la pilló en el despacho de la directora, y se detuvo un momento. ¿A qué se refería Harry con "sentirse extraño"? pues, tal vez, al rescate a Angelina, su pulso con Walter informada por Neville, sus encuentros por causas poco comunes… definitivamente Harry tenia razón al decir que se sentía extraño, pero seguía preguntándose a qué se refería. Entonces un crujido a sus espaldas la sobresaltó y se giró bruscamente con la varita en alto, iluminando el camino. Nada. Frunció el ceño y se mantuvo alerta y firme, arrinconando el miedo que empezaba a florecer en su interior. <<Te has enfrentado a cosas peores. Sea lo que sea, puedes con ello>>, se dijo a si misma, dándose fuerzas. Retrocedió un paso sin dejar de mirar en dirección hacia el ruido, otro crujido la obligó a girarse a su izquierda pero no abandonó su posición en ningún momento. Fuera lo que fuese, estaba jugando con sus emociones y los arbustos cada vez se movían mas y no sabia si por el viento, la nieve o si de verdad había algo o alguien escondido que quisiera atacarla en cualquier momento. El vaho salía de sus labios por cada lenta respiración que hacia, conteniendo el aliento e intentando no hacer movimientos bruscos. Entonces lo vio, un destello púrpura a cien metros de ella: era una bestia grande, fuerte y jorobada, y apoyaba su cuerpo en cuatro grandes zarpas de cuatro dedos y dos cuernos sobresalían de su cabeza, era difícil catalogar aquella especie en algún lugar de las muchas criaturas mágicas pero no sabia si era un toro mutante o algo parecido. Se mantuvo inmóvil en el sitio y lentamente, deshizo el hechizo Lumos para no alterar a esa criatura que parecía expresar una cara de pocos amigos. La bestia husmeó en el aire y rasgó la tierra con su zarpa delantera sin dejar de mirar a la intrusa, Hermione tragó saliva, temiendo lo peor. De repente, la criatura abrió los ojos enfurecido al percibir su olor y con un bramido, galopó hacia ella con los cuernos por delante y ella reaccionó al mismo tiempo. 
- ¡Confundus! -exclamó rápidamente, apuntando hacia él. Pero el hechizo no surtió ningún efecto en la bestia y tuvo que rodar hacia un lado para esquivar la cornada- ¡Desmaius!-.
Con un seco movimiento de sus cuernos, desvió el rayo del hechizo y volvió a cargar contra ella. Hermione se incorporó y echó a correr con todo el impulso que le permitieron sus piernas. La nieve no ayudaba mucho a correr mas deprisa, a pesar de que llevaba calzado adecuado y esa mole avanzaba tan deprisa que no sabia cómo lo hacia de lo grande que era. 
- ¡Herbivicus! -exclamó, sin dejar de correr. De la nieve, surgieron plantas trepadoras y empezaron a crecer y a crecer, interponiéndose en el camino de esa especie de toro y con un rápido movimiento, se enredaron en su cuerpo deteniendo su avance. El animal enloqueció y se rebeló contra aquellas plantas que osaban intervenir en su carrera con aquella intrusa. Arañó, mordió y usó los cuernos en un violento intento de escaparse mientras Hermione adquiría ventaja y lo dejaba atrás. Entonces, se oyó un pequeño estallido y empezó a llover con fuerza en el Bosque Prohibido, en cuestión de segundos ya estaba empapada de pies a cabeza. <<Genial, esto no puede ir peor>>, masculló, un poco decepcionada por el cambio de clima. Su pensamiento fue abruptamente suspendido al escuchar un bramido demoledor, su conocido territorial, ese toro, se había librado de las plantas y se dirigía a toda velocidad hacia ella, muy furioso. Con el pulso acelerado, intentó no mirar atrás para intentar distraerlo de cualquier manera pero entre la nieve y la fuerte lluvia, sus piernas no tardaron en fallarle y resbaló por el terreno fangoso y helado. Rodó sin control, en llano, hasta que su espalda chocó bruscamente contra una roca y un gemido brotó de su garganta. Parpadeó a duras penas con las gotas punzando sus ojos y sólo pudo distinguir un punto violeta con el objetivo de clavarle sus cuernos hasta el fondo. Un escalofriante aullido quebró el ambiente, el vello se le puso de punta, a la bestia pareció no importarle ese sonido y Hermione sólo podía pensar: "¿Ahora un licántropo? estoy perdida". Había sido una estúpida, arriesgando su vida en aquel bosque y siendo derrotada y humillada por un toro que parecía ser inmune a algunos hechizos, empapada y sucia y con el cuerpo magullado, menudo final, no sabia que prefería, si ser apuñalada por ese animal de feria o ser despedazada por un licántropo, ¿qué mas daba?. Ya se acercaba, sólo le quedaban unos metros para realizar su mejor jugada y cerró los ojos, esperándolo. De repente, una gran sombra la ocultó del mundo exterior, haciendo de escudo entre ella y el jorobado…












