CAPITULO VII
Rumores
Despreocupación: Dicese del estado de ánimo del que carece de preocupaciones. Actitud de tranquilidad ante cualquier circunstancia que se te presente. Si de verdad esa era la definición, estaba completamente seguro que así no se sentía en aquellos momentos ni mucho menos. Llevaba tiempo sintiendo una extraña sensación de inseguridad que no entendía.
- ¡Ron! ¡Ron! -lo llamó Percy con insistencia. Chasqueó los dedos delante de sus ojos, obligándolo a parpadear- despierta, chaval. Tienes que mover pieza.
- Si, si, ya voy -resopló con desgana. Ambos se encontraban en la biblioteca, echando una partida de ajedrez.
- Estás en las nubes, chaval, y eso es raro cuando juegas a tu deporte favorito.
- Tengo la cabeza en otra parte -asintió dándole la razón mientras se pasaba una mano por el pelo. Ojeó el tablero analizando su próximo movimiento.
- ¿Las clases? ¿EXTASIS? ¿El Baile de Otoño?
- Un poco de todo
- ¿Hermione? -murmuró su hermano con suavidad. Oír su nombre lo hizo estremecer y enseguida su corazón latió frenético y esa inseguridad volvió a la luz. Tragó saliva- lo tomaré como un si.
- Está un poco rara últimamente -dijo al final antes de mover su alfil negro.
- ¿Rara? -rió suavemente- yo creo que estará tan liada como todas, ya la conoces.
- Si, pero…
- ¿Si, pero…?
- Creo que me estoy comiendo mucho la cabeza -concluyó.
- Oh si, ya lo creo -avanzó con su torre y se comió el alfil movido de su hermano- relájate, a Hermione no le pasa nada.
- Puede que tengas razón -asintió.
- Por cierto, ¿dónde está ahora?
- Con Harry en la enfermería. Solo puede entrar una persona cada cierto tiempo. Las nuevas normas de la enfermería.
- ¿No has podido verlo aún?
- Qué va. Ginny y Hermione se adelantaron
- Claro, entiendo. A ver si te dejan un hueco.
- Pienso ir antes de almorzar -movió el caballo y Percy adelantó un peón, desprotegiendo al rey sin darse cuenta- pero antes voy a ganarte: ¡Jaque Mate!
- Eres un tramposo, ¿lo sabias?
- Por ser un tramposo, siempre te gano -se burló, colgándose su chaqueta al hombro- nos vemos luego
- Buena suerte -se despidió con una mano.
Ron salió a buen ritmo de la biblioteca, colocándose la chaqueta y acomodándose el cuello. Ahora le tocaba bajar unas cuantas escaleras hasta la primera planta si quería ir a la enfermería, siempre venia bien un poco de ejercicio después de todo por lo que deslizó su cuerpo barandilla abajo, extremando la posibilidad de volcar por el lado contrario. La gente que subía y bajaba las escaleras se quedaron mirándolo y algunas chicas soltaron unas risitas por bajo y Ron no pudo más que sonreír.
- Esos modales, Weasley -le llamó la atención entonces McGonagall cruzándose en su camino.
- Perdón -se disculpó, masajeándose la nuca con una pícara sonrisa. Siguió bajando a trote, silbando alegremente y cuando llegó a los últimos escalones de la primera planta, vio a Hermione.
- Hola, cariño -sonrió contento al verlo.
- Hola -le devolvió la sonrisa, acercándose a él. Ron se inclinó y le dio un tierno y breve beso.
- Ya has salido de la enfermería por lo que veo. ¿Cómo está Harry?
- Mejor. Cree que le darán el alta pronto porque su brazo está limpio y vendado.
- Menos mal. Tenia pensado ir a visitarlo antes de comer
- Es buena idea, se alegrará de verte -le sonrió afectuosamente al tiempo que lo miraba a los ojos. Se sintió extraña en ese momento, los ojos de Ron eran azules no verdes… espera ¿qué estaba pensando?
- ¿Ocurre algo?
- No, no, me quedé pensando en los exámenes que vienen ahora -mintió, aunque no era del todo mentira. Era cierto que los EXTASIS estaban de camino, a la vuelta de la esquina.
- ¡Ay, es cierto! -se lamentó el pelirrojo.
- Lo llevas mal, ¿verdad?
- Ya sabes que no soy muy aplicado a los estudios, Hermione
- Si, bien que lo sé y las veces que te he dicho que debes cambiar eso -replicó la castaña.
- Bueno, bueno, tampoco nos alarmemos. Dentro de poco llegará el Baile de Otoño y nos lo pasaremos bien, ¿verdad?
