domingo, 13 de enero de 2013

Entre vestidos y esmóquines



CAPITULO V

Entre vestidos y esmóquines




Otoño no tardó en manifestarse visiblemente en Hogwarts. Las hojas de los arboles se tiñeron de un tono rojizo y la corteza de los troncos se empobreció tomando una tonalidad casi grisácea, la brisa fresca acarició las hojas llevándoselas consigo, silbando tenuemente entre los rayos del sol que se filtraban entre las copas y el cielo se vistió de ligeras nubes, dibujando un perfecto cuadro de la estación por venir. Los alumnos iban y venían y al salir a los pasillos exteriores de la escuela ya se apreciaba el frescor del día y se planteaban si cubrir sus cuerpos con algún abrigo. Para algunos, posiblemente, la llegada del otoño no fuera significativa tal vez incluso no le daban importancia… pero para otros u otras significaba un evento importante que requeriría trabajo y decoración. 

Unos tacones resonaron con fuerza por los pasillos, alertando a los alumnos a apartarse del camino de la portadora de los mismos. La capa ondeó al aire por la energía de sus pisadas mientras se dirigía al despacho de la directora en el ala este del castillo a un ritmo brutal. Las escaleras giratorias aparecieron al instante cuando llegó a su destino y tocó suavemente a la puerta. 
- Pase -murmuró la voz de McGonagall desde el interior. Alzó la vista cuando los ruidosas botas de Madame Rolanda la despertaron de lo que estaba escribiendo en ese mismo instante.
- Directora McGonagall -saludó la recién llegada- espero no interrumpir nada. 
- En absoluto, Rolanda. Puedes tomar asiento si lo deseas 
- Te lo agradezco pero me corre prisa
- ¿De qué se trata? 
- El Baile de Otoño -anunció como si fuera obvio.
- Oh, si -asintió la directora, refrescando momentáneamente su memoria.
- El profesorado se pregunta cómo se va a planificar este año -siguió hablando- los alumnos ya están murmurando sobre ello…
- Es lógico, el Otoño prácticamente ha empezado y debemos prepararlo todo para la ocasión -murmuró pensativa. 
- Me preguntaba si podría colaborar en una actuación especial con los jugadores de quidditch…
- ¿Una actuación especial con los jugadores de quidditch? -interrogó McGonagall observándola tras sus gafas. 
- Si, exacto. Podría ser una entrada muy interesante y poco común, el comedor es amplio además de poseer grandes techos, seria muy grandioso de ver, ¿no le parece? -comentó Rolanda visiblemente ilusionada con la idea. 
- Mmm… -se quitó las gafas con suavidad, meditando sobre ello- visto de esa manera, parece una buena idea ciertamente. Muchos alumnos están emocionados con el baile y desean que sea memorable… 
- Y lo será. 
- Muy bien… te dejo al cargo de eso, te encargarás de organizar esa entrada triunfal con los chicos, solo espero que lo hagas con orden y que no haya imprevistos. 
- Por supuesto, no dude de mi criterio -sonrió la profesora de vuelo. 
- ¿Algo más que desees comunicarme? 
- Solo una cosa mas… ¿cuándo empezamos? 
- Ahora mismo 

La noticia de los preparativos del baile se propagó por toda la escuela y se armó un jaleo tremendo. En las clases, los profesores mandaban a callar a menudo a los alumnos porque no paraban de cuchillearse entre ellos sobre el tema. Parecía un descontrol total. 