domingo, 19 de mayo de 2013

La transformación


CAPITULO XIII

La transformación





Ginny abrió los ojos en la enfermería unas horas después y una agradable calidez la inundó al notar las mantas que cubrían su cuerpo en la cama donde reposaba. Parpadeó varias veces y un rostro familiar ocupó su campo de visión. 
- ¿Ron? -dudó unos segundos.
- Si, cariño, soy yo, qué bien que has despertado -susurró su hermano, acariciando su pelo con ternura- ¿cómo te encuentras?
- Un poco mareada pero bien creo -se movió un poco para acomodar mejor su postura. 
- Eso me alivia bastante. Has estado a punto de ahogarte, casi me matas de un buen susto, Ginny.
- Lo sé y lo siento, no pensé k ocurriría eso. 
- Menos mal que ya estás bien -tragó saliva al recordar como se había hundido de bruces en el hielo, se le ponía la piel de gallina. 
- ¿Qué ocurrió después? no recuerdo mucho... -quiso saber, bostezando involuntariamente. Solo recordaba haberse hundido y a la oscuridad nublar sus ojos, y quizás una mano dirigiendose hacia ella... espera... había algo mas... esa mano era mucho más cálida de lo que parecía, una mano posándose en su espalda que irradiaba mucho calor. 
- Harry, ven, Ginny ya despertó -exclamó entonces la voz de Hermione irrumpiendo en la sala. Ambos jóvenes se aproximaron inmediatamente a la cama de su amiga. 
- Hola, chicos -esbozó una sonrisa, contenta de verlos. 
- Ginny, cuánto me alegra verte despertar -suspiró el ojiverde sentándose en el borde opuesto al de Ron y se inclinó para besar su frente- no vuelvas a hacer esa locura.
- Harry tiene razón -medio sonrió Hermione, mirando a su amiga con cariño- nos has tenido muy preocupados a todos.
- Ya lo ha reconocido -dijo Ron, tranquilizando el ambiente. 
- Me alegra veros a todos, es agradable despertar y ver a tus amigos 
- Y a tu novio -añadió Ron con cierta diversión y Ginny y Harry tuvieron que verse forzados a sonreír debido a la situación tan comprometedora. 
- ¿Alguien podría decirme qué ocurrió después del accidente? -volvió a preguntar dada la interrupción de Hermione y Harry. 
- ¿Qué importa eso ahora? lo importante es que estás bien y que pronto saldrás de aquí -sonrió Ron, acariciando el dorso de su mano pero rehuyendo su pregunta. No era relevante decirle quien había sido su salvador.
- ¿Harry? -lo miró interrogante al notar la negativa de su hermano. El joven le devolvió la mirada un momento y luego suspiró.
- Fue Kylan -respondió en un murmullo. La reacción de Ron seria previsible pero supo contenerse y apretó ligeramente los labios para evitar responder. Ginny abrió mucho los ojos sorprendida.
- ¿Estás hablando en serio?
- Eso parece, yo sólo vi como te sacaba
- El resto presenciamos cómo se lanzó de cabeza al agua -aportó Hermione suavemente- ¿de qué conoces a ese Slytherin?
- No lo conozco realmente. Pero me he cruzado con él por la escuela un par de veces -se limitó a decir.
- Y bailaste con él en el Baile de Otoño -casi masculló su hermano a regañadientes.
- Ron, cielo, deja de fingir que no estás agradecido por lo que ha hecho, aunque sea de lo mas extraño.
- Por eso mismo no estoy muy conforme
- Te recuerdo que Ginny ha estado a punto de ahogarse hace unas horas. ¿Podrias dejar tu orgullo a un lado? -le pidió la castaña con una mirada severa.
- Claro...
- ¿Dónde está ahora? -quiso saber Ginny para sorpresa del resto.
- Nos siguió hasta la enfermería pero en cuanto Ron te puso en la cama, desapareció -comentó Hermione
- A mi me atendieron a parte -añadió Harry.
- Entiendo. Gracias
- Hola, buenas tardes, chicos -intervino la amable voz de Irene- me alegra verte despierta, Ginny. ¿Cómo te encuentras?
- Caliente y comoda -sonrió intentando ponerle un poco de humor al asunto.
- Eso es bueno ciertamente -le devolvió la sonrisa de buen grado.
- Irene, ¿cómo está Angelina? -preguntó Harry preocupado.
- Pues no está nada bien, Harry. Al estar mucho tiempo en contacto con agua helada, su temperatura ha bajado muchísimo. Tiene una hipotermia seria, la hemos llevado a una sala especial para aislarla lo mejor posible.
- ¿Se pondrá bien?
- Eso espero. Le hemos quitado la ropa y su cuerpo está cubierto totalmente por ropa térmica y seca, varias mantas y la luz de su cuarto posee un núcleo de calor que calienta la habitación.
- ¿Pero ha despertado? -inquirió la castaña.
- No, en estas dos horas no ha despertado, no ha dejado de temblar, su respiración y sus latidos son débiles. Sólo espero que se caliente de aquí hasta la noche porque sino su estado puede empeorar aún más.
- Dios... -se lamentó Harry masajeándose la nuca, con nerviosismo.
- Si no hubieras llegado a tiempo, probablemente no habríamos podido hacer nada... -murmuró Irene con cuidado pero dándole a entender la importancia de su rescate.
- La verdad es que ha sido increíble lo que has hecho, Angelina te debe su vida -asintió Ron.
- Y... ¿cuándo podrá salir Ginny? -se aclaró la garganta, cambiando de tema.
- Probablemente mañana al mediodía, estarás en observación todo el día, ¿te parece bien?
- Usted es la enfermera, sabe más que yo
- Tratame de tú, Ginny -le corrigió suavemente y ella asintió- tu temperatura está en sus grados normales pero por si acaso te dejaremos aki hasta mañana.
- Está bien
- Gracias -sonrió Ron, aliviado de que su hermana saliera pronto.
- Si necesitan algo, no duden en llamarme -volvió a sonreír y se marchó. El silencio reinó en la habitación, preocupados por el estado de Angelina.