- Cambiando de tema, no te exime de tu responsabilidad como estudiante.
- No me gusta que seas aguafiestas, cielo
- ¿Aguafiestas? -se separó de él con brusquedad.
-Vale... no quería decir eso
- Si quieres divertirte y suspender un curso entero, por mi haz lo que quieras pero no te atrevas a llamarme aguafiestas -le advirtió, mosqueada- que te quede bien claro
- Hermione... -la llamó cuando vio que se iba de su lado- Hermione, espera, lo siento
- Lo sientes, lo sientes... siempre lo sientes. Siempre tenemos la misma discusión.
- Soy un terco, deberías saberlo
- Si, un terco que no piensa jamás. Consigues hacerme rabiar de una manera que no es normal.
- Pero eso ya lo sabias, ¿no?. Vamos, Hermione, admite que te gusta. No te hagas la orgullosa conmigo.
- Exacto, Ron... -murmuró la joven- solo me hago la orgullosa contigo...
El joven Weasley suspiró, viendo cómo se iba y mordió su túnica, impotente. Era increíble su facilidad para meter la pata con ella, a veces se preguntaba si era muy insensible...
Como bien se prometió, se presentó en la enfermería antes de irse a almorzar.
- ¡Ron! -exclamó Harry, contento de verlo- ¡cuánto me alegro de verte!
- Hola, amigo -sonrió el muchacho, ofreciendo su mano en un amistoso apretón y sentándose en el borde de la cama- ¿qué tal? ¿cómo te encuentras?
- Bueno, creo que sigo vivo e ileso -bromeó con una amplia sonrisa. La visita de Hermione le había alegrado la mañana.
- Ya te veo y con energías también -comentó, igual o mas contento que él- ¿cuándo crees que saldrás de aquí?
- No lo sé, todo depende de lo que me diga la enfermera
- Me he enterado que este año ya no está Poppy
- Si, es cierto. En su lugar está una chica que no llega a los treinta años... si es que los tienes -añadió, provocando que las risas volvieran a hacer su aparición.
- ¿Y cómo se llama?
- Su nombre es Irene y es agradable. Sabe lo que hace
- Eso es bueno. Las enfermerías son monótonas y solitarias por lo que siempre viene bien una buena enfermera que te trate bien y más si es guapa -bromeó, picarón
- Como te oiga Hermione, te mata -canturreó como aviso pero se arrepintió enseguida al ver cómo la expresión de su amigo cambiaba- ¿ha pasado algo?
- La típica rencilla académica -respondió con una media sonrisa
- ¿Otra vez?
- Y encima le dije que era una aguafiestas
- ¿Aguafiestas? -repitió con una ceja alzada. <<¿Hermione aguafiestas? ¿este hombre está mal o qué?>>- Ron, ¿qué mosca te ha picado?
- Nada, es que... solo quería hacerle ver que el día del baile seria un momento muy bonito y especial. Y ella pensando en los estudios.
- Ron, ya sabes como es Hermione
- Supongo que no me acostumbro
- Pues la llevas clara. A ella le puede más su deber que su querer.
- Eso suena penoso. Parece que quiere más a sus estudios que a mi.
- No digas tonterías -palmeó su hombro- ha sido una rencilla, se le pasará solo tienes que darle unas horas.
- Si, ya lo sé. Por lo menos me alivia que te vaya tan bien a ti
- ¿Bien? ¡tengo un brazo vendado y estoy en una cama de enfermería!
- Me refiero a tu relación con Hermione. Os veo mas unidos, eso es bueno.
Fue como si una espada lo amenazara y acorralara contra la pared, dejándolo sin escapatoria ninguna. Un nudo se formó en su garganta y tuvo que tragar saliva para aliviar la presión.
- Si, bueno... -pudo hablar- es mi mejor amiga... y últimamente no había hablado con ella.
- Y me alegro por ello. De verdad de la buena -sonrió sinceramente, con esa despreocupación propia de su personalidad. La culpabilidad aumentó significativamente en el corazón de Harry al pensar en el lío que podría meterse si Ron supiera la verdad, lo que pasaría si...
- Muchas gracias...
- Te alegrará saber que van a penalizar severamente a esa serpiente de Christian por su agresiva actuación en el partido -le informó Ron, cambiando de tema.
- Eso esperaba yo también la verdad.
- Pero hay varias cosas que no entiendo. En pleno partido mientras luchaba contra ti para atrapar la snitch, rechazó una blugder con una mano... -murmuró, atrayendo una atención especial de Harry.
- ¿Estás hablando en serio?
