CAPITULO XVII
El secuestro
Las finas hebras de lana se afirmaron fuertemente debido a la acción de unos dedos en sus extremos y un diminuto hilo acompañado de una aguja se interpuso entre ellos queriendo ajustar cuentas. Dentro, fuera, circulo y vuelta, un tirón y vuelta a empezar, sin prisas ni estrés, lento pero preciso. Era por la mañana, un viernes en concreto y a pesar de que la nieve había poblado todo a su paso, un diminuto rayo de sol se asomaba entre las nubes, haciéndose notar y siendo agradecido por toda la escuela, los tímidos destellos se reflejaron en su cabello rubio, creando un brillo casi fantasmal en él. La joven sonrió al notarlo y prosiguió con su labor, como si ahora fuera la persona mas feliz del mundo, sin preocupaciones.
- ¡Luna! -la llamó alguien a lo lejos. Su largo pelo se retiró, sumisa cuando volteó la cabeza hacia el autor de esa voz.
- Hola, Harry -lo saludó con naturalidad. El chico se acercó a ella, estaba sentada en una roca, a una prudente distancia del pelotón de gente que se agolpaba, jugando a la tan conocida guerra de bolas de nieve.
- Madre mia, si que me ha costado encontrarte
- ¿En serio? pues no me he movido de aquí en horas. Tu amigo debe estar frustrado y decepcionado
- ¿De qué amigo hablas? -se extrañó, sentándose en la nieve. Su calor corporal era casi asfixiante y necesitaba fresco a cada momento.
- ¿De quién va a ser? de tu lobo claro está
- Muy graciosa -frunció el ceño, fingiendo enojo y luego se fijó en lo que hacia y abrió la boca para preguntar.
- Supongo que te preguntarás qué hago.
- Si… -bufó, riéndose entre dientes- tú siempre igual.
- Tampoco es muy difícil de adivinar -detuvo su mano y le mostró el objeto, que había estado trabajando durante horas, en su palma. Curioso, Harry lo observó: era una especie de collar hecho de lana y un poco de cuero, cuatro diminutos rubíes servían de adorno y relucían ante los rayos del sol y le llamó la atención unas pequeñas hojas malva.
- ¿Y estas hojas?
- Es una planta medicinal llamada escutelaria -le explicó mientras volvía al trabajo para terminarla.
- ¿Y para quién es?
- Para Ron -respondió con simpleza, pero Harry supo detectar un timbre de ternura en sus palabras.
- ¿Y por qué razón le haces ese collar?
- Sólo hay una razón principalmente. Últimamente, Ron ha estado muy alterado y llevo días queriendo hacer algo por él sin éxito. Así que he pensado en hacerle este collar con estas hojas de escutelaria, es una planta que relaja el sistema nervioso con sólo olerlas. Como detalle personal, le he colocado estos rubíes y como contrasta con el blanco de lana es como si llevara los colores de Gryffindor. ¿No es precioso? -dijo con dulzura y con cierta emoción.
- Pues lo cierto es que si, y tus intenciones son muy buenas. Es verdad que Ron no está en sus cabales del todo.
- No, y no me gusta verlo tan alterado, se pone rojo como un tomate, le aletea la nariz y se tensa por completo.
- Vaya, pues si que te has dado cuenta -la observó con detenimiento. Parecía muy concentrada y decidida a terminarlo y una idea empezó a formarse en su cabeza pero antes de querer formularla, Luna volvió a cortarlo.
- ¿Y por qué andabas buscándome? ¿querias algo?
- Venia a agradecerte por todo lo que has hecho por mi, me has apoyado en todo esto de la licántropía y bueno, ya sabes.
- No tienes que agradecer nada, Harry -le sonrió dulcemente- pero no has venido solo por eso.
- Me gustaría que me ilustres sobre mi condición lobuna. Sé que sabes muchísimo de eso.
- La directora sabe mas que yo, ¿por qué no vas a ella?
- McGonagall no es una candidata fiable y tú y yo somos amigos. ¿Me harías ese insignificante favor?
- Por supuesto. Deja que termine el collar y damos un paseo mientras hablamos, ¿te parece?
- Hecho -sonrió, agradecido. Un rato después, Luna guardó el collar terminado y acompañó a Harry en un largo y reconfortante paseo en las inmediaciones de la escuela. El ojiverde le hacia preguntas y ella se las explicaba con suma facilidad. Los licántropos son seres, mitad lobos mitad humanos, pero existen tres tipos de licantropía: la licantropía autentica, la licantropía infectada y la licantropía artificial. Los licántropos auténticos son aquellos que nacen con el ADN licántropo y a cierta edad, su cuerpo cambia en luna llena y desde entonces son hombres-lobos, pueden cambiar a voluntad a su forma lobuna y no les afecta ni la luna llena ni objetos mágicos, los licántropos infectados son aquellos que han sido mordidos por un licántropo, dependiendo de lo fuerte que sea el ADN del mordedor, el infectado poseerá su licantropía al cien por cien o de lo contrario, podría morir por no soportar su ADN, la influencia de la luna llena es total, su transformación y sus impulsos son siempre descontrolados y agresivos pero hay infectados que pueden controlar su transformación, sin motivo aparente. Son casos muy excepcionales. Y por último, los licántropos artificiales son aquellos que poseen la licantropía por un objeto mágico, sin ese objeto no se podrían transformar, dependen de él. Existen dos tipos de transformaciones, la total y la parcial, un licántropo puede decidir si transformarse en un lobo completo o sólo cambiar ciertas partes de su cuerpo, como la cabeza, las garras y los colmillos para defenderse y atacar si es necesario, sin dejar de parecer un humano. Todo licántropo es vulnerable a la plata y a la magia en mayor o menos grado, dependiendo de su licantropía, pero físicamente son muy peligrosos, dado que todas sus habilidades físicas aumentan el doble e incluso el triple de lo normal. Son inmortales y son capaces de autoregenerarse rápidamente. Sólo hay una criatura híbrida que supera sus habilidades físicas: el hombre-tigre. Harry mostraba diversas emociones conforme Luna hablaba de todo lo que sabia sobre los licántropos: asombro, fascinación, desconcierto, temor, respeto, incredulidad, sorpresa, interés.