Ese mismo día, en Hogsmeade, el ambiente era completamente distinto. Apenas se apreciaban las pequeñas casas y los bares del pueblo debido a la densa nieve. McGonagall pisó firmemente el suelo con sus gruesas botas de piel y se sujetó bien el gorro que cubría su rostro, el hombre que la acompañaba le abrió la puerta de uno de los bares y ambos entraron, refugiándose del frío. El bar parecía tranquilo y debido al calor que despedía el ambiente, estaba bastante lleno pero los dos se abrieron paso fácilmente y subieron las escaleras hacia la segunda planta. 
- Muy bien, ya estamos solos -habló el hombre, rompiendo el silencio después de cerrar la puerta- ¿para qué querías verme con tanta urgencia, McGonagall? 
- Se trata de algo muy serio, amigo mío -respondió la directora, deslizando la capucha hacia abajo, él se adelantó y le ayudó a quitarse el abrigo- gracias. 
- Por favor, cuéntame -esperó pacientemente a que tomara asiento y  repitió su movimiento a su lado. Hablaba el inglés y el español a la perfección pero se apreciaba un leve acento rumano- nunca te había visto de esta manera, tan… cautelosa y preocupada. 
- Tengo motivos sólidos para estar de esa manera, créeme 
- Pues no retrases mas esto y habla. Te escucharé -posó una mano en su hombro, en señal de apoyo. 
- Te lo resumiré con una sola palabra, pues con ella entenderás todo -inspiró hondo varias veces, alzó la cabeza para mirarlo a los ojos unos segundos y murmuró- licántropos… 
El hombre se tensó abruptamente y su mano en el hombro de McGonagall lo oprimió sin darse cuenta, apretó la mandíbula y todos las facciones de su rostro se contrajeron en una expresión dura y seria. 
- Licántropos -masculló entre dientes. 
- Si… 
- Es imposible
- Atacaron mi escuela hace días -soltó de repente. 
- ¿De qué estás hablando? ¿Hogwarts? ¿por qué? -se levantó rápidamente y buscó su mirada, inquieto. 
- Por algo que debí haber destruido hace mucho muchísimo tiempo 
- ¿A qué te refieres, McGonagall?, yo estuve contigo en esa guerra, no quedo nada. ¿A qué te refieres? -se acuclilló frente a ella, impaciente. Observó como sus manos temblaban en su regazo y un terrible presentimiento se cernió en su mente y en su interior. 
- No puedo decirtelo… -murmuró entonces, sorprendiéndolo.
- ¿Cómo que no puedes contarmelo? -exclamó incrédulo.
- No puedo. Juré no desvelar absolutamente nada -musitó, apenada y muy nerviosa. 
- Nunca nos hemos ocultado las cosas, ¿por qué ahora? 
- Sirhan, por favor, no compliques mas las cosas. Necesito tu ayuda, por eso te llamé -exclamó a media voz, casi suplicando- nunca pensé que esto pasaría, pero los licántropos han vuelto y tienen en su poder algo de suma importancia, mas importante que nuestras propias vidas. 
- Minerva, lo que me estás contando es muy grave. No sé cuánto pero por tu expresión y tus palabras, estás desesperada. 
- Intento mantener las apariencias pero me preocupa mi escuela y mis alumnos, y sobre todo el mundo mágico y no mágico. 
- Debemos pedir ayuda entonces. Reunir todos los magos de confianza que puedas. 
- No creo que sea suficiente. Si los licántropos consiguen su objetivo, vamos a necesitar mucho mas que eso. Tú sabes de lo que son capaces los licántropos. 
- Y vaya que lo sé… -asintió de acuerdo- pero si te muestras cerrada conmigo, nunca sabré a que nos enfrentamos. 
- Entiende que no puedo, quiero pero no puedo. Lo juré, y no cualquier juramento. 
- ¿El juramento inquebrantable? -inquirió, sorprendido por tal afirmación. 
- Si. Tuve que hacerlo, me obligaron desde que supe su existencia. Me lo confiaron a mi y ahora todos corremos peligro. Es mi responsabilidad. 
- Tranquila, tranquila -se incorporó, volvió a sentarse y la atrajo con suavidad y tacto a su hombro. Ella no opuso resistencia y reposó en su hombro agotada- no sé de qué se trata. Pero recuperaremos lo que te han robado. Te lo prometo. 
- Eres la persona en quien más confío, Sirhan -susurró quedamente- he estado ausente durante semanas, hablando con gente importante del Consejo. 
- ¿Están al tanto de la situación? 
- No he podido dar muchos detalles como habrás podido comprobar. Pero si di a entender que esto es grave y preocupante. No quisieron escucharme… ya sabes como es el Consejo, son estrictos, calculadores y si no hay pruebas o hechos factibles, no aportan ayuda en absoluto. 
- Nunca creí que diría esto pero eres una caja de sorpresas. 
- Dumbledore solía decirme que parecía la caja de Pandora… -sonrió tristemente- no estaba muy lejos de la verdad. 
- Has hecho el juramento inquebrantable. Aunque quisiera insistir, sé que no podrías abrir la boca. Por lo tanto tendré que confiar en ti.
- ¿Confias en mi? 
- Con mi vida -afirmó con seriedad y dejó que ella se separara para establecer contacto visual- te conozco, Minerva, sé que lo que haces, lo haces por un motivo. 
- El motivo existe pero ahora las consecuencias de mis actos son terribles. 
- Pues entonces no hay tiempo que perder. Avisaré a unos amigos en Rumania, Polonia y Rusia en el menor tiempo posible. Nos veremos de nuevo aquí en unas semanas, pero si surge algo importante en ese tiempo, llámame de inmediato y me tendrás enseguida, ¿me has entendido?
- Alto y claro -susurró con voz cansada- te agradezco tu apoyo en estos momentos. Ahora debo volver a Hogwarts, se preguntarán dónde estoy. 
- Lo entiendo. Te acompañaré hasta la puerta y luego me marcharé.
McGonagall asintió y Sirhan esbozó una suave sonrisa de aliento. 



A Ginny no le gustaba mucho la noche, pero se resignó a dormir sola en la enfermería, no tenia muchas opciones y quejarse no era una de ellas. Al menos, recibir y disfrutar de la compañía de sus amigos había aliviado y alejado el amargo abrazo de la soledad y ahora no le importaba que se acercara un poco. Acostada en el lado izquierdo de la cama, alzó los ojos hacia la ventana, cubierta de nieve y empapada por un gélido vaho; no veía nada pero quería creer que la pureza de la nieve podía relajarla y así poder dormir. De repente, unas gotas de lluvia tiñeron el cristal y en unos minutos, una suave y armoniosa llovizna se presentó con delicadeza y una sonrisa se formó en sus labios, encantada. El tintineo, el calor de las mantas y la nieve, pronto surgieron efecto en ella y sus párpados empezaron a pesársele, cerrando sus ojos con mucha suavidad cuando oyó el siseo de un movimiento, sobresaltándola. Parpadeó varias veces y escrutó en la oscuridad, las ventanas despedían cierta luz pero aún así no podía distinguir con claridad las sombras. Palpó la mesa de noche, sin embargo su varita no estaba ahí y se obligó a mantener la calma. ¿Quién estaría ahí a esas horas de la noche? ¿o habría sido su imaginación? no estaba segura, pero habría jurado que algo se había movido, lo que no sabia el qué o quién. Tras unos minutos, desistió y volvió a tumbarse en la cama, sin desaparecer la sensación de ser observada, optó pues por fingir que dormía, quizás así el visitante o la visitante se atrevía a aparecer. Cerró los ojos e inmovilizó su cuerpo todo lo que pudo bajo las mantas. Un minuto… dos minutos… cuatro minutos… diez minutos… estaba empezando a impacientarse y el sueño trató de acogerla, dada la interrupción ficticia de antes. Entonces una sombra se cernió sobre ella y sintió que el colchón cedía con el peso de otra persona… o quizás no. 
- Sé que estás despierta -susurró una voz profunda en la oscuridad. Su instinto de alerta interrumpió el análisis de la voz del visitante, se giró bruscamente en la cama con el puño en alto, lista para defenderse pero en un abrir y cerrar de ojos, unas ágiles y firmes manos aprisionaron sus muñecas y casi medio cuerpo salió de las mantas por el impulso. Sus ojos marrones quedaron frente a frente a unos ojos azules que conocía demasiado bien y que ahora la miraban con seriedad. 
- Kylan… -logró decir cuando la sorpresa abandonó su presión en la garganta y así poder hablar. La mirada del chico se suavizó un poco y aflojó su agarre, devolviendo su cuerpo a la postura anterior. 
- Yo también me alegro de verte. No suelo recibir este tipo de recibimientos -susurró para no despertar a nadie, observando cómo la joven se incorporaba para poder mirarlo mejor, aún sorprendida. 
- ¿Qué esperaba que hiciera? ¿darte la bienvenida? no sabia que eras tú -espetó sin darse cuenta del tono y el volumen de su voz. 
- Baja la voz, Ginny, no querrás despertar a nadie, ¿verdad? 
- ¿Qué estás haciendo aquí? -inquirió poniendo énfasis y pausa en cada palabra- no son horas para estar deambulando por la escuela. 
- Y lo dice la chica que se levanta temprano por las mañanas para encerrarse en un aula. 
- Cuidado con lo que dices, Kylan, no estoy precisamente de humor que digamos -farfulló con dureza. 
- Está bien -alzó las manos en señal de paz y luego volvió a mirarla- dime ¿cómo estás?-.
Aquella pregunta la pilló completamente desprevenida y en su expresión sólo podía apreciarse la confusión. 
- ¿Qué? ¿qué has dicho? -tartamudeó. 
- ¿Cómo estás? -volvió a preguntar, esbozando una cálida sonrisa- no es difícil de responder pero me gustaría saberlo. 
- ¿Has… has venido aquí solo para saber como estoy? -no supo de dónde le salió la voz pero el susurro fue bastante claro. 
- No sé, quizás… podrías decirmelo tú si quieres. 
- ¿Por qué?
- ¿Por qué me he molestado en despertarme a estas horas, escabullirme de las habitaciones de Slytherin y llegar hasta la enfermería? teniendo en cuenta lo que sucedió esta mañana, creo que la respuesta está bastante clara, ¿no crees? 
- Sigo sin entenderlo. 
- No tienes que hacerlo, sólo quiero que me respondas a la pregunta y te prometo que me iré y te dejaré dormir. 
Ginny lo miró fijamente durante unos segundos pero no halló nada en sus ojos y en su expresión. Su inexpresividad la aturdió sin saber por qué pero le concedió su deseo. 
- Estoy bien, sólo estoy cansada -susurró, recostando su cabeza en la almohada y deslizando su cuerpo bajo las mantas. 
- ¿Frío? 
- Un poco, pero ya he entrado en calor -respondió como una autómata. 
- Bien. Me alegro entonces. Ha valido la pena saber que estás bien -se levantó mientras hablaba y la observó un momento- siento haberte molestado. Buenas noches, Ginny, espero que puedas descansar. 
- Igualmente -murmuró lo suficiente para que se le oyera. Él asintió y se alejó de su cama y de ella, ocultándose entre las sombras. Ginny tardó un rato en dormirse pero cuando lo logró, no pudo quitarse de la cabeza la visita de Kylan esa noche. 