- Estabas tan concentrado en la snitch que no te diste cuenta, pero los demás si. Fue increíble, es la primera vez que veo algo parecido. Nadie tiene tanta fuerza como para hacer eso y mas con una blugder a toda velocidad.
- Eso es cierto. Pero Christian lo hizo... hay algo en él que me inspira desconfianza...
- ¿No me digas? -lo miró con incredulidad- ¡es un Slytherin, Harry!
- No, no, pero hay algo más -replicó el joven mago reviviendo esa fría mirada en su mente- no sé explicarlo, pero irradia una fuerza, una esencia... que no entiendo y que me inquieta.
- Cuando dices esas cosas, me da miedo preguntarte
- Vamos a tener que investigar sobre esto
- ¡Y ahí están las palabras mágicas!
- Deja de quejarte, Ron, esto es serio
- Lo que es serio ahora mismo es el hambre que mi estómago me pide a gritos
- ¡Ron!
- Vale, vale, hablaré con los chicos
- En especial con Hermione
- Creo que no va a escucharme. ¿Lo haces tú?
- De acuerdo. Dile a los demás que en cuanto salga de esta cama, nos reuniremos en la biblioteca
- A la orden, señor
- Bien. Y ahora... puedes irte a comer
- Gracias -rió suavemente y señaló su brazo- espero que se porte bien.
-Cuando se estrelle en tu cara por ser tan idiota con Hermione, ya no se portará bien -le amenazó con cara de pocos amigos.
- ¡Ey! -se incorporó de un salto- cuidado, tigre
- Vete, anda -hizo ademán de levantarse para pegarle y Ron saltó unos metros, lejos de él.
- Eres demasiado, Harry
- Pues entonces no hablemos de ti -sonrió radiante.
- Nos vemos después, ¿vale? no te librarás de mi
- Eso espero. Que te aproveche.
- Gracias -agitó la mano como despedida antes de irse.
En el almuerzo, Ginny detectó el mal humor de Hermione mientras comían. La joven tenia el ceño fruncido y pinchaba con cierta presión en la comida que parecía que la estaba maltratando.
- Hermione, ¿estás bien? -preguntó con suavidad.
- No, no estoy bien -farfulló masticando con energías- siempre lo mismo, siempre lo mismo...
- ¿Mi hermano?
- Si, tu estúpido hermano -soltó el tenedor y bebió un trago de agua.
- ¿Qué ha pasado ahora?
- Lo mismo de siempre, yo ya no sé que hacer con él
- Ya sabes lo cabezota que puede llegar a ser
- Creí que la madurez le cambiaría ese pequeño matiz en su personalidad, pero ya veo que no es posible -se pasó una mano por el pelo- estoy cansada...
- Cálmate, Hermione, ahora estás enfadada y no piensas con claridad -la miró con tristeza- mi hermano te quiere, ya lo sabes.
- ¡Pero me saca de quicio, Ginny! -alzó un poco la voz, mirándola fijamente- dime, ¿Harry hace eso contigo? ¿te grita, te pone nerviosa o se descuida de los estudios?
- No... no, no lo hace. Es bastante tranquilo -respondió en un murmullo.
- ¿Tú crees... que una pareja debería hacer eso? ¿sabes lo que es levantarme cada mañana y preguntarme qué hará Ron en esta ocasión? es frustrante...
- No pensaba que te sintieras así con mi hermano
- No me transmite tranquilidad, algo que necesito ahora mismo sinceramente -se acabó su plato en un santiamén- ya he terminado. Nos vemos mas tarde, Ginny, lo siento.
- Tranquila. Ya hablamos -se despidió de ella.
En ese momento, Ron irrumpió en el nuevo comedor. Éste era muy parecido al comedor principal pero era mas pequeño y las mesas menos largas. Sin embargo, se podía comer con total normalidad como si estuvieran en el principal. Buscó con la mirada la mesa de los Gryffindor y fue entonces cuando su mirada se topó con la de Hermione que se dirigía hacia él a buen ritmo. El suceso ocurrido con ella le golpeó la mente.
- Hermione...
- Ahora no, Ron -le cortó con brusquedad mientras pasaba por su lado. Todo su cuerpo estaba en tensión y su mirada no era nada agradable, echaba chispas por cada poro de su piel.
- ¿A dónde vas? -insistió casi con desesperación
- No creo que te interese saberlo -respondió con crueldad, finalizando la conversación.
- ¡Ron! -lo llamó su hermana desde la mesa. Como si fuera una marioneta, se acercó donde estaban los demás y tomó asiento- ¿estás majareta o qué?
- Gracias por la bienvenida
- Es en serio -se mosqueó su hermana- Hermione está muy enfadada contigo.