- Definitivamente soy un licántropo fuera de la norma -concluyó el chico, después de recibir toda esa información- en algunos casos claro. Cuando me transformé, no sentí el impulso de matar a nadie ni ser agresivo ni nada y soy un lobo completo, no parcial.
- Es posible que el licántropo que te mordió no fuera auténtico, sino infectado y quizás tu licantropía deba esperar un tiempo para que puedas transformarte como tú quieres. Y si, eres de las pocas excepciones de los licántropos que se resisten a la luna llena, por lo que me cuentas -le sonrió, serena.
- Supongo que eso me tranquiliza
- Pero ten cuidado -le advirtió sin dejar su tono dulce y suave- puede que sepas controlar esos detalles de tu licantropía, sin embargo, en cualquier momento, ese control puede torcer las cosas.
- ¿A qué te refieres?
- Tienes un lado salvaje en tu interior, Harry, no es ninguna tontería. Puede volverse contra ti cuando le plazca, hasta que aprendas a controlarlo por completo y eso requiere tiempo.
- No me gusta como suena eso.
- Pero es necesario que lo sepas. Necesitas estar advertido para que no te lleves sorpresas.
Harry suspiró e intentó no pensar en ello mientras la imponente silueta del castillo era reflejada por el sol.
- ¡Ahora veras!
- Muy lento, Andrew -se burló George, esquivando su bola de nieve- ¡ahi va!
- Has fallado -se carcajeó el chico. Le pilló una pierna y los dos rodaron por la nieve entre risas y quejas.
- Os olvidáis de alguien, chicos -se apuntó Oliver, lanzándose en plancha contra ellos. Andrew lanzó un quejido y George se retorció.
- Pero mira que eres bruto
- Un respeto al guardián de Gryffindor -asió un puñado de su pelo rojo y tiró sin hacerle daño.
- Ah no, eso si que no. ¡Allá voy! -dijo Andrew abalanzándose sobre Oliver.
- ¿Cuándo van a madurar? -se preguntó Katie, paseando con Ginny.
- Se lo están pasando bien -se encogió de hombros con las manos en los bolsillos de su abrigo de piel- son chicos, no lo olvides.
- Me repatea que Andrew me diga que soy una aburrida
- Está colado por ti, sólo hace eso para llamar tu atención -la tranquilizó con una suave sonrisa.
- Si, ya… pues no funciona -bufó. La pelirroja rió suavemente. Vio a Hermione entonces, estaba acostada en la nieve y agitaba los brazos y las piernas.
- ¿Haciendo dotes de tus habilidades artísticas? -bromeó con cariño.
- Muy graciosa -le sonrió la castaña, incorporándose- ya está.
- Es muy bonito - aportó Katie. Era un ángel de nieve muy bien hecho y resplandecía débilmente bajo el sol.
- Te salió la vena creativa, es precioso
- Gracias -dijo con los ojos brillantes. Andrew logró deshacerse del abrazo mortal de los chicos y observó a las chicas a lo lejos y se le ocurrió una descabellada y traviesa idea. Llamó a los muchachos y se la contó entre risitas, George estuvo mas que de acuerdo, siempre dispuesto a hacer travesuras. Con las manos, amontonó toda la nieve que pudo y la convirtió en una preciosa y temible bola de nieve. Se puso de pie y la lanzó en dirección a las chicas. La bola impactó en la espalda de Ginny y mientras Hermione y Katie se sobresaltaban, la joven pelirroja se viraba hacia el lanzador que, como no, se estaba riendo a carcajadas con sus amigos. <<Conque esas tenemos, ¿eh?>>. Se sacudió con orgullo la nieve sobrante y creó su propia arma entre sus manos, aprovechó su distracción para apuntar hacia su hermano y con una fuerza poco propia en una mujer, lanzó la bola con energía. George no tuvo tiempo de reaccionar cuando su cara fue víctima de ese lanzamiento y escupió casi al instante la nieve que había entrado en su boca antes de mirar a su hermana con sorpresa. Ésta sonreía complacida y miró a sus amigas con una expresión pícara en el rostro, ellas entendieron y se dispersaron con Ginny en el centro. No tardó mucho en organizarse una pelea de bolas de nieve entre chicos y chicas, las risas, los impactos y las quejas se escucharon por el campo, señal de lo bien que lo estaban pasando. Pero de repente una bola de nieve más grande que las demás se dirigió a toda velocidad hacia el rostro de Hermione sin que ella se percatase siquiera, una sombra cruzó veloz el campo de batalla y atrapó la bola antes de que llegara a tocar a la joven. La pelea se detuvo de pronto y todos miraron al recién llegado que miraba con unos irritados ojos verdes al autor del lanzamiento: Gregory Goyle.
- Siempre andas molestando, Potter, ha estado así de cerca -replicó el chico haciendo el gesto con los dedos.
- Eso no ha sido agradable por tu parte, Goyle -murmuró Harry con cara de pocos amigos.
- ¿Acaso he sido agradable alguna vez?
- Precisamente por eso lo digo
- Vete a freír espárragos, Potter, no eres mas que un niñato. Nos estábamos divirtiendo.
- No creo que esa bola tuviera intención de jugar, Goyle. Mas bien querías hacerle daño a Hermione
- Que se aguante -se encogió de hombros como si no le diese importancia.
- ¿Cómo has dicho? -susurró con un tono amenazante. Su corazón empezó a latir a toda velocidad y una espiral de energía negativa empezó a formarse en su interior, tensando cada músculo de su cuerpo.
- Harry… no pasa nada, déjalo -murmuró la castaña- no me ha dado gracias a ti, estoy bien.
- He dicho que se aguante. Como si se la quiere tragar la tierra, no es mas que una sangre sucia -escupió al suelo con desprecio. Un gruñido gutural surgió de la garganta del ojiverde y sus ojos adquirieron un brillo extraño.