- ¡Ahhhhh! ¡por fin llega el Baile de Otoño! qué emoción, ¿verdad? ¡qué ganas! -exclamó Hannah Abott de la casa de Hufflepuff a sus compañeras. Estaban reunidas en la pequeña plaza exterior de la escuela.  
- Si, este año me pondré un vestido increíble ya veréis -dijo una de ellas, muy emocionada. 
- ¿Cómo irán los chicos? esperemos tener parejas -comentó otra en el mismo estado de ánimo que las otras. 
- Los chicos estarán para morirse, chicas. Ya no son unos críos -rió de forma divertida, Hannah. Luna observaba a las chicas de Hufflepuff con una divertida sonrisa en el rostro. ¡Qué ilusas! se creían las reinas de la escuela y encima tenían un ego que se lo pisaban. Normalmente las de Slytherin eran así, pero es que… ¡ni hacia falta! con Pansy Parkinson a la cabeza era suficiente. Al parecer, las chicas como Hannah Abott habían adoptado la mala costumbre de imitar conductas de los Slytherin y eso a ella le repateaba. 
- De tal serpiente, tal gusano -murmuró la joven Ravenclaw. Por desgracia, Hannah oyó su murmullo desde donde estaba. 
- ¿Decías algo, lunática? -interrogó con desdén. 
- No, nada, cosas mías -se encogió de hombros sin darle importancia.
- Ah, me creía -sonrió satisfecha al tiempo que la ignoraba, volviendo a la conversación con sus amigas. Luna rió suavemente y se levantó del bloque de piedra donde estaba sentada y se perdió entre el gentío por los pasillos. Cho la interceptó por el camino. 
- ¡Hola, Luna! 
- Hola, Cho
- Oye, ¿te has enterado de lo del baile? 
- ¡Como para no enterarse! -exclamó dramáticamente, desapareciendo todo rastro de la dulzura de su voz. Cho rió divertida. 
- Es que no se habla de otra cosa y estoy emocionada. 
- Motivos tienes
- ¿Y tú? 
- Yo, ¿qué? 
- No pareces contenta… 
- Ya sabes… soy lunática, ¿no es así como me llaman? -dijo como quién no quiere la cosa- de hecho no sé que haces hablándome. No sueles hacerlo. 
- Oye, solo quería saludarte y acompañarte a clase. Somos de la misma casa, ¿recuerdas? -se quejó Cho, un poco molesta. 
- No soy tu mejor compañía
- Vale, como quieras -bufó, apresurando el paso y alejándose de ella. Luna suspiró largamente e ignoró los empujones de la gente al tiempo que buscaba su clase. 