- Yo también lo he notado, ¿sabes?
- Nunca le he encontrado sentido a tu actitud hacia ella
- No te hagas la madura contigo
- Exacto, te hace falta madurez
- Un poco de respeto, soy tu hermano mayor -la miró con seriedad
- Mayor de edad, pero no de aquí -le dio un toque en la frente antes de levantarse- espabila, Ron. Ya no estamos en secundaria...
Las nubes teñían de gris el cielo aquel día, amenazando con llover en cualquier momento y el sol, aunque radiante y caluroso, no era capaz de abrirse paso por su espesura. Las hojas de los arboles seguían cayendo, las aguas de los ríos se la llevaban consigo bajo su corriente y la brisa se congelaba cada vez mas. Las estaciones del otoño e invierno iban de la mano estuvieran donde estuviesen, menos mal que en la biblioteca se estaba bien y a gusto, a una temporada óptima de 20-22 grados aproximadamente.
Las páginas de un grueso libro de Historia de la Magia ocupaban el campo de visión de la ansiosa mirada de Hermione; si bien las clases que impartía el profesor Cuthbert Binns eran aburridas, la asignatura era muy interesante. La hora transcurrida desde que el libro reposó en sus manos había sido bien aprovechada y tenia la intención de continuar sino fuera por el toc-toc de un bolígrafo contra la madera, el abrir y cerrar de las puertas de la estancia, el chirrido de las móviles escaleras para alcanzar los libros mas altos y el susurro de un aparato de música clásica a lo lejos. Un largo suspiro brotó de sus labios, preguntándose si sus sentidos no estaban demasiado sensibilizados para percibir esos pequeños matices que ahora mismo la molestaban terriblemente, necesitaba un lugar tranquilo y resultaba irónico pensar que la biblioteca no lo era para ella en esos momentos. Se incorporó de la silla para dejar el libro donde estaba y buscar otro mas resumido y menos grueso, tanteó en la estantería de los libros de la categoría de Historia, Derecho y Latin y sacó uno que se titulaba Historia de la Magia, versión reducida, lo acomodó en su pecho y salió de la biblioteca. En una esquina, dejó el libro con cuidado en el suelo, extrajo la varita de su túnica y murmuró:
- Lapifors -movió la muñeca en su dirección al pronunciar el hechizo. El libro se agitó ligeramente, se encogió y empezó a transformarse, adoptando la forma de un conejo blanco y juguetón. Se irguió en sus patas traseras enfrente de Hermione y movió su naricita rosada con curiosidad. La joven sonrió satisfecha y reanudó la marcha con el conejo siguiendo sus pasos. Bajó las escaleras con las miradas curiosas de los alumnos tras su espalda, llegó a uno de los patios de la segunda planta y alzó la varita al cielo.
- Accio Escoba -vocalizó con voz lo suficiente audible al viento. Minutos después, estaba montada en su escoba con el conejo agazapado y acurrucado a su regazo, alejándose del castillo y aproximándose a plena naturaleza. Sobrevoló las majestuosas torres de la escuela con el viento desordenando su pelo rizado, rodeó la enorme estructura del castillo hasta dejarla a su izquierda aproximándose al terreno que se interponía entre la cabaña de Hagrid y el Sauce Boxeador y descendió suavemente. Hacía mucho frío a esas horas de la tarde, pero lejos de irse para buscar abrigo, se anudó bien la túnica al cuerpo y la bufanda al cuello, colocó la escoba con cuidado en el suelo y el conejo bajó de su regazo de un salto, olisqueando la hierba curiosa. La joven miró a su alrededor: era un lugar muy tranquilo, el terreno era llano y cubierto de hierba fresca, la cabaña de Hagrid y el Sauce se apreciaban pero no resultaban en absoluto una molestia y a unos setecientos metros se encontraba el camino que llevaba a la carretera de los carruajes desde Hogwarts. Se sentó en el césped y llamó al conejo con un gesto de la mano, contrarrestró el hechizo y el animal volvió a su forma original. Observó el libro, pensativa y lo abrió por la sección de los temas, buscando en donde se había quedado respecto al otro libro mas grueso. El silencio reinaba en todo su entorno, ni la biblioteca podría poseer semejante silencio teniendo en cuenta lo estricta y cuidadosa que era la bibliotecaria de la escuela, Irma Pince; sin embargo, conforme los minutos pasaban y las atractivas palabras de las páginas de aquel libro eran absorbidas, otros pensamientos empezaron a pulular al mismo tiempo por su