- No te atrevas a insultar a Hermione de esa manera -logró decir con voz ronca al tiempo que avanzaba unos pasos hacia él.
- No me das miedo, Potter, no me creo esa historia de los licántropos. Ni de que tú eres uno -se rió de él, sin percatarse de su estado. Era demasiado ingenuo y estúpido para darse cuenta- eres mas patético que esa sangre sucia.
- Harry -lo llamó Oliver, agarrando del brazo. Eso fue un grave error, Harry comenzó a temblar y de un solo movimiento, arrojó por los aires a Oliver de un manotazo.
- ¡Oliver! -gritaron Katie y George a la vez, sorprendidos.
- Harry, detente, tranquilizate -le pidió Hermione, queriendo acercarse pero Ginny se le adelantó.
- ¡Suéltame! -gruñó y sin pensar, empujó a la pelirroja lejos de si y fue cuando sintió su mandíbula contraerse de dolor. Los colmillos querían salir. Ginny voló unos metros por encima pero unos brazos la esperaban al aterrizar y percibió un agradable e intenso calor que le resultó de lo mas familiar. Cuando alzó la cabeza, unos ojos azules la miraron preocupados y algo alterados.
- ¿Estás bien?
- Kylan… -murmuró, desconcertada de verlo. El joven dedujo que estaba bien y la soltó suavemente. Harry les dio la espalda y se dirigió a Gregory que lo miraba todo con perplejidad y desconcierto.
- No te acerques, Potter, te lo advierto -extrajo su varita y lo apuntó.
- Ya puedes salir corriendo, Goyle -le aconsejó salvajemente sin inmutarse.
- ¡Potter! -lo llamó Kylan con voz potente y autoritaria. Su cuerpo se detuvo entonces de repente como si fuera una estatua y muy lentamente, volteó la cabeza para mirarlo con una mirada intensa y salvaje. Kylan mantuvo su mirada sin sentirse intimidado y lo miró con seriedad.
- Harry, por favor… -le suplicó Hermione que no podía ocultar su terror por ver a Harry de esa manera tan descontrolada. Pero él no estaba, estaba dominado por su lobo interior y gruñó al polaco, enseñando unos finos colmillos que aún estaban en proceso de salir. Irritado por la interrupción, corrió hacia él para atacarlo.
- ¡No! -gritó Ginny, buscando a tientas su varita para proteger a Kylan. Pero éste ni se movió, sus ojos azules, intensos y profundos, miraron fijamente a Harry y cuando sólo quedaban unos metros escasos para encontrarse, el joven volvió a detenerse abruptamente, hipnotizado por aquella mirada. Los ojos de Kylan cambiaron y una suave aureola negra se dibujó en su pupila, contrastando con el azul zafiro y un ligero brillo salvaje y encantador se apreció lo suficiente como para que Harry no pudiera apartar la mirada y todo su cuerpo se paralizara. Notó como su mente era doblegada y por lo tanto, cada uno de sus miembros se retorció en contra de su voluntad y cayó de rodillas con un gruñido, jadeando por el esfuerzo. Hermione y Ginny observaron la escena, estupefactas y curiosas. Unos minutos después, cuando el brillo salvaje de los ojos de Harry desapareció, Kylan dejó de ejercer su poder en él y parpadeó suavemente. El joven sacudió la cabeza y tosió bruscamente sin saber muy bien que había pasado, alzó la mirada y se encontró con Kylan que lo miró un momento y luego se alejó de él. Hermione salió del trance y corrió hacia Harry para abrazarlo en un silencioso sollozo, Ginny tardó en salir de su shock pero cuando notó que Kylan ya se había alejado, despertó y miró hacia atrás, pudiendo percibir una figura a lo lejos. Sin pensarlo mucho, se dispuso a seguirlo.
Kylan se dio cuenta de su presencia y se viro sin sobresaltarse hacia ella.
- Hola -murmuró la joven a una prudente distancia de él.
- Hola -respondió al saludo con naturalidad- ¿querías algo?
- Yo… quería… quería darte las gracias por haber ayudado a Harry, supongo.
- No hay que darlas -se encogió de hombros.
- ¿Cómo lo has hecho? ¿has usado alguna especie de…?
- ¿Hechizo? si -mintió con facilidad- no es un hechizo que use mucho, de hecho no lo uso nunca, pero esta situación requería de ello.
- Gracias -volvió a repetir. El joven notó la tensión en su cuerpo y lo incómoda que parecía y no pudo mas que esbozar una suave sonrisa.
- Hacia mucho que no hablábamos -comentó, desviando el tema. Buscó su mirada con ternura y cuando la encontró, no pudo mas que suspirar, esos ojos marrones lo debilitaban sin que él supiera como.
- Si, es cierto… no ha habido ocasiones -intentó excusarse. De hecho había estado evitándolo y en otras ocasiones, había estado ocupada sin mas.
- Harry, no me des estos sustos, por favor -le suplicó la castaña, acunando su rostro. El chico aún se encontraba un poco aturdido por lo ocurrido y sentía retortijones en el estómago.
- Por un momento creí que iba en serio, Potter. Pero no eres mas que un imbécil que le encanta gastar bromas -masculló Gregory, mosqueado por haber sido engañado.
- ¡Goyle, cierra esa maldita bocaza sino quieres que te la cierre yo! -lo fulminó con la mirada, enfadada.
- ¿Cerrarme la boca tú a mi? eso es un chiste ¿verdad?
- El chiste serás tú como no te largues -intervino Andrew con malos humos.
- ¡Lárgate!
- ¡Muérete, sangre sucia! esta escuela está mejor sin ti -la insultó con veneno en sus palabras y sus compañeros lo corearon entre risas. Harry no lo soportó mas, el lobo se agitó en su interior con violencia y gruñó entre dientes, aferrándose a la nieve con tanta fuerza que creía que sus dedos se engarrotarían. Jadeó con esfuerzo, intentando controlarse pero era tal la furia y la ira contenida por el engreído y malnacido Goyle que no dejaba de insultar a su amada, que con gusto se quería abandonar a su lado salvaje.