- ¡Oh, no!, no puede ser -gimió Ginny, frustrada en su cuarto. 
- ¿Qué pasa, Ginny? -le preguntó Hermione, preocupada.
- No tengo vestido para el baile 
- ¿Cómo que no tienes vestido? y el del año pasado, ¿qué? -se incorporó de un salto de la cama y se acercó a ella. Ésta rebuscaba en su armario con energía y se revolvía el pelo con desesperación. 
- No lo tengo, mi madre se lo llevó cuando dejé de usarlo
- Pues pídeselo
- Ojalá… pero está de viaje con mi padre a Rusia, ¡Rusia! ¿me oyes? 
- Cálmate, por favor, ven, siéntate -la cogió de los hombros con suavidad y la hizo retroceder casi a regañadientes hasta sentarla en la cama. 
- ¿Qué voy a hacer, Hermione?, no tengo vestido y queda poco para el baile, ¿cómo voy a sorprender a Harry? -gimoteó, desconsolada. 
- No te preocupes, buscaremos una solución, quizás deberíamos darnos un paseo por el Callejón Diagón. 
- ¿Tú crees? 
- Claro, estoy segura -la animó la castaña con cariño- estarás radiante y preciosa para Harry, ya lo verás. 
- Gracias, tú si que eres una amiga -sonrió Ginny, mas tranquila. 
- ¡Ey!, mirad a quien tenemos aquí -intervino Katie con un sonoro portazo que sobresaltó a las chicas. 
- Hay que ver como entras en los cuartos, Katie -se burló Hermione.
- Gracias, es mi forma de ser -siguió la broma mientras se dejaba caer en la cama con ellas- ¿de qué hablábais? ¿y a ti qué te pasa?
- Un momento de histeria -simplificó la castaña
- ¿El Baile de Otoño? -adivinó la joven cazadora
- Has dado en el clavo -murmuró la pelirroja con cansancio.
- Oh, venga ya, ¿tú también?, no hay que liarse ni escandalizarse tanto por un baile -bufó, molesta. 
- Es fácil decirlo para ti. 
- ¿Ah, si? -sonrió divertida- creo que dramatizas demasiado las cosas
- Katie, no te pases, la pobre Ginny quiere estar perfecta para el baile, sobre todo por Harry.
- Claaaaro, se me olvidaba que Potter andaba en todo este asunto. Por cierto, ¿cómo te va con él?. 
- Katie… -la riñó Hermione con suavidad. El rostro de Ginny se ensombreció un poco ante esa pregunta. Desde que se besaron aquella noche antes de la cena, pensó que las cosas entre ellos dos habian mejorado pero recibió el efecto inverso… Harry parecía mas distante, no escuchaba mucho cuando le hablaba e incluso a veces padecía de trastorno bipolar. Esa mañana la había abrazado cariñosamente y le había dado un beso en la frente… no sabía en que pensar ante su actitud. 
- ¡Ups!… -se disculpó Katie- lo siento, no tenia ni idea.
- No, da igual, estoy bien -medio sonrió la pequeña Weasley con esfuerzo. 
- Bueno, en tal caso, animate. ¿Cuál es el problema? 
- No tiene vestido para el baile 
- Ohhhh… eso tiene arreglo. Tengo un vestido de sobra en mi armario, ¿quieres probartelo? igual te sirve -se incorporó ágilmente. 
- ¿En serio? -abrió los ojos como platos.  Su expresión cambió en cuestión de segundos ante las palabras de la chica y se le iluminó el rostro. 
- Claro, espera -se aproximó a su armario en dos zancadas y empezó a rebuscar ante las atentas miradas de las dos jóvenes- a ver…. ¡ah!, aquí está. 
- ¡Guau! -exclamó Hermione, levántandose de la cama
- Katie, es precioso… -murmuró Ginny sin palabras. 
- ¿Te gusta? -sonrió ampliamente- ¿quieres probartelo? 
- Por favor, por favor… -insistió. Katie rió.
- Vamos al baño. Las tres se apresuraron para ayudar a Ginny a vestirse. A Hermione se le ocurrió la brillante idea de maquillarla, así destacaría mas y se observaría mejor en el espejo. Pasados unos treinta minutos, el resultado fue espectacular. 
- ¡Increible! -exclamó Katie- te queda incluso mejor que a mi. 
- ¿Hablas en serio? -comentó Ginny emocionada. 
- Por supuesto, no bromeo, ese vestido me lo compré cuando era tan delgada como tú, pero he cogido unos cuantos kilos de más y ahora no me sirve. Estás preciosa. 
- Ginny, vas a arrasar en el baile -asintió Hermione con una radiante sonrisa- estás espectacular. Vas a dejar con la boca abierta a Harry, ¡garantizado! 
- ¡Qué me emociono!, gracias, chicas. La verdad es que es precioso el vestido. 
- Como suele decir mi madre: "No es el vestido, es la percha" -declaró Katie con los ojos brillantes. 
- Gracias, muchísimas gracias, Katie, de veras -la abrazó muy emocionada y contenta. ¡Ya tenia vestido! no se lo podía creer.
- De nada, preciosa, un placer. Incluso te lo puedes quedar, ya no puedo usarlo.
- ¡¿Quedarmelo?! -exclamó, sorprendida- pe… pero no puedo, es tuyo. 
- No, no, no… -la corrigió con el dedo- ahora es tuyo, te queda muy bien y a mi ya no me sirve. 
- Yo… yo no sé como pagartelo, Katie. 
- Yo si, arrasando en ese baile con tu chico -bromeó dandole un empujoncito. Ginny rió casi al borde las lágrimas, Hermione sonrió contenta por su amiga. Verla así de feliz le alegraba, era su mejor amiga y se notaba que tenia ilusión y quería sorprender a Harry. <<Harry…>> su corazón, sin previo aviso, dio un vuelco al pronunciar su nombre en su mente. Últimamente pensar en él le estaba pasando factura, lo tenía siempre en sus pensamientos sobretodo desde que sabia que no dormía por las pesadillas pero había algo mas: la intensa mirada de sus ojos verdes, su dulce sonrisa, sus gafas que tanto le gustaba reparar cuando estaban dañadas… hasta su vello se erizaba. 
- ¿Hermione? -la voz de Ginny la sacó de sus pensamientos. 
- Emm, ¿si? ¿decías algo? -sacudió la cabeza
- Estábamos diciendo de ir juntas al baile
- ¿Entrar en el comedor dices? 
- Si eso mismo
- Por mi, bien -sonrió a medias.
- ¡Genial! tengo muchas ganas de ver el decorado tan bonito que van a hacer
- He oído que este año van a hacer algo especial y que no se permitirá la entrada al comedor a partir del jueves.
- Y estamos a martes, quedan dos días para eso. 
- Lo anunciarán en breve. Y cuando eso sea, tendremos que comer en otra sala prevista para ello. 
- Se armará mucho jaleo por el traslado -observó Hermione.
- Cierto, pero valdrá la pena cuando veamos el resultado -sonrió Ginny. 
- Claro que valdrá la pena, segurísimo. 
- Me pregunto qué estarán haciendo los chicos