El regreso de McGonagall a la escuela se propagó por todo el recinto a la velocidad del rayo. Los chicos, al enterarse, desearon hablar con ella cuanto antes, en especial Hermione, pero no tuvieron ninguna oportunidad y los días siguieron avanzando. La directora pidió disculpas en una cena por su ausencia, sin embargo no dio detalles y todo pareció volver a la normalidad… o al menos eso parecía. 
Un día, como era de esperar, Hermione fue llamada en secreto por McGonagall y por la noche, la joven se escabulló de los aposentos de Gryffindor para reunirse con ella. 
- Gracias por venir, Hermione 
- Buenas noches, directora -la saludó educadamente mientras cerraba la puerta y tomaba asiento. 
- Buenas noches. ¿Nadie te ha visto o seguido? 
- No, nadie, me he asegurado de ello 
- Bien. Me he enterado de los últimos incidentes en la escuela. Al parecer Angelina está mejorando de su hipotermia, un buen susto sin duda. ¿Ginny está bien? 
- Si, le dieron el alta hace unos días, no estuvo mucho tiempo bajo el agua. 
- Eso es bueno. 
- ¿Puedo preguntarle cómo se encuentra? le noto mala cara.
- Por favor, trátame de tu. Los formalismos ahora mismo, me irritan, pero tranquila no es por ti. 
- Entendido
- ¿Hiciste lo que te pedí? -alzó la vista para mirarla con interés. 
- Si, McGonagall. Conseguí averiguar lo que me pediste pero tengo muchas preguntas al respecto de ese tema. 
- Depende de qué tipo sean
- Esas preguntas han surgido por mi investigación. Y ahora entiendo que me lo pidió porque está relacionado con toda esta situación de los licántropos y el pergamino. 
- Ahora que lo dices a mi también me surgen muchas preguntas -interrumpió de repente la voz de Harry en la entrada del despacho. Ambas mujeres se giraron sorprendidas ante tal acción y el joven deslizó la capa de invisibilidad de su cuerpo, dejándose ver por las dos. 
- Señor Potter
- Harry… -murmuró Hermione, sin saber muy bien que decir- ¿qué haces aquí? 
- Te he seguido 
- No debería estar aquí, señor Potter, está infringiendo las normas. Y más a estas horas de la noche. 
- Siento haber entrado en su despacho de esa manera, directora McGonagall -se disculpó con sinceridad- pero dado que he estado oyendo su conversación, creo que tengo tanto derecho como Hermione a saber qué está pasando y qué nos ha estado ocultando. 
- Tiene razón. Pero sigo estando bastante molesta con usted.
- Asumiré las consecuencias pero no pienso irme hasta saber qué ocurre y qué fue lo que le pidió a Hermione que investigara-.
La joven estaba estupefacta, no recordaba haber visto a Harry molesto o irritado por algo, tampoco le extrañaba porque le había ocultado la verdad. Respiró hondo y miró a McGonagall, incapaz de abrir la boca para no decir cualquier tontería. Ésta miró al chico con seriedad, luego se dirigió a Hermione y suspiró largamente.
- Tome asiento -le ofreció, señalando la silla al lado de su compañera. 
- Gracias -aceptó la silla de buen grado. 
- ¿Viniste solo? 
- Si, estuve detrás de ella todo el tiempo. Solo la oí yo. 
- No recuerdo haber sido tan silenciosa en toda mi vida. No sé como has podido oírme -habló por fin la castaña, observando a su amigo. 
- El caso es que te oí, no hay mas detalles que dar -le devolvió la mirada, una mirada triste y decepcionada. 
- Ahora mismo eso no es importante -los cortó McGonagall.
- McGonagall, no puedo hablar de esto si está Harry delante. Lo siento. 
- ¿Estás hablando en serio? -alzó un poco la voz, mirándola con incredulidad. 
- ¿Por qué no, Hermione? 
- Tengo mis motivos… ¿le importa que lo hablemos en otro momento? 
- Hermione, es muy importante, lo sabes ¿no? 
- Lo entiendo pero… no puedo -tragó saliva lentamente, firme en su decisión y la directora asintió despacio, respetándola. 