- Harry, no, otra vez no -lo sujetó y buscó su mirada, una mirada que empezaba a parecer mas animal y menos humana.
- Her… Hermione… ve… vete… -logró decir mientras sus colmillos asomaban por sus encías. Su espalda vibró y aumentó de volumen, encorvándose.
- Claro, es lógico. No siempre puede haber tiempo para todo, ¿verdad? -la tranquilizó.
- Si… -medio sonrió sin animos.
- ¿Y cómo has estado? -soltó sin pensar y se arrepintió de haber preguntado- lo siento, no es asunto mío…
- ¿Por qué te disculpas?
- No quiero incomodarte ni obligarte a estar aquí. Sé que aún no tengo tu confianza y no quisiera que te alejaras, sinceramente -musitó por bajo, sabiendo lo que implicaban aquellas palabras. Un agradable escalofrío recorrió el cuerpo de la joven, Kylan era joven y misterioso pero al mismo tiempo era tan cálido que le sorprendía saber que empezaba a confiar en él. Aún siendo un Slytherin. Y lo negara o no, su calor aliviaba el intenso dolor que le causaba haberse separado del único amor que había conocido en Harry.
- Bueno… ahora estoy aquí, ¿no? -replicó con suavidad, con la intención de hacerle sonreír y lo consiguió. Una cálida sonrisa se formó en sus labios y su corazón dio un vuelco.
- Ésta vez no me dejaré intimidar, Potter, no me das miedo.
Todavía de espaldas, Harry abrió la boca, dejando salir sus afiladas dagas y Hermione tuvo que retroceder por instinto porque ver a su amigo de esa manera, le causaba miedo, terror, angustia y respeto al mismo tiempo. Se incorporó despacio y se giró hacia Gregory con la mandíbula tensa, los hombros hacia delante, las manos convertidas en puños, ocultando sus garras y lo fulminó con la mirada. Fue entonces cuando el joven se dio cuenta de la situación y un terror irracional se apoderó de él cuando los ojos salvajes de Harry se clavaron en los suyos, como si quisieran devorarlo.
- Corre, Goyle, o será peor para ti, te lo garantizo -farfulló con voz ronca y grave, aproximándose a él.
- ¡Alto! -alzó la varita contra él mientras murmuraba un hechizo pero de un veloz movimiento, Harry ya no estaba en el punto de mira. Había esquivado el haz de luz y volvió a aparecer en sus narices, le gruñó y Gregory lanzó una exclamación antes de salir corriendo con sus compañeros. El ojiverde se unió a la carrera y cuando Goyle se quiso dar cuenta, Harry estaba justo en frente de él y lo asió por el cuello, clavándole las garras. Mostró sus temibles colmillos, furioso y el chico gimoteó entre sus brazos, percibiendo la falta de aire en sus pulmones y el acero en su piel, escociéndole.
Ginny se percató del movimiento de las orejas de Kylan cuando éste se tensó.
- ¿Qué ocurre? -preguntó preocupada.
- Algo va mal -dijo con voz sombría y salió corriendo por el mismo camino que había venido, seguido por ella.
- Por favor, por favor, no me hagas daño -suplicó como un niño asustado.
- ¡Harry, no, detente! -gritó Hermione, aterrada.
- ¡Harry! -gritaron los demás. No se atrevían a acercarse a él y menos atacarlo con un hechizo. Pero él no escuchaba, estaba furioso, alterado, irritado, mosqueado y ademas tenia hambre, ¿quién podría impedirle darse un festín con aquel imbécil que no merecía vivir?. Pero de pronto, algo o alguien colisionó bruscamente contra su costado, separándolo de Gregory y siendo arrojado a un montón de nieve. Se revolvió como un perro y encaró al entrometido con los colmillos y las garras por delante, nuevamente era Kylan el que había impedido un desastre y se erguía, muy serio, frente a él.
- ¡Apártate de mi camino!
- Cálmate, Potter, o alguien más saldrá herido
- Si no te quitas, te despedazaré y no dudaré en hacerlo
- Inténtalo -lo desafió.
- Pero, Kylan, ¿qué haces? -lo reprendió Ginny.
- ¡Harry, por favor, escúchame! entra en razón, tú no eres así.
- No te escuchará, sólo obedece a su instinto
- ¡He dicho que te largues! -rugió antes de correr velozmente y abalanzarse sobre él. Kylan lo recibió, sujetó sus muñecas con firmeza, le asestó una patada en el estómago con tanta fuerza que Harry escupió sangre por la boca y lo alejó de si unos metros. Su cuerpo impactó contra un árbol y aterrizó en la fría mata blanca, tosió notando el lacerante dolor en su vientre pero se recuperó enseguida, ya no sabia dónde estaba su control, lo único que sabia era que su ira aumentaba mas y mas y el combate con Kylan no ayudaba nada. Se arqueó con un grito y sus músculos se contrajeron violentamente, su vello se multiplicó, su rostro empezó a alargarse y con un feroz rugido, se incorporó, transformándose en un lobo negro enorme. Los alumnos que aún merodeaban por la zona, gritaron asustados y salieron todos corriendo, incluso George, Andrew y Oliver se negaron a quedarse pero Ginny y Hermione permanecieron allí, incapaces de dejar a Harry en esas circunstancias tan extremas. Ginny, que jamás lo había visto transformado, tuvo un torbellino de emociones tan distintas que creyó marearse: fascinación, miedo, respeto, angustia, tristeza, pena, lástima, admiración. Sin embargo, pronto tuvo que espabilarse, porque el lobo volvió a la carga en todo su esplendor, en busca de su presa, Kylan.
- ¡Desmaius! -exclamó entonces la voz firme y autoritaria de la directora McGonagall. El hechizo impactó en el animal que cayó con un golpe sordo en la nieve, un terrible dolor de cabeza lo torturó y gruñó, revolcándose para intentar aliviarlo. Ella se acercó al licántropo, segura de si misma y sin dejar de apuntarlo con la varita, Harry intentó levantarse y le mostró los colmillos a la directora amenazante y alzó una zarpa en el vago intento de alcanzarla.