cabeza. A veces tenia la sensación de que poseer una mente prodigiosa como la suya tenia sus consecuencias y no precisamente agradables, el silencio, aunque era un verdadero aliado para estudiar, siempre la invitaba a reflexionar y a perderse en rincones de su ser que no creía que podría tener y si bien era una experta quebrándose la cabeza ante tales reflexiones, la migraña que experimentaba a posteriori no tenia remedio. Para colmo, últimamente sus pensamientos no iban a otra dirección que a la misma de siempre: Harry Potter, su mejor amigo. Su corazón no tardó en reaccionar solo con pronunciar su nombre en un pensamiento, el libro resbaló de su regazo cuando sus manos fueron a parar a su rostro, masajeándose las sienes y su mirada se perdió en un punto indeterminado del paisaje. Los interminables lazos de sus pensamientos viajaron por su mente, lentos, precisos y llenos de información que interactuaron con las conexiones nerviosas de su cerebro provocando un momentáneo escalofrío en todo su cuerpo, erizando su vello, y el latir frenético de su corazón. Cerró los ojos y el rostro de Ron apareció en su cabeza... pero poco a poco esa imagen se desfiguró: su pelo rojizo se difuminó hasta adoptar el color oscuro y la longitud corta del pelo de Harry, su piel se oscureció un poco más y las pecas desaparecieron, su mandíbula se estrechó, los flecos de su frente se dividieron y la cicatriz en forma de rayo se inscribió en su piel, el grosor de sus labios se afinó y una cálida sonrisa se formó en ellos, unas gafas adornaron su rostro y sus ojos azules pasaron a ser verdes, brillantes y preciosos semejantes a la esmeralda que la miraban con una ternura inigualable. Abrió los ojos sintiendo que le faltaba el aliento por momentos, su pecho se agitó varios segundos y se pasó una mano por el pelo. <<Dios mío, ¿qué me está pasando?>>, se preguntó, terriblemente asustada de repente.
- ¿Te has enterado? Han visto a Harry y a Hermione juntos -susurró una chica de Hufflepuff a su amiga de Ravenclaw.
- ¿En serio? ¿tú crees que están juntos?
- Yo creo que si. Parecen pareja
- Ron estará destrozado.
- Imagínate, después de todo lo que ha pasado... -asintió apenada. Estaban caminando por el Puente de Piedra del primer piso en dirección a clase de Transformaciones y fue cuando vieron a Ron en sentido contrario- mira ahí está.
- Hola, chicas -las saludó con una mano.
- Oye, Ron, queremos que sepas que lo sentimos mucho, de verdad.
- Si, es cierto, no te mereces algo así. Eres un buen chico
-Chicas,¿ de qué habláis? -se quedo mirándolas muy extrañado.
- No te preocupes, entendemos que no quieras hablar del tema pero sé fuerte ¿vale?
- Si, hay mejores chicas que ella que seguramente te valorarían mejor. Espero que lo superes pronto.
- Si, eso. Hasta luego -se despidieron con una mano dejando a un Ron muy confundido y extrañado con sus palabras. ¿Qué habrán querido decir con eso? ¿Mejores chicas que ella? ¿se referirán a Hermione?; reanudó la marcha abandonando el puente y adentrándose en la planta baja, ahora tenia clase con el profesor Amycus Carrow, Defensa contra las Artes Oscuras. La gente lo miraba de reojo aumentando mas su confusión, entró en clase sin mirar a nadie y tomó asiento. Fred y Andrew no tardaron en acoplarse con él, unos minutos después y los saludó con el piloto automático encendido. Durante la clase, tan práctica como siempre, le fue imposible concentrarse dado que no paraba de escuchar murmullos, gestos, susurros, carraspeos y muchas miradas dirigidas hacia él, incluso llegó a oír palabras sueltas: Hermione, afueras de Hogwarts, miradas, sonrisas, engaño, amigos... juntos. Apretó la mandíbula mientras sacudía la varita en dirección a su contrincante.
- ¡Confundus! -exclamó con rabia. El hechizo surtió efecto y la vista del receptor se nubló y sacudió la cabeza varias veces, mirando a todas partes desorientado. Se tambaleó como una marioneta que le hiciera falta algunos hilos- ¡Expelliarmus!
- Muy bien, señor Weasley, es suficiente -le detuvo el profesor. Ron abandonó la pasarela de prácticas de un salto, despidiendo energía negativa por todo su cuerpo.
- Muy bien, Ron -le felicitó Andrew palmeando su hombro cuando se acercó. Él lo agarró y lo acercó a él casi con violencia.
- ¿De qué están hablando? -masculló
- Oye, relájate, Ron -le tranquilizó Fred, preocupado- ¿qué te pasa?
