martes, 28 de mayo de 2013

Nuevas sensaciones



CAPITULO XV

Nuevas sensaciones





El toro púrpura se detuvo al ver que un nuevo intruso se interponía en su camino, ocultando a la chica de él y bramó, mosqueado por tal interrupción. El visitante lo fulminó con una mirada poco amistosa y un sonido gutural brotó de su garganta, superaba en altura y volumen las dimensiones de ese animal y su pelaje era tan oscuro que se confundía con la noche. Gruñó al toro como advertencia y sin ninguna intención de irse de allí pero su adversario no parecía que quisiera dejar las cosas a medias. Bufó por sus fosas nasales, expuso sus letales zarpas y meneó la cabeza, exhibiendo los cuernos en una clara invitación a desafiarlo, el invitado no se dejó amedrentar por su demostración. Abrió las fauces lo suficiente para mostrar y relucir sus afilados y temibles colmillos blancos, sus pupilas reflejaron una ferocidad descomunal que intimidaría a cualquier criatura, sus garras se movieron sutilmente en la tierra, su vello se erizó, todo su pelaje aumentó de volumen, su musculoso cuerpo se tensó y adoptó una postura ofensiva en dirección a su rival. El toro captó enseguida su respuesta y con un feroz movimiento de cabeza y un bramido salvaje, se encabritó y se abalanzó sobre él muy seguro de si mismo, el lobo gruñó y saltó por encima de su jorobado cuerpo, esquivando con agilidad su cornada. La bestia frenó bruscamente, derrapando para recuperar su posición pero para su sorpresa, unas garras se clavaron en su costado con tanta violencia que los dos rodaron por la tierra entre gruñidos, bufidos y roncos gemidos. Ambas criaturas se revolvieron, intentando dañar al otro pero lograron separarse y crear cierta distancia, se miraron a los ojos en una lucha visual por intimidar al otro y que saliera huyendo. El lobo gruñó, mostrando sus mortales fauces y el toro le respondió con otro bramido ensordecedor, a pesar de la diferencia de tamaños, mostraba valentía enfrentándose a alguien superior a él; ésta vez, el primero atacó y le asestó un arañazo en la cara, provocando un gemido a su rival, éste contraatacó sobre la marcha  y su zarpa se hundió en el pelaje denso del lobo. Un quedo aullido salió de su garganta y con sus patas, lo apartó de un empujón antes de embestirlo con su enorme cuerpo y desequilibrarlo. Retrocedió un momento y le echó una ojeada rápida a su costado, tres franjas se apreciaban débilmente en medio de su oscuro cuerpo y la sangre relucía, cuando entonces sintió un leve escozor en su piel y las heridas se fueron cerrando hasta desaparecer como si nunca hubiesen existido. El alarido de su rival le alertó de su proximidad y como era de esperar, sus cuernos fue lo primero que vio por el rabillo del ojo, sin embargo logró apartarse en el último segundo y utilizó sus fauces para atrapar entre sus colmillos uno de sus cuernos. Aquella acción no le gustó al toro y se revolvió intentando deshacerse de él, el lobo resistió sus patadas y sus débiles golpes con su jorobado cuerpo y con un seco movimiento, le partió el cuerno con una increíble fuerza. Su rival bramó enloquecido y se desplomó a medias, aturdido y con torpeza, utilizó sus zarpas para incorporarse a duras penas, con la intención de huir desesperadamente. 