- Envertestatil -musitó y el lobo volvió a caer y gimoteó angustiado, apartando la nieve con sus garras y buscando apoyo para incorporarse y largarse de allí. Hermione y Ginny observaban la escena, en parte aliviadas en parte apenadas y muy tristes. McGonagall usó un último hechizo y el joven sólo pudo cerrar los ojos y dejar que la oscuridad lo acunase sin remedio.
Silencio, solo había silencio. Y no un silencio agradable precisamente, el ambiente estaba cargado de expectación, tensión y mucha preocupación y los presentes allí reunidos mostraban rostros impasibles, serios y graves, como si meditaran profundamente sobre algo… o sobre alguien. No era algo fácil, de hecho parecía ser una decisión importante, seria y tal vez una decisión que traería muchas consecuencias a la escuela. Ella lo sabia, lo supo desde el mismo instante que vio con total claridad ese brillo de ferocidad y descontrol, aquello no podía ser pero ¿acaso tenia otra opción? no recordaba la última vez que había tenido que convocar una reunión de tal importancia como aquella, pero era necesario, por el bien de todos. Los invitados no tenían idea de lo doloroso que podía ser para ella, podría ocasionar un giro tan brusco que no sabia cómo podía afrontarlo.
- McGonagall, ¿estás segura de esto? -le preguntó Horace con suavidad y tacto.
- No, Horace, pero es lo único que podemos hacer
- Yo no estoy de acuerdo -replicó Hagrid con gravedad- no puedes hacer eso, no es su culpa.
- No le estoy echando la culpa, Hagrid, pero es una amenaza para la escuela.
- ¿Amenaza? -repitió, incrédulo- por dios, lo conozco desde que era un crío, jamás haría daño a nadie a conciencia.
- Hagrid, ha estado a punto de matar a uno de nuestros alumnos y ha atacado a otros mas. Esto es serio.
- No puedes hacer eso… -murmuró- no puedes hacerlo, le destrozarás el corazón, éste es su hogar.
- Un hogar que destruirá por no controlar algo que no es suyo -añadió con seriedad, mirando al gigante- lo siento, Hagrid, la decisión ya está tomada. Y no hay marcha atrás.
El gigante se desplomó en su asiento y su expresión se entristeció tanto y expresó tanto dolor que envejeció de golpe varios años. No podía estar pasando… eso no… una lágrima descendió de sus ojos y desapareció en su poblada y larga barba.
- Lo haremos esta noche -dio por concluida la reunión. Y el silencio volvió a reinar en la sala.
Los chicos se quedaron con Oliver en la enfermería hasta que se recuperó, ninguno de ellos tenia ánimos de hablar, también Ginny fue revisada por el empujón que recibió pero todos estaban bien, podría haber sido peor. Lo ocurrido a las afueras del castillo había dejado un mal sabor de boca y una escalofriante sensación de miedo, todos querían a Harry pero su nueva condición empezaba a ser un problema. Sin embargo, Hermione, Ginny y Luna eran las que mantenían una actitud mas abierta ante la situación, conocían a Harry mejor que nadie y sabían que él nunca haría eso a voluntad, Ron había sido avisado del incidente dado que se había ido a Hogsmeade para reunirse con un amigo y comprar unas cosas y se quedo de piedra cuando le contaron el descontrol de su amigo. Sólo habían pasado horas, no tenían ni idea de dónde estaba Harry, McGonagall se lo había llevado con rapidez y facilidad bajo el uso de la magia y luego se había esfumado como el aire, los profesores ya no rondaban por los pasillos, en sustitución, se encontraban algunos alumnos mayores que funcionaban como vigilantes hasta que ellos volvieran y los alumnos mas pequeños habían huido a las habitaciones. Como resultado, el castillo estaba casi desierto. Los chicos no sabían si debían alegrarse o no porque el silencio que reinaba era tal que se oía hasta las respiraciones de cada uno y no eran capaces de articular palabra. A Hermione no le hacia falta ser adivina para analizar las expresiones de sus compañeros, estaban realmente impactados y no era para menos, Harry era ahora un licántropo, un lobo enorme que podría zamparse a cualquier si se lo propusiera y además que tenia entendido que los licántropos preferían la carne humana. El descontrol de Harry le chocó violentamente, ni siquiera en luna llena había reaccionado, es mas estaba tan tranquilo esa noche que hasta le asustaba en cierta forma, entonces… ¿por qué su comportamiento había cambiado tanto? ¿exactamente qué era lo que le había enfurecido tanto?
<<¿Y aún te lo preguntas?, para ser tan inteligente, estas cosas se te escapan. ¿Todavía eres incapaz de ver la verdadera razón por la cual Harry se enfureció con Gregory? vamos, piensa un poco no es tan difícil>>, y tenia razón, no tardó mucho en darse cuenta que Harry había saltado a la defensiva cada vez que Gregory la insultaba y la facilidad de su lobo para dominar su cuerpo y su racionalidad. Y como de costumbre, su corazón reaccionó ante esa perspectiva, ante la actitud protectora y apasionada de Harry para que ella no sufriera el menor daño, de hecho casi todos sufrieron daño menos ella. ¿Hasta qué punto era racional dentro de su ferocidad como para no hacerle daño a ella?, era una pregunta muy importante la que se estaba planteando y no sabia contestarla todavía, a no ser que hablara con el propio Harry, algo que ahora mismo lo veía imposible.
La noche llegó, silenciosa y fría como el hielo y aún no había ninguna novedad, los chicos no estaban tranquilos pero no se atrevían a preguntarle a algún profesor o a la propia directora.