- Ya tengo preparado el esmoquin que llevaré al baile -comentó Ron satisfecho. Estaban a las afueras de la escuela, en clase del Cuidado de las Criaturas Magicas con Hagrid y hoy tocaba alimentar a los Dirlcawl. Eran pájaros de la altura de las rodillas de una persona adulta, rechonchos que poseían un abundante y esponjoso plumaje de tonos blancos y azules y un pico grueso y punzante capaz de resquebrajar huesos. 
- Veo que eres precavido, amigo -comentó el ojiverde mientras cogía un puñado de gusanos de un cubo enorme con unos guantes gruesos que cubrían sus manos y los juntaba con trozos de carne.
- ¿A quién se le ocurrió la brillante idea de amarrar gusanos como cuerdas a trozos de carne? -protestó Neville imitando el gesto de Harry. 
- A los que crearon a estos pajarracos -respondió el pelirrojo con voz socarrona. Un Dirlcawl abrió el pico en dirección al chico y le chilló, sobresaltándolo unos metros. 
- Cuidado, Ron, ese pájaro tiene dientes -se burló Andrew desde el otro lado.
- Muy gracioso -murmuró Ron, mirando al animal de mala gana.
- Andrew tiene razón. Esos pajarracos, como los llamas tú, son capaces de arrancarte un brazo -intervino Hagrid aproximando su enorme cuerpo hacia los chicos, inspeccionando la zona. 
- ¡¡Aghhhh!! -farfulló Neville con desagrado, sujetándose el brazo mientras se imaginaba semejante cacería. Harry deformó su rostro en una mueca de asco e intentó distraerse anudando un gusano a un trozo de carne. Su mente empezó a cavilar por si sola ante los nuevos acontecimientos que se avecinaban, en especifico uno en concreto: el Baile de Otoño, el evento mas importante en la escuela y aunque no era la primera vez que asistía, si era la primera vez que se preguntaba si de verdad valía la pena asistir. <<¡Idiota!, claro que vale la pena, verás a Hermione en todo su esplendor. Incluso podrías bailar con ella>>, susurró su conciencia más romántica y soñadora. <<No seas iluso, Ginny está detrás de ti, prácticamente es tu novia y tú la ignoras, tendrás que pedirle que te acompañe como su pareja. No tienes ninguna oportunidad>>, replicó su conciencia mas realista. Sus dedos se crisparon en el gusano que se agitó resbaladizo por el apretón y al abrirlos, parecía papilla de gusano o carne molida rosada. 
- Vaya, Harry, cuida esa fuerza que el pobre gusano no te ha hecho nada -bromeó Ron dándole un suave codazo, amistoso. 
- Claro… -murmuró y forzó una sonrisa. 
- Harry… ven conmigo. Necesito que me ayudes en algo, ¿te importa? -lo llamó el grandullón de forma amable. 
- Esto… -dudó un momento pero acabo cediendo- vale, ya voy contigo. 
- No lo entretengas mucho, profesor. Tiene que terminar su tarea -saltó Fred con su característica habilidad para ironizar las circunstancias. 
- Vuelve al trabajo, Fred. A no ser que quieras cuidar a un centauro con virus de estomago. 
Los lamentos y los quejidos de los chicos al escuchar eso fueron amortiguados por la estruendosa risa de Hagrid al escucharlos mientras se alejaban a una prudente distancia de ellos. 
- Eso ha sido un golpe bajo, Hagrid -sonrió el muchacho con suavidad.
- Admite que ha estado muy gracioso. Me parto de risa al ver sus caras -volvió a estallar en una nueva carcajada. Se aproximaban a la casa de Hagrid que no estaba muy lejos del lugar donde se impartía la clase, abrió la puerta y metió su enorme cuerpo en el interior, Harry le siguió. 
- ¿Quieres tomar algo? 
- No, gracias. ¿Qué necesitas? 
- En realidad… me he inventado esa excusa para poder hablar contigo -comentó mientras vertía de una jarra un liquido morado. El fuerte olor del vino penetró en las fosas nasales del chico. 
- ¿Hablar conmigo? -se extrañó- ¿de qué querías hablar? 