Completamente inmóvil en el suelo junto a la roca, Hermione observó la pelea entre ambas criaturas con la perplejidad reflejada en sus facciones. Su alocado corazón martilleaba una y otra vez su frágil pecho y poco le faltaba para hiperventilar de lo rápido que respiraba. Entonces el lobo se dirigió a ella y la saliva que había acumulado en su boca salió disparada garganta abajo al mismo tiempo que se aferraba inútilmente a la roca como escudo. ¿Qué iba a hacerle? ¿la iba a atacar y luego arrancarle la piel a tiras como cena? tanteó torpemente, buscando la varita para poder defenderse, el animal avanzó unos pasos en el terreno fangoso mientras la lluvia seguía cayendo traicioneramente. Su mano encontró la solidez de su varita y con determinación, lo apuntó amenazante, aprovechando para intentar levantarse de aquel suelo tan sucio. El lobo se detuvo ante su acción y gruñó por lo bajo, Hermione ya estaba pensando un hechizo por si se atrevía a atacarla, esperaba que surtiera efecto porque con aquel toro púrpura no había tenido mucha suerte. Logró incorporarse sin dejar de mirar a ese enorme lobo, era pequeña comparada con él y se preguntó si de verdad su magia podría hacerle daño, él intento acercarse nuevamente con precaución. 
- No te muevas -murmuró la castaña, con la varita por delante y retrocedió suavemente pero el animal la siguió con insistencia, guardando la distancia de seguridad. El desconcierto la llenó por dentro, ¿pero qué se supone que hacia? ¿si no iba a atacarla por que no se iba y la dejaba en paz? el frío cada vez hacia mas efecto en ella, sus abrigos estaban pegados a su cuerpo y todo calor que pudiera haber acumulado se había esfumado desde que comenzó a llover. Su mandíbula empezó a rechinar y se abrazó a si misma en un vago intento de calentarse, el gruñido del lobo la puso nerviosa y lo miró molesta, él alzó la mirada y entonces su corazón dio un vuelco haciendo una pequeña pausa a su acelerado pulso. Los ojos de aquel lobo eran verdes… tan verdes como la esmeralda y tan intensos que brillaban en la noche… esos ojos se colaron en lo mas hondo de ella, incluso en esa forma, esa mirada no podría olvidarla en la vida. 
- ¿Harry? -pronunció finalmente cuando se hubo recuperado de aquel shock emocional. Según murmuró su nombre, unos lazos mentales la abrazaron y un escalofrío especial la recorrió, provocándole una sensación agradable e intima. Y fue entonces cuando oyó su voz, cálida y profunda: 

<<Hermione>>
- Harry -lo llamó sorprendida de escucharlo en su mente con tanta claridad y de una forma tan distinta- dios mío, eres tú, pero… ¿cómo? 
<<Es largo de explicar. Aún estoy asimilándolo>>
- Pues ya somos dos -bajó la varita y él se acercó sin miedo a ella, agachó la cabeza y Hermione hundió los dedos en su cálido y denso pelaje. Harry tuvo que respirar hondo del placer tan grande que percibía con su tacto, un sonido gutural salió de su garganta sin pretenderlo y cerró los ojos para disfrutar de su caricia. Pero aquel momento se vio interrumpió cuando sus orejas detectaron movimiento en el bosque y alzó la cabeza, alerta. 
<<Otra vez no>>
- ¿Qué pasa, Harry? 
<<Me han estado persiguiendo desde antes>>
- ¿McGonagall y los profesores?
<<Si pero son mas>>
- Ron y los demás, debieron darse cuenta que no estaba -entendió- tienes que irte, corre. 
<<Sin ti no>> 
Un haz de luz asustó a la oscuridad y se dirigió hacia Harry de repente. 
- ¡Partis Temporus! -reaccionó con destreza Hermione y una barrera magica cubrió al lobo, rebotando el ataque en forma de hechizo- ¡Harry, corre! ¡ya!
<<Pero…>>
- ¡Ya!, te seguiré después, vamos -lo urgió. Él la miró y obedeció a regañadientes, desapareciendo de su vista. Hermione no tardó en oír las voces de los chicos, no se anduvo con rodeos y persiguió a Harry, o al menos lo intentó porque ya no estaba en su campo de visión. Sin duda alguna, la lluvia era un completo fastidio en todo aquel panorama, tuvo que deshacerse de su ropa de invierno porque empezaba a pesarle como diez o quince kilos mas que su propio peso y eso disminuía su velocidad. De entre los arbustos, surgieron tres licántropos mas que la asustaron muchísimo, no había prestado atención a los aullidos. Pronto la noche se vio iluminada por fuegos artificiales de los hechizos lanzados por McGonagall, los profesores y los chicos, aquellos licántropos no eran como Harry, eran muy parecidos a los que atacaron la noche del Baile de Otoño, ya tendría tiempo de preguntas, ahora era tiempo de correr y correr para sobrevivir. Uno de ellos trepó a los arboles, cubriendo la guardia por el aire y con un tremendo salto, se abalanzó sobre la joven con las garras por delante… pero unas fauces hicieron acto de presencia, asestando una potente dentellada a la garganta del enemigo. 
- ¡Harry! -gritó Hermione. Ambas bestias se revolcaron en el suelo al aterrizar en un charco enorme pero pudo ver por el rabillo de ojo que él estaba ileso y que el otro estaba muerto, casi de inmediato. 
<<¡Hermione, cuidado!>> -gritó la voz de Harry en su mente y al voltear la cabeza, un acantilado se extendió ante sus ojos. Lanzó una débil exclamación e intentó frenar pero el suelo estaba tan resbaladizo que era imposible controlar los movimientos. Entonces sintió un fuerte tirón en su ropa antes de que sus pies llegaran al filo del acantilado, su jersey se desgarró por un lado y aterrizó sobre algo mullido, suave y muy cálido. Él se aseguró de que estuviera bien sujeta en su espalda y retomó la carrera, alejándose a toda velocidad.