Kylan esperaba pacientemente el momento, aquella noche se realizaría un paso que desencadenaría un desastre, sin embargo, no estaba sereno como esperaba, sabia su cometido, las instrucciones palmo a palmo que su Señor le había mandado pero, como ya era habitual, en este caso no tenia ni idea en qué consistía el plan. Sólo Christian lo sabia, y aunque quisiera penetrar en su mente, su Señor lo protegía y empezaba a preguntarse qué razón habría para ello. Sacudió la cabeza intentando alejar esos pensamientos, no debía pensar, sólo obedecer órdenes, no seria difícil, aquel grandullón era demasiado perezoso como para causar problemas y, por fortuna, Kylan era un experto en el mundo de la mente, seria fácil, un poco de sigilo y listo, Christian entraría en acción junto con su escuadrón de hombres-lobos y él habría terminado su parte. Con Harry fuera de combate, aquella noche se oirían aullidos de victoria. Sus ojos azules escudriñaron la casa de Hagrid desde lo alto de un árbol, sentado y con una increíble paciencia observó cómo aquel gigante entraba en su humilde morada sosteniendo un pequeño farol para ver en la oscuridad. Esbozó una media de sonrisa de diversión cuando Hagrid se cogió la barba y tanteó en un taburete para que su enorme cuerpo descansara, sin embargo, pudo apreciar que su rostro presentaba signos de una honda tristeza que no logró entender. Descendió de la rama y aterrizó con un grácil movimiento, se metió las manos en los bolsillos y se dirigió al edificio, la oscuridad era su aliado sin duda alguna y no tardó en ocultarse bajo una ventana, con el ojo derecho pudo visualizar unas lágrimas caer de sus ojos y empezó a preguntarse qué le pasaba, enseguida tuvo que deshacerse de ese pensamiento, no era momento de sentir compasión. Hagrid parecía estar agotado y el joven no pudo mas que alabar a su paciencia, ahora debía actuar. Se incorporó y se presentó en la entrada con naturalidad, tocó dos veces con suavidad. Percibió un leve golpe contra algo de madera y una tos procedente del gigante.
- ¿Quién… quién es? -tartamudeó Hagrid, limpiando sus lágrimas rápidamente.
- Soy Kylan -respondió desde fuera- sé que no debería estar aquí, pero pensé en visitarte.
- En eso tienes razón, no deberías estar aquí, vuelve a tu cuarto, Kylan -replicó con una mueca de desagrado por la interrupción.
- Insisto. Me gustaría hacerte unas preguntas, te he estado buscando todo el día pero no te he podido encontrar. Es un favor que no te pediré mas y te estaré eternamente agradecido -lo persuadió, sonriendo para si.
- Bla, bla, bla… vale, entra -bufó, de mal humor- sólo te doy unos minutos. El joven abrió la puerta y lo vio tan cabizbajo que por una milésima de segundo, quiso abortar la misión. Se apoyó contra la mesa frente a él sin sacar las manos de los bolsillos.
- No tienes buen aspecto -comentó.
- Ve al grano, muchacho, ¿qué es lo quieres?
- Verás… llevo días dándole vueltas a un tema. Sé que eres un gran aficionado a las criaturas mágicas y además eres capaz de ganarte su confianza y domesticarlos pero… -se detuvo un momento para observar su reacción, Hagrid lo miraba con curiosidad, atento, a pesar de su mal estado emocional- dado los últimos acontecimientos, me preguntaba si alguna vez has domesticado un licántropo. O has conocido alguno en particular.
- El único licántropo que he conocido se llamaba Remus Lupin. Fue profesor en Defensa contra las Artes Oscuras. Murió hace un año aproximadamente -concluyó con expresión sombría y perdida en los recuerdos.
- ¿Y cómo era? como licántropo digo
- Nunca lo vi transformarse. Pero siempre se ha hablado de la ferocidad y la agresividad de los licántropos, no tienen medidas
- Y… -se inclinó un poco hacia delante, mirándolo a los ojos- sabiendo de tus amplios conocimientos, ¿serias capaz de, digamos, desenmascarar a un licántropo? es decir, ¿sabrías distinguir entre un licántropo de un humano?
- A simple vista no, pero los humanos no son rápidos, fuertes y letales como esas criaturas -respondió con facilidad y cuando intentó desviar su atención hacia la jarra de vino, se sintió tremendamente atraído por la mirada de Kylan.
- Eso es muy obvio ¿no?, vamos, tú eres mas inteligente, seguro que se te ocurre algo.
- Chico, creo que deberías irte a dormir ya, he respondido a todas tus preguntas y quiero estar solo
- Oh si claro, te entiendo perfectamente, Hagrid -asintió, comprensivo- pero antes, una sola cosa mas.
- Dime
- ¿Sabías que hay licántropos que poseen ciertas habilidades especiales…-clavó sus hipnóticos ojos en él con mas intensidad- ...además de las que todo el mundo sabe sobre ellos? como, por ejemplo, ¿dominar el arte de la mente?
- ¿Qué…? -musitó pero unas cadenas alcanzaron su mente, surcaron su subconsciente y se enredaron firmemente, impidiendo cualquier acción, en cuestión de segundos estaba paralizado de cuerpo y de mente frente a Kylan que sonreía sin emoción.
- Lo siento, Hagrid, no es nada personal… -le aseguró. Hagrid lo miraba con verdadero terror, estaba a su merced y no había nada que pudiera hacer, era su esclavo. Él se acercó hasta que sus rostros estuvieron frente a frente- y ahora vas a hacer exactamente lo que yo diga, sin resistencia.
Neville abrió los ojos como platos al oír un extraño ruido. No sabia qué hora podía ser pero era muy de noche y todos dormían. Frunció el ceño al desvelarse tan pronto y volvió a cerrar los ojos, negándose a seguir escuchando nada. Pero por mucho que quiso conciliar el sueño, ese ruido insistía y un golpe sordo lo despertó de golpe, incorporándose de la cama de un brinco. A su alrededor, sus compañeros también habían sido privados de su sueño profundo, pero aún estaban tan dormidos que era difícil saberlo, Ron bostezó exageradamente y desplomó su cabeza en la almohada, Andrew parpadeó y chasqueó la lengua, incómodo, George se rascó la cabeza y el resto más de lo mismo, sólo la cama vacía de Harry llamaba la atención en la estancia. El joven no había venido aquella noche.