- Primeramente me gustaría saber cómo estás. Hace mucho que no hablamos, siempre es bueno recordar viejos tiempos ¿no? -se dejó caer en el taburete de la mesa, acomodándose a gusto. 
- Yo estoy bien, Hagrid, como siempre
- Lo dudo mucho. He oído de tus problemas para dormir y tus pesadillas. 
- Eso ya está hablado con McGonagall. Digamos que estoy en tratamiento para ese problema. 
- ¿Y te va bien? 
- Poco a poco -se limitó a responder, cediendo a la tentacion de tomar asiento frente a él. 
- Me alegro mucho. Estaba preocupado. 
- Es todo un detalle -medio sonrió
- ¿Y qué tal las cosas con los chicos? ¿Ron?, ¿Neville?, ¿Hermione? ¿Ginny?… -nombró al tiempo que sorbía del vaso y varias gotas del vino caían en su abundante barba. 
- Bien… -murmuró un poco incómodo- todo bien…
- ¿Seguro? -lo observó detenidamente. 
- Hagrid, ¿a qué viene todo esto? -dijo entonces, visiblemente cansado. 
- Bueno… verás… te he estado observando desde que empezó el curso y conforme han pasado los días te he visto cada más y más extraño y no entiendo por qué. Dentro de poco llega el Baile de Otoño, y tampoco pareces mostrar interés alguno por él, ni siquiera una pizca. 
- No dormir por las noches me pasa factura, Hagrid -le dio a entender. 
- Pero no es solo dormir, ¿verdad? -se distrajo con las ondulaciones del liquido, depositó el vaso en la mesa y apoyó el codo en la misma. Lo miró detenidamente. 
- No sé a que te refieres -murmuró sin mirarlo a los ojos. 
- Mirame, Harry 
- Estoy bien, Hagrid, ¿de acuerdo? -insistió alzando ligeramente la vista. Sus ojos verdes, aunque quisieran parecer invisibles y sin sentimiento, mostraban mucho mas que sus propias palabras. El grandullón endulzó la expresión y esbozó una suave sonrisa. 
- Te conozco desde que eras un retaco, muchacho. ¿De verdad piensas que voy a creerme lo que puedas decirme? -susurró con dulzura como si fuera su padre. El joven mago desvió la mirada con tristeza hacia la pequeña ventana que daba al exterior, sus ojos se perdieron en el horizonte. Hubo un breve silencio. 
- Desearia que las cosas no fueran tan… complicadas
- ¿Por qué habrían de ser complicadas? 
- No lo sé… realmente no deberían de ser así pero no sé si por el destino, por las casualidades o por lo que sea que tuviera que pasar, esta situación parece no tener solución.
- Me resulta increíble oirte decir esas palabras
- Créeme para mi también resulta estúpido decir esto pero… no es un asunto que se pueda resolver ni con magia, medicinas, pociones, artilugios… nada. 
- Es algo mas personal, intimo… -entendió entonces Hagrid con verdadero interés. 
- Si, exacto… -parpadeó dos veces y retiró la vista de la ventana. Su corazón latía ritmicamente al pensar en la complejidad de sus pensamientos… y sentimientos. 
- Debo deducir también de esto que no vas a compartirlo conmigo 
- Lo haría si pudiera pero es que ni siquiera mis mejores amigos lo saben. 
- ¿Tan grave es? -se sorprendió sobremanera el grandullón, irguiéndose en el taburete de repente. 
- Es mucho mas complejo de lo que piensas, Hagrid y hablar de eso es como hurgar más en la llaga. 
- Claro, entiendo. ¿Puedo darte un consejo? -se atrevió a decir. 
- Supongo que si 
- Obviamente no tengo ni idea del carácter de esa situación que estás pasando pero creo que, conociéndote, sabrás tomar las decisiones adecuadas. Ya eres bastante maduro como para eso. 
- Ojalá tengas razón porque en estos momentos, me siento el hombre más inmaduro e inseguro del mundo por no saber tratar este… problema personal. Es frustrante… y lo peor es que alguien puede salir dañado de esto -murmuró pensando en las chicas y en Ron. 
- Es un asunto serio -murmuró adoptando una expresión mas seria y preocupante- analiza bien tus decisiones, hijo, espero que todo se arregle, de verdad que lo deseo. 
- Yo también, Hagrid, yo también…. 