- ¿Se puede saber qué diantres te ha pasado? -explotó Harry, unos minutos de tenso silencio después, al salir del despacho. 
- Baja la voz, Harry. Son más de las doce de la noche -resopló la castaña, pisando fuertemente el suelo en un vago intento de controlar su mal genio. 
- Responde a la pregunta -disminuyó el volumen a regañadientes. 
- Creo que ya sabes la respuesta 
- No me vengas con evasivas, Hermione, ni que no te conociera. Es mas, ahora no sé que pensar. 
- Pues piensa lo que quieras
- Para, Hermione -la sujetó del brazo y la obligó a volverse, encarándolo- ¿por qué me has mentido? 
- No sé a que te refieres
- Aquel día en la biblioteca, ¿recuerdas? me dijiste que estabas estudiando. 
- Y era verdad
- No me contaste toda la verdad -replicó, bastante molesto. 
- No podía hacerlo, se lo prometí a McGonagall.
- ¿Desde cuándo cumples ese tipo de promesas? 
- Desde que Dumbledore me obsequió con el giratiempos, ¿por ejemplo? eso también te lo oculte. 
- Fue lo último que me ocultaste, desde entonces siempre has sido muy sincera conmigo. 
- Lo siento, Harry, pero no podía hacerlo, nadie lo sabe, así que no te mosquees por eso. 
- Tengo tanto derecho como tú a saber lo que sea que estés ocultando con McGonagall, y si además tiene que ver con ese pergamino, mayor razón. 
- Por tu culpa, has estropeado mi cita con ella de algo muy importante. Muchas gracias -le dio la espalda y prosiguió el camino. 
- Oye, Hermione -la llamó, siguiendo sus pasos- ¿no podemos hablarlo? 
- ¿Con el calentón que tienes encima? ahora estoy apagada o fuera de cobertura -masculló en un tono sarcástico. 
- No me diste opciones -intentó excusarse. Ella lo ignoró y continuó la marcha, todavía quedaba un pequeño trecho hasta llegar al retrato de la Señora Gorda. Entonces una pequeña luz, proveniente de una varita, apareció a unos metros de ellos alertándolos de la proximidad de un profesor, pero Harry no le dio tiempo a reaccionar, la atrajo hacia su cuerpo rápidamente, se pegó lo mas que pudo a la pared mas cercana y cubrió ambos cuerpos con la capa de invisibilidad. Sin decirse palabra, los dos contuvieron el aliento y esperaron pacientemente a que la luz desapareciera de su vista y los pasos se alejaran por otro lado. Con el cuerpo temblando de frío y el corazón a mil por hora, Hermione fue consciente de la proximidad del cuerpo de Harry y un extraño calor penetró en su piel y en sus huesos, aliviando el temblor de sus miembros. Era el mismo calor que experimentó después del incidente del lago negro. Alzó la cabeza para buscar su rostro pero realmente no le hizo falta porque los ojos verdes de Harry ya la habían encontrado. Un nudo se formó en su garganta y se obligó a tragar saliva para desenredarlo. 
- Aún no me has contado cómo me espiaste y me seguiste -susurró entrecortadamente. 
- No me lo has preguntado. Y no te espiaba, estaba durmiendo de hecho -le aclaró en el mismo tono de susurro. 
- Responde por favor. Es imposible que me oyeras, utilice un hechizo para asegurarme de ello -le pidió. El ojiverde se quedó pensativo. ¿Qué iba a decirle? ¿qué le había despertado su dulce y refrescante olor y que por eso se había levantado a ver que pasaba? no lo creería… ¿o si? 
- Yo… -empezó pero su inseguridad atascó su lengua.
- Si me estás ocultando algo…
- No me pidas que te lo cuente cuando tú eres la primera que me ha mentido. 
- No lo hice a propósito. Harry, me conoces… mejor que nadie -lo miró a los ojos intensamente- jamás haría algo así si no fuese necesario, y además me lo pidió la directora, no podía decirle que no. Ponte en mi lugar. 
- Vale… te creo -respondió tras unos segundos, reflexionándolo- ¿me prometes que me lo contarás? 
- Te lo prometo, pero no ahora, ¿de acuerdo? 
- Si… 
- ¿Y qué hay de ti? 
- No vas a creerme… es cierto que no te oí. 
- ¿Entonces? ¿de qué se trata? 
- Llevo varios días, sintiéndome un poco extraño. No sé explicarlo… yo… no sé… -musitó, un poco confuso. ¿Confusión?, no, esa no era la palabra, en realidad estaba hipnotizado por el cálido brillo de sus ojos y le costaba pensar con claridad. 
- Tranquilo, no tienes porque contarmelo ahora si no quieres -intentó ayudarlo pero lo cierto era que su rostro estaba mas cerca de lo que pensaba. Sus narices se rozaron sin pretenderlo y sus párpados se entrecerraron, buscando sus labios- Harry…
- Hermione… -susurró su nombre completamente fascinado. <<No hagas eso, te arrepentirás toda tu vida. Sabes que no está bien>>, <<Llevas deseándolo tanto tiempo que no debes desaprovechar esta oportunidad. La amas, no puedes reprimir tus sentimientos por mucho mas tiempo>>, <<¿Acaso quieres perder a Ron? ¿sabes el dolor que le causarás si se entera de que la has besado? es su novia>>. Sus labios se detuvieron a unos milímetros de los labios de la joven y tuvo que apoyarse en la pared para contenerse a duras penas, respiró hondo y alargó la distancia entre los dos. 
- Lo siento… lo siento… -murmuró con el dolor punzándole profundamente el corazón. Apretó la mandíbula y se separó por completo de ella, descubriéndolos. Cogió la capa de invisibilidad y se alejó lo mas rápido que pudo, dejando a Hermione, confundida, perdida y con el corazón queriendo salírsele del pecho… 