- ¿Qué ha sido eso? -dijo con voz pastosa el pelirrojo.
- George, vuelve a la cama, no ha sido nada, es el viento -musitó Ron con la boca pegada a la almohada. Casi no se le entendió nada.
- Yo no estoy tan seguro -repuso Neville con voz clara y salió de la cama, inquieto. No tenia un buen presentimiento. Se asomó a la ventana, que había sido reparada después del destrozo ocasionado por la transformación de Harry y escrutó en la oscuridad. Desde esa altura, se apreciaba parte del paisaje: el Patio de la Entrada, la carretera hasta Hogsmeade, el Bosque Prohibido, la casa de Hagrid con la luz encendida, el Sauce Boxeador… espera un momento, ¿Hagrid despierto todavía?. Frunció el ceño y lo que vio le dejó completamente impresionado.
- ¡Chicos, levantaos inmediatamente todos! -ordenó en una fuerte exclamación. Ron pegó un brinco, Andrew golpeó su cabeza contra el cabezal y George sufrió un calambre en el brazo del sobresalto. Neville saltó un montón de ropa del suelo y se cambió de ropa a la velocidad del rayo.
- Neville, ¿qué ocurre? ¿a qué viene ese grito?
- Como no te levantes, Ron, te juro que te despierto yo -lo amenazó.
- Vale, vale, ya voy
- Y vosotros lo mismo, os veo en cinco minutos en el pasillo con las chicas -alcanzó la varita y con un movimiento, se esfumó en el aire.
Diez minutos después, estaban todos reunidos, chicos y chicas, en el pasillo frente al retrato de la Señora Gorda. Neville se ahorró las explicaciones y los condujo fuera del castillo en dirección al Sauce Boxeador, la escena fue de lo mas sorprendente y los espabiló a todos en cuestión de segundos. El Sauce agitaba con desesperación sus robustos y puntiagudos brazos como si estuviera retorciéndose de dolor por algo.
- ¿Qué es lo que está pasando, Neville? ¿qué le pasa al Sauce Boxeador?
- No tengo la menor idea, Katie, pero está sufriendo mucho -dijo el muchacho, angustiado.
- ¡Mirad! -señaló Andrew bajo un punto al otro lado del árbol. Con horror y auténtica sorpresa, los chicos vieron a Hagrid asestando una potente tajada con una enorme hacha al tronco del Sauce Boxeador, éste intentaba deshacerse de él con sus brazos, pero el gigante los esquivaba y si lo derribaba, se incorporaba como si no le doliera y volvía a rematar contra él.
- ¡Hagrid!, ¿pero qué haces? -chilló Hermione. No podía creerse lo que veía, no podía ser…
- ¡Hay que detenerlo! ¡Desmaius! -gritó Ron contra Hagrid, pero un brazo del Sauce funcionó de rebote y el hechizo volvió- !abajo!
- Muy buena, Ron -farfulló Ginny.
- ¡Hagrid! ¡Hagrid! -lo llamó desesperadamente la castaña. Pero el gigante no la escuchaba, no estaba en si, el sudor perlaba todo su rostro, jadeaba por el ejercicio, todo su cuerpo presentaba magulladuras y heridas por los ataques del Sauce y su mirada estaba completamente perdida, ida, como si no estuviera ahí.
- Algo está pasando, Hagrid nunca se comportaría así -razonó Ron, con perplejidad.
- Parece que está hechizado -aportó Luna, observando la escena.
- ¡Cuidado! -avisó Andrew y todos se agacharon o rodaron para esquivar por los pelos dos brazos del Sauce, uno detrás de otro.
- Tenemos que hacer algo
- Pues ya puedes ir pensando
- Yo intentaré tranquilizar al Sauce, vosotros, detened a Hagrid -sugirió Neville, decidido.
- Estás loco, ¿has visto el tamaño de ese arbusto?
- He superado cosas peores y además soy el profesor de Botánica, algo podré hacer.
- Bien. ¡Andrew! ¡George! ¡Ron! distraed al Sauce mientras nosotras intentamos alcanzar a Hagrid -ordenó Hermione sin miramientos.
- ¡¿Qué?! -exclamaron los tres chicos a la vez, atónitos.
- Ya lo habéis oído -replicó Ginny con malas uvas. Ellos fruncieron el ceño pero no tardaron en ponerse alerta cuando los brazos del Sauce se dirigieron hacia ellos. Las chicas se dispersaron como pudieron entre las raíces del Sauce y con sumo cuidado, lo esquivaron, usaron hechizos para defenderse mientras los chicos lo distraían y Neville se concentraba a una prudente distancia.
- ¡Hervibicus! -exclamó apuntando hacia el agresor con firmeza. Sus amigas, las plantas surgieron de la tierra y crecieron y crecieron hasta convertirse en lianas firmes que se lanzaron a los brazos del Sauce, atrayéndolo hacia abajo e inmovilizándolo- ¡Incarcerous!
- ¡Bien hecho, Neville! -lo felicitó Andrew. En cuestión de minutos, el Sauce Boxeador estaba fuertemente asido entre gruesas lianas y cuerdas que serpenteaban por toda su estructura, impidiendo sus movimientos. Todo parecía ir sobre ruedas, pero justo cuando las chicas habían alcanzado a Hagrid, el Sauce bramó de auténtico dolor y rabia, los hachazos cada vez eran más enérgicos y letales y su cólera aumentaba por momentos. Neville vio horrorizado como las cuerdas y las lianas se resentían por la violencia y la brutalidad del Sauce, pronto se rompieron y desaparecieron como polvo y uno a uno, los brazos se cernieron sobre Ron, Andrew, George y él mismo, siendo lanzados por los aires con mucha fuerza. Las chicas se quedaron de piedra y de sus gargantas brotaron exclamaciones de preocupación y sorpresa. Las cosas no podían ir peor pero se equivocaban, tras una roca cerca de la escena un enorme licántropo se alzó, amenazante y mostró sus colmillos.