- ¡Menudo rollo ponerse esta chorrada! -se quejó Adrián peleándose con la pajarita. 
- Qué pocos sofisticados pueden ser algunos la verdad -comentó Christian con desgana, terminando de ajustarse su corbata con maestría. Se estaba probando su traje para el baile, era un elegante esmoquin gris plateado, de corbata negra y camisa blanca. 
- Para ti es fácil decirlo, Christian -bufó el chico, molesto. 
- A ver, déjame a mi, Adrián -intervino Graham en su ayuda. 
Kylan se observaba en su propio espejo con su traje negro. Debido a la intensidad de sus ojos azules, el negro resaltaba mucho su belleza facial y le proporcionaba una ventaja indudable. No tenia pareja dado que era la primera vez que asistía a un evento parecido pero esperaba estar en buena compañía después de todo… además Christian parecía tener ciertos planes para aquel día tan especial. <<Quizás puedas bailar con esa chica de Gryffindor>>, su mente le jugó una mala pasada, reviviendo el rostro de aquella joven que tanto lo trastornó en ese primer encuentro. Un suspiro se escapó de sus labios, debía ser realista y pensar que ella ya tenia pareja y que era una Gryffindor, no era ninguna tontería y además no la conocía en absoluto aunque se moría de ganas por conocerla y comprobar por si mismo si lo que decían de los Gryfffindor era verdad. <<¿Cómo irá vestida al baile?, se preguntó con cierta ilusión, en cierta forma, deseo que llegue el día del baile solo para verla>>. Desde que se encontraron en el pasillo y cruzaron miradas en aquella cena, ya no había vuelto a verla de cerca, la observaba a lo lejos y siempre que quería aproximarse, enseguida desaparecía. Con todo aquel terremoto por el baile, todos desaparecían en cuestión de segundos apurados por estar perfectos para esa ocasión; resultaba del todo agobiante. 
- Bueno, Kylan… tendrás todo preparado para el Baile de Otoño, ¿verdad? -comentó Christian mirando fijamente al chico con seriedad. 
- Si… -le devolvió la mirada con expresión sombría- puedes estar tranquilo. Todo irá sobre ruedas.
- Bien, eso era lo que quería oír -esbozó una fría y amable sonrisa. 