- No me lo puedo creer -comentó Ron.
- Otra vez lo mismo este año -aportó Neville. 
- Y en invierno -añadió Andrew. Los tres chicos observaron, desde uno de los pasillos exteriores del primer piso, la aglomeración de alumnos en el Patio de la Entrada que se agolpaba en una mesa de piedra. Dos chicos hacían un pulso y el que parecía estar ganando, era un joven de cabello corto y rubio, ancho, fuerte y con manos grandes. 
- ¿Nunca se cansa de exhibir esos músculos? -resopló el pelirrojo. 
- Y pensar que es de la casa Hufflepuff -negó con la cabeza Neville.
- Será inteligente e ingenioso pero desde luego, de músculos también destaca. 
- Nadie le ha ganado en un pulso hasta ahora -hizo una mueca Andrew, metiéndose las manos en los bolsillos. 
- ¡Vamos, vamos, vamos, vamos! -gritaba el gentío una y otra vez, animando a los rivales. El chico rubio lanzó un resoplido y acabó con un certero impulso hacia abajo, doblándole el codo a su rival en menos que canta un gallo. El otro muchacho se lamentó con una mueca y se marchó, mosqueado. El ganador alzó las manos en señal de agradecimiento a sus seguidores y sonrió, satisfecho y orgulloso de si mismo. 
- ¡Eres el mejor, Walter!
- Mas fuerte que tú no hay nadie
- Gracias, gracias, ¿alguien mas que se atreva a echar un buen pulso conmigo? -animó, observando al público pero nadie dijo nada, ni se ofreció voluntario- ¿nadie? ¿seguro?.  
En ese momento, Harry paseaba tranquilamente por la zona, ajeno a lo que le rodeaba, sumido en sus propios pensamientos. Creía que ni todos los medicamentos, pociones u otros métodos pudieran aliviar o hacer desaparecer todo el cacao mental que ahora estaba sufriendo. 
- Oye, mira quién está ahí. ¿Por qué no llamas a Potter a ver si se atreve? será muy interesante -le susurró un colega a Walter. 
- Mmm… ahora que lo dices si que me apetece probar al famoso Harry Potter. ¡Potter! ¡eh, Potter! -lo llamó. El joven mago aminoró el paso y se giró con el ceño fruncido por la llamada- ¿te importaría venir un momento? 
- ¿Qué quieres? 
- Vamos, ven a charlar un rato, quiero pedirte algo -lo persuadió. No tenia ninguna gana de ir pero ¿qué podía perder? no tenia nada mejor que hacer. Se rascó la nariz, incómodo y se aproximó al circulo de personas. 
- Aquí me tienes, ¿qué quieres? -volvió a preguntar. 
- ¿Has hecho un pulso alguna vez? 
- No, Walter y la verdad es lo que menos me apetece ahora mismo -respondió con desdén, expresando su bajo estado de ánimo. 
- Oh vamos, Potter, sólo por diversión. No estamos haciendo competición, tienes mi palabra. 
- Pero ¿qué hace Harry con Walter? -comentó Ron, sorprendido al ver a su amigo allí.
- Apuesto a que Walter le ha pegado una trola -farfulló Neville. 
- Le va a obligar a hacer el pulso con él, seguro -afirmó Andrew. 
- Vamos, chicos. No puedo quedarme de brazos cruzados -palpó el hombro de Neville y se dispuso a bajar las escaleras a buscar a su amigo. 
- Walter, mira no estoy de humor para hacer pulsos contigo. Ambos sabemos que vas a ganarme. 
- Puede, pero es que resulta que nunca he realizado pulsos con el tan popular Harry Potter y quiero saber lo que se siente.
- No soy nadie especial, Walter, créeme -dijo con voz cansada. 
- Bueno, si eso es así, ¿qué mas te da concederme este capricho? -comentó astuta e inteligentemente- te sientas, haces el pulso conmigo, gano y se acabó. Es así de simple. ¿Qué puedes perder?-. 
La seria mirada de Harry escrutó al joven durante unos largos segundos. Quizás le vendría bien desahogarse, llevaba días que no sabia cómo actuar, qué sentir, qué decir. Puede que Walter tenia razón, ¿qué podía perder?. Sin contestar, se sentó en la roca que había como asiento, frente a él y Walter esbozó una sonrisa de triunfo ante su acción. Ambos jóvenes posicionaron sus codos en la mesa de piedra y juntaron las palmas de sus manos, preparadas para el pulso y establecieron contacto visual, concentrados: Harry, serio y Walter, seguro de si mismo. 
- 3, 2, 1… ¡ya! -gritó uno haciendo la cuenta atrás. En ese momento Ron, Neville y Andrew se mezclaron entre el gentío, justo cuando Walter y Harry ejercían presión y fuerza con sus antebrazos para derribar al otro. Pero enseguida, el ambiente se tensó mas de la cuenta, algo no iba bien, Walter era incapaz de mover el codo de Harry y éste no podía mas que sorprenderse de que pudiera resistir su fuerza. Observó cómo los músculos de su antebrazo y su mano se contraían a la perfección y soportaban casi sin esfuerzo todo el peso que Walter estaba aportando. Definitivamente aquello era surrealista. 
- ¿Estáis viendo lo mismo que yo? -exclamó Ron sorprendido. 
- Harry está aguantando increíblemente bien ese pulso. Pero ¿qué habrá comido ese muchacho? -se rió Andrew a carcajadas. 
- Conozco a Harry. No es débil pero jamás ha hecho un pulso en su vida, no sé de dónde habrá sacado esa resistencia -confesó Ron, sin poder apartar la mirada de aquel espectáculo. 
Era difícil describir las muchas emociones que Walter estaba experimentando en aquel momento que tan cerca estaba de humillarlo. Por cada avance que movía el brazo de Potter, ese avance se acortaba por el contraataque de él, era algo impensable. Perfectamente podía superar su masa muscular en diez o quince kilos, no entendía cómo podía resistir tanto y al parecer, Harry le leyó el pensamiento. Cansado de estar a la defensiva y así acabar con aquello, tensó levemente las facciones de su rostro y aplicó la nueva fuerza que estaba descubriendo para doblar el codo de Walter y rematarlo de una vez. El público, ya de por si enloquecido, vitoreó aún mas fuerte ante la gran sorpresa de aquel día, Harry Potter había ganado al imbatible Walter. Palmearon su hombro, felicitándolo por su victoria, incluso sus amigos se acercaron a él.
- Has estado increíble, Harry. Jamás imaginé ver tu primer pulso y que lo ganaras.
- Si, Harry, ¿de dónde sacas esos bíceps? yo quiero unos -bromeó Andrew. 
- Tengo que salir de aquí -balbuceó el joven, sumido en una especie de shock por lo sucedido. Trastabilló entre la gente, abriéndose paso al principio pero luego salió a escape, huyendo de ese lugar. No supo cómo pero logró llegar a la habitación de los chicos, jadeando y se encerró en el baño. El lavamanos fue su salvavidas para su tembloroso cuerpo y en segundos, sintió un calor asfixiante y tuvo que desvestirse con urgencia hasta descubrir su torso. El espejo del baño reflejó su cuerpo, llamando su atención y asombrado, contempló su imagen. Todos sus músculos estaban perfectamente definidos, finas lineas marcaban cada brazo, hombro, pectoral, oblicuo y abdominal como si estuviera calculado al milímetro a propósito. Fascinado, paseó sus manos por sus brazos, notando la firmeza, la calidez y la suavidad de su piel y sus músculos y también observó sus propias palmas. ¿Qué le pasaba? ¿qué había pasado con su cuerpo? no se reconocía en el espejo, parecía otra persona, ¿podría ser por esa mordida?. La buscó en su reflejo y ahí estaba, una cicatriz fea que ocupaba casi todo su cuello. Menos mal que la ropa de invierno la ocultaba sino tendría muchos problemas, aún se preguntaba por qué no contaba la verdad a sus amigos, el por qué no les había dicho que un licántropo le había mordido aquella noche. No había querido darle importancia pero viendo los cambios que estaba sufriendo, empezaba a preocuparse. Tardó en salir y cuando lo hizo, su cama fue el refugio que tanto necesitaba para no pensar. 