- Ellos -señaló a todos los presentes en la clase- no paran de cuchichear entre ellos de mi y de Hermione.
- Ohhhh... -entendió su hermano.
- ¿Puedes soltarme ya? -le pidió Andrew, alzando las manos para aplacar su repentino enfado. La mano de Ron se aflojó un poco.
- No sé exactamente de qué hablan, pero entendí algo de Harry y Hermione -suspiró Fred.
- No quiero ser aguafiestas pero no es momento de hablar de esto en plena clase
- Andrew tiene razón. Luego hablamos
- Está bien -se contuvo. Su enfado no hizo mas acrecentarse al seguir escuchando esos murmullos y cuando la clase finalizó, fue el primero en levantarse y salir a toda prisa del aula. Esperó con impaciencia a los chicos.
- Si no fuera porque sé que estás enfadado, cualquier diría que tienes fiebre. Estás rojo como un tomate -comentó Andrew.
- Solo le pasa cuando está bien enfadado -murmuró Fred que conocía bien a su hermano.
- ¿Vais a decirme qué es lo que pasa? llevo toda la mañana confuso por lo que están diciendo por ahí y no sé qué es.
- No soy el más indicado para decirte de qué van esos rumores. Solo puedo decirte que Harry, Hermione y tú estáis en ellos.
- ¡Sigo sin entenderlo, Fred! ¿Qué pasa? -volvió a preguntarle, despacio y con rabia en sus palabras.
- Pregúntale a ellos
- Bien, lo haré -asintió decidido. Miró a su alrededor, se alejó unos pasos y trincó al primer chico que pasó.
- ¡Eh!, ¿qué haces? -se quejó.
- Quiero hacerte una pregunta
- Pues dímela pero no me trates de ese modo, por favor -repuso molesto. Por su educación, ese chico podría ser de la casa de Hufflepuff.
- He oído rumores por ahí que hablan de mi y de mi novia, ¿sabes por qué?
- ¿Tu novia? ah, si, la inteligente Hermione Granger. Si, he oído que han visto a Harry y Hermione muy juntos últimamente.
- ¿Juntos en qué sentido? -se tensó bruscamente.
- No lo sé... supongo que son muy buenos amigos y aprovechan los huecos libres -se encogió de hombros- no tengo mucha información la verdad
- ¿Y conoces a alguien que si la tenga?
- Mmm... -se quedo pensando- creo que Cho Chang de Ravenclaw fue una de las primeras en enterarse. Igual ella te puede decir algo.
- Muchas gracias -lo dejó ir. Su cuerpo estaba en completa tensión ante las palabras de aquel chico, ¿Harry y Hermione juntos?, ¿su mejor amigo y su novia traicionándolo?... no podía creer eso, no debía precipitarse.
- Algo me dice que lo que te ha dicho ese chico no te ha gustado nada -musito Andrew
- ¿Sabéis donde está, Cho Chang? -lo interrumpió con brusquedad.
- Creo que está en la sala común de su casa, pero tiene clase con el profesor Jeshua Nolte de Runas Antiguas -le informó Fred.
- Bien... la buscaré ahora mismo.
El aula de Runas Antiguas se encontraba en el sexto piso. Constaba de una estancia lo suficientemente amplia para el varios escritorios, dos estanterías, un estante y un cómodo facistol para el profesor a la hora de impartir clases. Los alumnos de Ravenclaw se prepararon para no llegar tarde, entre ellos Cho; lo que no se esperaba la joven era la sorpresa que le esperaba a la entrada de la clase.
- ¿Ron? ¿qué haces aquí? -interrogó, sorprendida
- Espero no robarte mucho tiempo, Cho -se puso frente a ella- necesito que me des unos minutos.
- Unos minutos que no tengo, tengo clase
- Lo sé, pero esto es importante
- Resulta tan patético que quieras hablar conmigo
- ¿Qué sabes sobre esos rumores que vagan por todo el alumnado? -soltó de golpe, frustrado por la poca colaboración de la chica.
- Ohhh, así que es eso... -rió suavemente- y yo me pensaba que era algo peor.
- ¿Puede haber algo peor?
- Los EXTASIS que están a la vuelta de la esquina
- No me importan esos exámenes ahora, dime lo que sabes
- Baja el tono, Ron, no querrás armar un escándalo -murmuró, viendo como todo aquel que pasaba cerca de ellos se quedaba mirándolos, Ron se encogió, incómodo. Odiaba llamar la atención pero al mismo tiempo le resultaba difícil contener su rabia.