- ¡Everte Statum! -gritó Ginny, lanzando a un licántropo por los aires.
- Glacius -remató Luna, envolviendo el cuerpo del animal en una densa capa de hielo. Al caer, se destrozó en mil pedazos, el otro licántropo lo había matado Andrew. 
- ¡Maldición! lo hemos vuelto a perder -masculló Ron, escupiendo agua- y encima esta lluvia cala hasta los huesos. 
- Todo se ha puesto en nuestra contra, señor Weasley -dijo McGonagall observando el ambiente- no podemos avanzar mas, esto es muy peligroso y parece que esta tormenta irá a peor. 
- No podemos irnos, ¿está loca?, hemos avanzado muchísimo. 
- ¿Quiere ser devorado por unos licántropos en plena luna llena, señor Weasley? no creo que sea de su agrado. 
- Harry y Hermione están ahí fuera y esperan que los rescatemos. 
- Me inclino a pensar y a tener fe de que la señorita Granger se las apañará bien hasta el amanecer. No hay tantos licántropos como pensaba en esta zona, dudo mucho que surjan mas.
- Está mintiendo. 
- Todos de vuelta a la escuela, vamos -ordenó sin mirarlo y todos la miraron en desacuerdo con ella- ahora.
A regañadientes, obedecieron y mientras ellos se alejaban, McGonagall se quedaba un poco mas mirando lo más lejos que sus ojos y la lluvia le permitían y suspiró largamente. Siguió a los demás  y de las raíces del árbol que estuvo a su lado, empezó a brotar un diminuto tallo. 