- Esto no puede estar pasando -murmuró Hermione, temiendo lo peor.
- ¡Aléjate de ella, bestia inmunda! -bramó su novio, conjurando un hechizo. El impacto fue inmediato y el animal desapareció en la oscuridad, pero pronto su alivio se esfumó y más licántropos rodearon el perimetro, agresivos, feroces y temibles.
- ¡Estamos atrapados! -advirtió Ginny, con todos sus músculos en tensión. <<Harry, ¿dónde estás?>>, se preguntó la castaña, blandiendo su varita con la determinación en su mirada. Los licántropos reaccionaron y con un rugido, se abalanzaron sobre ellos. La batalla se desencadenó en varios flancos diferentes, los jóvenes tenían que retroceder a los licántropos con hechizos directos o con evasivas al mismo tiempo que esquivaban los potentes brazos del Sauce e intentaban llegar hasta Hagrid para detener aquella catástrofe. Era un todo contra todo. Los minutos se sucedían entre ráfagas de luz, gruñidos, garras, colmillos, espinas, raíces y un hacha a manos de un gigante que era culpable de todo, y sin motivo aparente. De pronto, otra ráfaga de luz mas potente estalló en la oscuridad y los chicos pudieron apreciar la presencia de algunos profesores que se acercaban a ver qué era lo que pasaba y el por qué de aquel espectáculo de luces. Fue la señal que los licántropos esperaban, la chica estaba distraída y no perdieron la oportunidad, uno de ellos, un hombre-lobo negro con mechas plateadas que parecía ser el jefe, se interpuso en su camino y con una sonrisa feroz, la apresó en un abrazo mortal cargándola a su hombro sin que ella pudiera reaccionar. La joven lanzó una exclamación de terror y todos se viraron hacia la propietaria de ese grito, la palidez no tardó en poblar sus rostros: ¡era Ginny!.
- ¡¡No!! -gritó su hermano, desesperado y furioso. Se quitó de encima a una de las bestias y esquivando por los pelos un brazo del Sauce, corrió a toda velocidad, siguiendo al monstruo que había osado ponerle la mano encima a su hermana. George lo siguió pero ambos chicos fueron detenidos por cinco o seis licántropos mas, cubriendo la retaguardia de su líder, tal y como estaba planeado. Las chicas también intentaron seguirlo pero cada paso que daban era obstaculizado por uno de ellos o por el propio Sauce.
- ¡Partis Temporus! ¡Bombarda Maxima! -dijo entonces una voz familiar y un escudo protector cubrió a los profesores y a los chicos, al mismo tiempo que una explosión contra el suelo, dispersaba como hormigas a todos los licántropos mas cercanos.
- ¡McGonagall!
- ¡Desmaius! -recitó de nuevo y con una puntería excelente, el hechizo impactó de lleno en el rostro de Hagrid a través de los enormes brazos del Sauce y el gigante gimió, retirándose por momentos y debido a su tamaño, cayó hacia atrás con el hacha en sus manos. El Sauce bramó y descargó un puñetazo contra la barrera mágica que vaciló ante la potencia del ataque.
- ¡Señor Longbottom, es su turno! ¡vosotros id a por Ginny! los profesores y yo nos encargaremos de esta escoria
- ¡Vamos, chicos! -rugió Ron, impaciente. Todos asintieron y echaron a correr todo lo que sus piernas le permitieron, el líder y sus guardaespaldas habían avanzado muy rápido pero Ron y Hermione tuvieron el mismo pensamiento y con un movimiento de sus varitas, desaparecieron en el aire para luego aparecer frente a ellos.
- ¡Bombarda! -gritaron al mismo tiempo y la misma explosión pero de grado menor que la de McGonagall perforó el suelo. El líder se sobresaltó y su prisionera resbaló hasta tocar el suelo, los guardaespaldas gruñeron feroces y aprovechando la velocidad de la huida, se abalanzaron con una velocidad inusitada. El resto de sus amigos hicieron acto de presencia y los expulsaron de puro reflejo. Magos vs Licántropos, los magos levantaron sus varitas en posición ofensiva y los licántropos abrieron sus fauces, mostrando sus colmillos, seis contra seis, parecía justo y poseían algo a su favor, dado que sus enemigos eran vulnerables a la magia. Ellos respondieron primero en un ataque masivo de garras, colmillos y fuerza bruta y los chicos, para no ser menos, blandieron sus varitas con energía, contrarrestando sus temibles atributos físicos. Se enzarzaron en un violenta pelea pero por mucho que lo desearon, aquellas bestias les neutralizaba el paso para llegar hasta su amiga, que en aquellos momentos estaba aturdida y yacía aún en el suelo. En un momento de la pelea, el líder abandonó la pelea para recoger a su presa y se largó a toda prisa, dejando a sus compañeros con aquella panda de magos.
- ¡Se marcha! -exclamó Ron, lleno de ira.
- ¡No podemos permitirlo! -aportó George, cabreado.
- ¡Maldita bestia peluda y sanguinaria! -gruñó el pelirrojo antes de esfumarse en el aire una vez más. Sin embargo, la jugada no le salió como él quería, el líder se esperaba ese movimiento, cuando el apareció frente a él para detener su avance, alzó una garra y le asestó un certero zarpazo en su mejilla izquierda, derribándolo con suma facilidad. Ron perdió el conocimiento al instante y su mejilla empezó a sangrar debido a las marcas producidas, con alta probabilidad de que le quedaran cicatrices al curarse. El líder echó la cabeza hacia atrás y aulló, los guardaespaldas oyeron su llamada y abandonaron como el rayo el terreno de batalla con los magos y los licántropos sobrevivientes en el otro lado, en el Sauce Boxeador, se retiraron también. Al fondo, cerca de la carretera en dirección a Hogsmeade, se vislumbraba una luz extraña y toda la manada de licántropos y el líder desaparecieron, tragados por ella con Ginny entre ellos…