- Habla y te dejaré en paz
- Verás esos rumores que tú dices que oyes por ahí no sé si son ciertos -le aclaró- pero ha llamado la atención de toda la escuela. Se trata de tu novia y de Harry.
- ¿Qué pasa con ellos?
- Al parecer los han visto juntos en varias ocasiones
- ¿Qué tiene eso de relevante? son muy amigos -replicó el muchacho cada vez más confuso si cabe.
- Quizás... pero hay gente que afirma que están juntos y que tú no lo sabes, te engañan en otras palabras.
- Eso es imposible... Hermione jamás me haría eso y mucho menos Harry -musitó con el labio inferior tembloroso.
- No me importa lo que creas, Ron, tú me has pedido que te diga lo que me han dicho. Tuya es la tarea de averiguar si son ciertos esos rumores. Ahora si me disculpas, tengo clase -sonrió con falsa amabilidad y lo dejó solo, entrando en el aula. Ron no podía creer lo que acababa de oír, no podía ser cierto, era imposible, ¿cuán ciertas podían ser esas palabras? ¿de verdad Hermione lo engañaba? ¿o quizás era una estratagema para ponerlo celoso y que así se disculpara con ella? no sabia que pensar. Le temblaba las manos y el labio inferior y de repente tenia mas frío de lo habitual; debía arreglar ese problema cuanto antes, ahora era el centro de atención de toda la escuela y eso no era nada agradable.
- ¡Maldición! -gritó, impactando su puño contra la pared en uno de los exteriores de la escuela. Reprimió el gemido de dolor que su garganta quería dejar escapar y sus dedos se agarrotaron y temblaron por la dureza de la piedra, pero la rabia era mayor que ese dolor y volvió a arremeter contra la pared.
- Ron, ¿qué haces? -le interrumpió la dulce voz de Luna, sobresaltándolo.
- ¿Luna? -parpadeó, aturdido mientras se sujetaba su dolorida mano.
- ¿Por qué golpeas a la pared? -se acercó a él, observándolo detenidamente.
- No tengo que darte explicaciones de nada -masculló lamentándose de haberse hecho daño.
- No tienes que dármelas, solo quiero saber por qué maltratas a la pared.
- ¿A la pared? -la miró, incrédulo y le expuso sus nudillos con heridas y cortes- ¡tengo la mano ensangrentada! ¿es que no lo ves?
- Ah, tu mano -la observó un momento y luego volvió a mirarlo a él. Sus saltones ojos celestes inspiraban cierta locura pero reflejaban preocupación, comprensión y cierto matiz de inocencia.
- Si, mi mano. La pared me la destrozó.
- Porque tú la golpeaste primero. Ella solo se defendió -le hizo ver sin inmutarse por el tono de su voz y el enfado que despedía por todo su cuerpo.
- ¿Se defendió? pero ¿qué tonterías estás diciendo, Luna? -le gritó, mosqueado- ¿sabes qué? olvidalo, yo me largo, no sé qué hago hablando contigo.
- ¿Ahora te enfadas conmigo?
- Si, me enfado contigo por ser tan poco comprensiva. No tienes tacto ninguno.
- Eso no es cierto. Intento hablar contigo sobre cómo te encuentras y tú solo eres capaz de decirme que tu mano está herida cuando en realidad no es cierto lo que dices.
- ¿Perdón? -preguntó confundido de repente- ¿cómo que no es cierto?
- No es tu mano la que está herida, quien está herido eres tú -lo señaló con suavidad, esbozando una suave sonrisa. La perplejidad y el asombro se dibujaron en las facciones del joven Weasley ante la respuesta de Luna, jamás habría pensado que alguien pudiera decirle algo así y que acertara de lleno con una serenidad y una comprensión tan impactantes y sinceras como sus palabras. Luna extrajo la varita y apuntó hacia la mano de Ron.
- Braquiam Emendo -murmuró suave y dulcemente como un arrullo. Se oyó algo parecido a un ruidoso chasquido y los huesos de sus dedos se colocaron en su ubicación original, Ron ni se había dado cuenta que se los había roto tras los golpes recibidos, los movió para comprobar si estaban bien y aunque le seguían doliendo, el dolor era considerablemente mucho menos que antes.
- Gracias... -logró murmurar cuando pudo recuperar el habla.
- De nada -sacó un pañuelo de su túnica y extendió su mano, como pidiendo la suya- ¿puedo?
Como un autómata, ofreció su mano sin reproche, Luna la tomó con delicadeza y procedió a limpiar la sangre y sus heridas con cuidado siendo observada por Ron en todo momento. En unos minutos su mano estaba como si no hubiera pasado nada, Luna objetó que sólo debía lavarse bien la mano y utilizar pomada si le seguía doliendo porque probablemente le saldría algún hematoma.