A la hora de la cena, cuando todos estaban convocados en sus respectivas mesas según su casa, la directora McGonagall se puso en pie.
- Buenas noches, alumnos, espero que estéis disfrutando de esta deliciosa cena -comenzó con agradable sonrisa- debido a los recientes rumores que han vagado por la escuela, muchos de vosotros sabéis que el otoño ha comenzado y por consiguiente, pronto celebraremos en la escuela de Hogwarts nuestro deseado Baile de Otoño-. 
Los aplausos y la ovación no tardaron en salir a la luz entre el alumnado, impacientes y contentos por el próximo evento. La directora esperó unos segundos, luego levantó la palma de su mano hacia el frente pidiendo silencio para continuar. Entonces, Madame Rolanda tomó la palabra:
- Muy buenas noches a todos, estoy segura de que todos estamos ansiosos porque llegue ese día. Y también estoy segura de que queréis que sea un evento memorable, por lo cual, con permiso de nuestra respetada directora, voy a ser la encargada de preparar una entrada especial con varios jugadores de los equipos de quidditch.
- ¿Entrada especial? ¿jugadores de quidditch? esto tiene buena pinta -susurró Ron a sus compañeros y luego miró a Harry- seguro que te pillan, tío, eres el mejor buscador de todos los tiempos. 
- Si... eso seguro -sonrió a medias. 
- Por lo tanto, voy a nombrar ahora mismo a dos jugadores de cada casa -extendió un pequeño pergamino ante sus ojos y comenzó a leer- empecemos por la casa de Hufflepuff: Zacharias Smith y Summerby; de la casa Ravenclaw: Cho Chang y Grant Page; de la casa Slytherin: Kylan Brown y Christian Evans; y por último, de la casa Gryffindor: Harry Potter y Katie Bell-. 
Las pausas en cada nombramiento de jugadores eran aprovechadas para aplaudir a los elegidos y felicitarlos por ser participes. Prometía ser una entrada de lo más espectacular y única. 
- ¡No me puedo creer que me haya elegido para participar en esa entrada especial! -comentó Katie visiblemente contenta y gratamente sorprendida- ¡eh, Harry!, estarás contento ¿no?
- Creo que a Harry no le ha hecho mucha gracia -replicó Ron mirando a su amigo- el encontronazo que tuvo con Christian la otra vez...
- ... ya no importa -le cortó el ojiverde- ahora no es tiempo de pensar en eso. Participaré y me comportaré como si no hubiera pasado nada. 
- La mentira no es buena, Harry -susurró Hermione a su lado, por su flanco izquierdo. El joven desvió el rostro hacia ella y la miró a los ojos. El tiempo pareció congelarse por un momento, como si una invisible onda expansiva los aislara de todo y de todos. Ojos verdes y ojos castaños, observándose, analizándose, sintiéndose... con la verdad por delante, sin secretos. 
- No dejaré que vuelva a tocarte -logró murmurar el joven ante el embrujo de su mirada. Hermione esbozó una dulce sonrisa. 
- Sé cuidarme sola, ¿sabes? 
- Lo sé... pero es una promesa que me hago yo mismo -rozó sus dedos con los de ella sin que se diera cuenta. Un delicado hilo de electricidad se coló por su piel al tocarla y ella pareció sentir lo mismo porque notó como su vello se erizaba y su cuerpo sufría ese escalofrío.... mutuo- y pienso cumplirla, pase lo que pase. 
- Te creo... -susurró tan bajo que si no fuera porque él estaba relativamente cerca, no lo habría oído. Harry sonrió dulcemente, como solo podía hacer con ella y suavemente, se separó con el corazón latiéndole cual caballo en una carrera a toda velocidad. 
- Bien, espero que todos estéis dispuestos a colaborar. Los ensayos empezaran mañana mismo. No faltéis.
- Gracias, Madame Rolanda -la despidió McGonagall con educación para luego dirigirse nuevamente a los alumnos- para concluir, avisar que este comedor quedará inutilizado a partir del jueves hasta el día del baile. Estará terminantemente prohibido entrar para todo el alumnado, solo el profesorado podrá acceder a él para prepararlo para la ocasión. Habrá otra sala semejante a ésta, cerca del ala oeste del castillo para proseguir la rutina normal. Sin más, continuemos con la cena, esto es todo-.



Pronto toda la escuela estaría en movimiento constante, preparándose para el evento mas importante del año: El Baile de Otoño...























3 comentarios:

  1. Anónimo16:28

    El Baile de Otoño se acerca... Que bien lo haces. Siempre me sorprende tu manera de relatar. Es muy interesante ver todo lo que ha pasado. Y ese efímero momento, pero muy intenso a la vez, entre Hermione y Harry...ohhhhh WOWWW :D. Qué ganas de leer el siguiente!! ^_^

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  2. niñaaaaaaaaa acabo de terminar de leerlo y solo puedo decir que quiero leer el siguiente capítulo :)

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  3. guapisimoooooooo!! :)

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