Aquella noche, Ron irrumpió en el cuarto.
- Muy bien, ya me vas contando todo y con detalle 
- Ron, no empieces -le pidió Harry, cansado y con la mirada perdida  en el techo. 
- Harry, por favor. Tienes mucho que contar, incluyendo lo que pasó en la cena. Saliste como una bala como esta mañana. 
- No me sentó bien la comida, ¿contento? 
- No, que va, sabes que no. 
- Ron -se quejó, rodando los ojos y cambiando de postura en la cama, sintiéndose incómodo. 
- De Ron nada, soy tu mejor amigo y debes contarmelo todo -aterrizó en su cama de repente, sobresaltando al colchón y al propio Harry. 
- No voy a deshacerme de ti, ¿verdad?
- Verdad -se burló con una sonrisa- vamos, cuéntamelo. 
- No lo sé, Ron -confesó, siendo sincero. 
- ¿Qué no lo sabes? eso no es una respuesta.
- Pues es la verdad. No sé cómo he ganado a Walter, es la verdad. 
- Si tú no lo sabes, ¿cómo quieres que lo sepa yo? 
- ¡No lo sé, Ron, no lo sé -se incorporó, tirando a su amigo de espaldas en la cama- no tengo ni idea. Llevo días sin saber qué hacer realmente, cómo actuar, no tengo ganas de nada. ¡En estos momentos, me encantaría ser un avestruz, enterrar mi cara en el suelo y no salir jamás!
- Vale, vale, tranquilo -colocó la mano por delante de él para que entendiera que se serenara- no pasa nada, Harry, tranquilo. ¿Por qué no… te sientas bien y hablamos? 
- No hay de qué hablar, Ron. No puedo darte respuestas cuando yo ni siquiera las tengo. Le gané a Walter y ya está, no me importa cómo. Y lo de la cena, ya te lo dije, fue algo que me sentó mal. 
- Pues quien lo diría, nunca te había visto comer con tanto ímpetu y apetito como hoy. 
- Un mal día tal vez 
- Tal vez… -asintió, pensativo- bueno, creo que no te daré mas la lata por hoy. Te dejaré descansar. 
- Gracias. Es todo un detalle -usó el sarcasmo mientras se tumbaba en la cama. 
- Anda, bribón -le revolvió el pelo y se levantó de un salto para ir a su cama- buenas noches, campeón. 
- Buenas noches -le deseó con la mano mientras se giraba de cara hacia la ventana y cerraba los ojos. 


Aquella noche, Christian y Kylan abandonaron la escuela en silencio y se internaron en el bosque. No hubo intercambio de palabras, sólo se dedicaron a correr a toda velocidad hasta llegar a las profundidades de su guarida. 
<<Habéis venido mas temprano de lo que esperaba>> 
<<Mi señor, tenemos algo que contarle, algo que le interesará muchísimo>> 
<<Habla, Christian>>
<<McGonagall ha regresado después de estar semanas sin aparecer. Y hemos notado algo extraño en el comportamiento de Harry Potter>>
<<¿Qué me puede interesar ese insignificante mago?>>
<<Lo he estado observando últimamente, mi señor -se adelantó Kylan con respeto- hubo un accidente en la escuela, una chica estaba ahogándose en el lago negro y nadie la oyó excepto él. Y el otro día, vi cómo un chico lo retaba a un pulso y ganaba sin ninguna dificultad>>
<<¿Qué estás intentando decirme, Kylan?, no estoy para juegos>>
<< Mi señor, no puedo afirmarlo con seguridad. Pero algo ocurrió en aquella emboscada para robar el pergamino. Recuerde que dos de nuestros compañeros murieron en el intento>> 
<< Lo que Kylan intenta decir es que es posible que haya sido… mordido>> -concluyó Christian con cierto tintineo en su voz-. El Macho Alfa gruñó gravemente en la oscuridad y un ligero vaho surgió de sus fosas nasales. 
<<¿En algún momento viste su posible cicatriz de mordida, Kylan?>>
<<No, mi señor. Pero es porque siempre está abrigado debido a las bajas temperaturas>>
<<Si de verdad hubiese sido mordido, nuestros genes ya deberían estar en su cuerpo y sufriendo los cambios. Y un cambio, como ya sabéis, es la elevada temperatura corporal. Ciertamente lo que me decís tiene sentido, puede que esté ocultando algo y además esta noche será luna llena>>
<<Si se diera el caso de que hoy se convirtiera en licántropo… ¿qué hacemos con él? es un novato en esto, en cuanto escuché los aullidos, se acercará sin poderlo evitar>>
<<La conversión de Harry Potter en licántropo no es mi problema ni es mi objetivo, fue una equivocación. A mi solo me importa una cosa. Kylan, tú vuelve a la escuela, Christian, tú quedate aquí, te necesitaré para controlar a los licántropos mas nuevos. ¿Me habéis entendido?>>
<<Si, mi señor>>


Una hora había pasado desde que había cerrado sus ojos y el sueño no quería adoptarlo. No paró de dar vueltas y la almohada parecía muy blanda para su gusto. Era algo muy extraño, resopló y se colocó boca arriba en el colchón con el ceño fruncido. Mientras tanto, el reloj ya daba las doce y muy lentamente, las nubes se dispersaron, revelando una brillante y atractiva luna llena colgada en el cielo estrellado. En cuestión de segundos, la respiración de Harry se detuvo y volvió a reaccionar con brusquedad, su pecho se agitó en una convulsión y su cabeza empezó a dar vueltas, mareándolo. 