- Gracias, Luna -volvió a repetir. Era como si su enfado y su rabia hubieran bajado la guardia por unos instantes.
- De nada, Ron -sonrío dulcemente antes de dar media vuelta para irse. Ron abrió la boca para hablar pero como mismo la abrió, la cerró creyendo que era mejor no decir nada. Observó su mano derecha mientras las palabras de Luna rondaban por su cabeza, penetrando lenta y profundamente...
- ¡Maldición! -gritó, impactando su puño contra la pared en uno de los exteriores de la escuela. Reprimió el gemido de dolor que su garganta quería dejar escapar y sus dedos se agarrotaron y temblaron por la dureza de la piedra, pero la rabia era mayor que ese dolor y volvió a arremeter contra la pared.
- Ron, ¿qué haces? -le interrumpió la dulce voz de Luna, sobresaltándolo.
- ¿Luna? -parpadeó, aturdido mientras se sujetaba su dolorida mano.
- ¿Por qué golpeas a la pared? -se acercó a él, observándolo detenidamente.
- No tengo que darte explicaciones de nada -masculló lamentándose de haberse hecho daño.
- No tienes que dármelas, solo quiero saber por qué maltratas a la pared.
- ¿A la pared? -la miró, incrédulo y le expuso sus nudillos con heridas y cortes- ¡tengo la mano ensangrentada! ¿es que no lo ves?
- Ah, tu mano -la observó un momento y luego volvió a mirarlo a él. Sus saltones ojos celestes inspiraban cierta locura pero reflejaban preocupación, comprensión y cierto matiz de inocencia.
- Si, mi mano. La pared me la destrozó.
- Porque tú la golpeaste primero. Ella solo se defendió -le hizo ver sin inmutarse por el tono de su voz y el enfado que despedía por todo su cuerpo.
- ¿Se defendió? pero ¿qué tonterías estás diciendo, Luna? -le gritó, mosqueado- ¿sabes qué? olvidalo, yo me largo, no sé qué hago hablando contigo.
- ¿Ahora te enfadas conmigo?
- Si, me enfado contigo por ser tan poco comprensiva. No tienes tacto ninguno.
- Eso no es cierto. Intento hablar contigo sobre cómo te encuentras y tú solo eres capaz de decirme que tu mano está herida cuando en realidad no es cierto lo que dices.
- ¿Perdón? -preguntó confundido de repente- ¿cómo que no es cierto?
- No es tu mano la que está herida, quien está herido eres tú -lo señaló con suavidad, esbozando una suave sonrisa. La perplejidad y el asombro se dibujaron en las facciones del joven Weasley ante la respuesta de Luna, jamás habría pensado que alguien pudiera decirle algo así y que acertara de lleno con una serenidad y una comprensión tan impactantes y sinceras como sus palabras. Luna extrajo la varita y apuntó hacia la mano de Ron.
- Braquiam Emendo -murmuró suave y dulcemente como un arrullo. Se oyó algo parecido a un ruidoso chasquido y los huesos de sus dedos se colocaron en su ubicación original, Ron ni se había dado cuenta que se los había roto tras los golpes recibidos, los movió para comprobar si estaban bien y aunque le seguían doliendo, el dolor era considerablemente mucho menos que antes.
- Gracias... -logró murmurar cuando pudo recuperar el habla.
- De nada -sacó un pañuelo de su túnica y extendió su mano, como pidiendo la suya- ¿puedo?
Como un autómata, ofreció su mano sin reproche, Luna la tomó con delicadeza y procedió a limpiar la sangre y sus heridas con cuidado siendo observada por Ron en todo momento. En unos minutos su mano estaba como si no hubiera pasado nada, Luna objetó que sólo debía lavarse bien la mano y utilizar pomada si le seguía doliendo porque probablemente le saldría algún hematoma.
- Gracias, Luna -volvió a repetir. Era como si su enfado y su rabia hubieran bajado la guardia por unos instantes.
- De nada, Ron -sonrío dulcemente antes de dar media vuelta para irse. Ron abrió la boca para hablar pero como mismo la abrió, la cerró creyendo que era mejor no decir nada. Observó su mano derecha mientras las palabras de Luna rondaban por su cabeza, penetrando lenta y profundamente...
Ron debe de darte las gracias por dedicarle un capítulo. Le das hasta personalidad a ese chaval que sinceramente.... es un encefalograma plano xD
ResponderEliminarMenuda se va liar próximamente!!! jejeje
Sigue así con la historia, me encanta!! ^_^