Corria, corría y corría, No sabia dónde estaba, pero sus gafas sólo podían hacerle distinguir ramas difusas, rocas y árboles, parecía un bosque. Un gruñido feroz lo obligó a espabilar y forzó a sus piernas a correr mas deprisa, intentando alejarse de esa bestia que le perseguía. Su empeine derecho se hundió en el barro y su cuerpo se precipitó cuesta abajo, rodando incansable. Se golpeó el brazo contra una roca, sus gafas se rompieron, su tobillo se dobló y aterrizó rostro a tierra con violencia. Se levantó con dificultad, ignorando el dolor de su tobillo y reanudó la marcha, volteó la cabeza y una sombra se movía a gran velocidad, trepando entre los arboles y jadeando a cada paso. Trastabilló un momento y corrió débilmente entre la maleza pero un rugido se oyó en la oscuridad, abalanzándose sobre él y sólo pudo distinguir unas terribles fauces y unas garras afiladas antes de soltar un grito de desesperación…

Una luz cegadora entrecerró sus ojos a la fuerza para poder soportar tal intensidad. Parecia que estaba en una habitación cerrada de paredes tan blancas como la nieve. Cuando pudo acostumbrarse a la luz, ante él había un lobo pero no cualquier lobo común, era un enorme lobo negro a cuatro patas, sin forma humana, mirándolo a los ojos. Retrocedió por instinto pero el animal avanzó los metros que sus piernas habian caminado hacia atrás, lo miró con desconfianza, aunque quisiera escapar no podía, estaba atrapado. Giró su cabeza a un lado y a otro buscando una salida que no existía y entonces se dio cuenta, con sorpresa, que el lobo imitaba sus movimientos a izquierda y derecha. Frunció el ceño, desconcertado e inseguro, levantó el pie derecho y la pata derecha del lobo hizo lo mismo hasta volverse a apoyar en el suelo un paso hacia adelante. Movió la cabeza hacia arriba, el animal lo imitó y lo siguió abajo, izquierda, derecha y posición de frente, fascinado de repente, volvió a caminar hacia él. La imitación del lobo era perfecta y calculadora y cuando se dieron cuenta, estaban frente a frente, a un palmo de tocarse si quisieran; al tenerlo tan cerca, pudo apreciar que sus ojos lobunos eran tan verdes como los suyos, le resultó de lo mas curioso e intrigante, estiró la mano hacia él con la intención de apoyar la palma en su cabeza y acariciarlo, a estas alturas si hubiera querido atacarlo, ya lo habría hecho ¿no?. Pero en vez de levantar su pata, el enorme lobo inclinó su cabeza y antes de que Harry pudiera reaccionar, pelo y piel se tocaron y un pequeño destello de luz surgió entre ambas uniones. 


De repente, su espalda se arqueó y tuvo que afirmarse bien a la cama para que no se rompiera de un movimiento. Su torso se contrajo violentamente y sus costillas se deslizaron en un solo chasquido de su posición inicial, haciéndole creer que se habían roto. Abrió la boca para gritar pero de su garganta no salió sonido alguno, apretó la madera de uno de los lados de la cama y se incorporó a medias cuando su espalda crujió y un violento jadeo brotó de sus pulmones. ¿Eran imaginaciones suyas o de repente la habitación se había convertido en una sauna? apretó la mandíbula en un débil intento de soportar aquel dolor, su cuerpo sufrió otra violenta contracción y se cayó de la cama con un golpe sordo. 
- Harry… -murmuró la voz adormilada de Ron en sueños- Harry, ¿estás ahí? ¿pasa algo? mmm…-.
Harry quiso responder, llamarlo, pedirle ayuda pero eran tales los jadeos y el esfuerzo de sus pulmones por respirar que su voz no obedecía a sus ordenes. Se encogió sobre si mismo mientras cada parte de su cuerpo sufría un espasmo, una brusca convulsión o alguna especie de rotura o algo parecido que embotaba su mente y no le dejaba pensar. Un ligero vello apareció en su espalda, cubriendo cada palmo de su piel y su densidad fue aumentando. Entonces, la luz plateada de la luna se filtró por la ventana y lentamente se deslizó por el suelo de la habitación, aproximándose a él. Las venas de su cuello se definieron, su mandíbula se resintió queriendo alargarse, sus manos se estiraron y algo afilado surgió bajo su piel y cuando la luz iluminó su rostro y él se giró bruscamente hacia ella, sus ojos verdes se dilataron salvajemente. Sin control, se incorporó y con un gemido, chocó su cuerpo contra la ventana, rompiéndola en mil pedazos y despertando a todos los chicos de la habitación. 
- ¿Qué… qué ha pasado? ¿qué ocurre? -se levantó, sobresaltado, un adormilado Ron. 
- ¿Qué ha sido eso? -comentó Neville. 
- ¡Eh, chicos! ¡mirad eso! -señaló Andrew, ya levantado, señalando la ventana rota. 
- Pero ¿qué diantres…? oye… ¿y Harry? -preguntó, muy preocupado de repente, observando la cama vacía de su amigo- ¿dónde está?
Andrew se asomó a la ventana con cuidado, la altura desde la torre hacia abajo podía ser mortal pero supo distinguir algo moviéndose entre la oscuridad. Ron se asomó también y la ira lo dominó en segundos.
- Es ese monstruo, el mismo que nos atacó la otra vez, un licántropo. Harry está en peligro. ¡Vamos! 


Harry aterrizó con gran fuerza en el balcón del cuarto piso, después de haber soportado los choques de la torre, un tejado y múltiples arañazos. Para una persona normal, aquella caída habría sido mortal. Intentó ponerse de pie y entonces, sus desarrollados oídos detectaron pasos aproximándose y su instinto le obligó a levantarse rápidamente y correr, y vaya si corrió. La transformación no se detuvo aunque se moviera, el abundante vello corporal avanzó con rapidez por todo su cuerpo, sus ropas ya estaban desgarradas por los cambios físicos y sus garras recién adquiridas pero pronto su espalda empezó a encorvarse hacia adelante y ya se encontraba en el pasillo del tercer piso cuando todo su cuerpo fue forzado a colocarse a cuatro patas y seguir avanzando. Oía exclamaciones a cada minuto: "¡Harry", "¡Monstruo!", "¡Licántropo!", "¡Muerto!", se detuvo de repente cuando una pared surgió del suelo, obstaculizando su paso, giró bruscamente hacia las escaleras pero entonces un hechizo en forma de rayo lo frenó, haciéndolo retroceder. Gruñó mosqueado y volteó de nuevo, buscando una salida pero sólo estaba la barandilla que daba al exterior en una altura menos peligrosa que antes. Ignoró las voces y las personas que se acercaban a él y saltó hacia abajo, sus cuatro patas aterrizaron ágilmente en el Patio de la Entrada y prosiguió la carrera, sin mirar hacia atrás.