Harry encontró un refugio formado por las ramas y el cuerpo de un tronco caído, lo suficientemente grande para que él pudiera entrar por él. Hermione se había desmayado en el trayecto, entre la velocidad, el cansancio, el frío y las emociones, su cuerpo ya no había aguantado mucho. Volteó su cabeza hacia la joven, casi oculta por su pelaje y acarició su mente dulcemente. 
<<Hermione, Hermione… -susurró- Hermione, despierta>>
- Mmm… -murmuró pastosamente mientras su cerebro percibía las ondas mentales de Harry y la obligaba a despertar de su recaída. 
<<Despacio, te has desmayado y no debes hacer movimientos bruscos>>
- Me duele la cabeza -se apoyó en el codo y acomodó su cabeza en la palma de su mano- y esta ropa me está congelando. 
<<Deberías quitartela. Supongo que habrás traído muda>>
- Como me conoces -sonrió débilmente. Se movió a duras penas en medio del pelo, con la intención de bajar de su lomo. El lobo se tumbó suavemente para que el descenso fuera mínimo y su cuerpo se deslizó por si solo hasta que sus pies tocaron el suelo, esperó pacientemente a que tomara el aliento y se incorporó de nuevo cuando dio los primeros pasos. 
<<¿Mejor?>>
- No creo que esté bien del todo hasta mañana. Voy a cambiarme, ¿te importa? 
<<Oh, si, claro>> -entendió claramente y dio media vuelta para vigilar la entrada. Ella aprovechó para quitarse toda la ropa mojada, rebuscó en su bolso la muda que había cogido, se secó lo mejor que pudo y volvió a vestirse, observando de vez en cuando a Harry por si le daba por mirar, sabia que no lo haría, era muy respetuoso con ella. De repente, un estornudo involuntario salió con brusquedad de su nariz y su cuerpo cayó de culo, provocando la atención del lobo. 
- ¡Au! -se lamentó la joven. 
<<¿Estás bien?>> -preguntó, acercándose rápidamente a ella. 
- Si… he estornudado y me he caído -sorbió por la nariz y avergonzada, se acarició la nuca y se sujetó al tronco para levantarse. El morro de Harry se colocó en su espalda y con un pequeño impulso, ya estaba de pie. 
<<Es posible que hayas cogido un resfriado>>
- Con esta lluvia, me parece de lo mas razonable la verdad -asintió, sacando un pañuelo del bolso para sonarse. Observó a Harry un momento y se recreó en su nueva forma, desconcertada, maravillada y molesta al mismo tiempo- ¿por qué no contaste nada? 
<<¿Qué?>> -preguntó cuando ella habló, sin saber muy bien qué había dicho. 
- Esto -señaló su transformación en licántropo o lobo enorme. Ya ni sabia- ¿por qué te lo callaste? ¿por qué no dijiste nada?… ¿por qué no me dijiste nada? 
<<No lo sé…>> -respondió con total sinceridad mientras bajaba la cabeza, avergonzado.
- Podríamos haberte ayudado y sin embargo lo ocultaste. Los casos de licantropía a ser humanos de nuevo es como mucho irreversible, ¿sabes? -le tembló la voz. 
<<Lo siento… yo no quería esto… me bloqueé, no sabia como actuar. Tenia miedo, Hermione>> 
- Yo también tengo miedo. Miedo por ti y de lo que te pase. He cruzado medio Bosque Prohibido por ti y me encuentro que te has convertido en un licántropo o algo parecido.
<<Hermione… lo siento… lo siento de verdad>> -alzó la cabeza con el arrepentimiento, la vergüenza y el miedo en sus ojos verdes. ¿De qué servia seguir regañándolo? lo hecho, hecho estaba y lo cierto era que le importaba mas saber que estaba vivo que cualquier otra cosa, para eso había arriesgado su vida ¿no?. Acortó la distancia entre los dos y lo abrazó por el cuello, hundiendo el rostro en su pecho. El corazón de Harry latió a toda velocidad con su cercanía, agachó la cabeza para abrazarla a su manera y leves sonidos de placer brotaron de su pecho, disfrutando del momento y de esas sensaciones que parecían multiplicarse mas de lo normal. Podía percibir a la perfección el latir desbocado de su corazón de su amada, su perfume embriagador y natural, la textura y suavidad de su pelo, su piel, el tacto de sus manos, su respiración, todo un conjunto de cosas que la convertían en el amor de su vida, Hermione Granger. 
- Te perdono… y sólo me importa saber que estás vivo -musitó la joven, separándose un momento de él para buscar sus ojos. Esa mirada que ambos compartían era tan intensa y especial. Sonrió dulcemente y acarició su hocico con delicadeza. Harry tuvo que esforzarse a duras penas para no pronunciar esas palabras que tanto había querido decirle, esas palabras que guardaban todo ese amor que sentía por ella. 
<<Ahora si puedo decir que soy feliz, aún estando en esta forma, sólo porque estás tú aquí>> 
- Me alegro, Harry -susurró y un bostezo salió de sus labios. 
<<Estarás agotada. Tienes que descansar>>
- Menos mal que se me ocurrió la idea de traer una manta 
<<Contaba con ello>> 
Dicho esto, Hermione preparó lo necesario para dormir un rato, le costaría debido a todo lo vivido, pero debía intentarlo. Estaba realmente agotada. Creó un pequeño lecho con las ramas del árbol y se acostó, tapándose con su manta. 
- Buenas noches, Harry 
<<Dulces sueños, Hermione>> -susurró con voz profunda como si la arrullara. Se quedo tumbado en la entrada, observando como la lluvia arrasaba todo cuanto veía, no recordaba haber presenciado tal tormenta pero era todo un espectáculo, de eso no había duda. No se acostumbraba a su nueva condición de lobo, ni siquiera era capaz de recordar lo que había pasado aquella noche, su transformación, era un recuerdo tan doloroso que le costaba concentrarse en los detalles y las lagunas eran palpables. Apoyó la cabeza entre sus patas un momento y su mirada se perdió entre las gotas de lluvia. Las horas pasaron y notó que Hermione se movía, levantó la cabeza y la miró, estaba tiritando bajo la manta y murmuraba algo a duras penas. Preocupado, abandonó su posición y se acercó a ella, rozó su pelo con la nariz, sus labios cada vez eran menos rojos por el frío y se le ocurrió una idea. Buscó una posición cómoda y se tumbó, rodeando el cuerpo de Hermione con su enorme cuerpo de manera que su cabeza estaba recostada entre su estómago y su lomo, su cola reposó en sus piernas y su cabeza detrás de su espalda. Pronto la joven dejó de temblar debido al calor que despedía Harry, una sonrisa se formó en sus labios y se acurrucó más a él. Mas tranquilo, el lobo apoyó de nuevo la cabeza entre sus patas y cerró los ojos, bajó una oreja y la otra la dejó en alto, alerta, velando por el sueño de su amada. 

A la mañana siguiente, Hermione abrió los ojos pesadamente y estiró los brazos con un bostezo. Enseguida notó la ausencia de calor, ese mismo calor que la había acunado toda la noche y que había evitado que se muriera de frío. Adormilada, se apoyó en un codo y rascándose la cabeza, observó donde estaba. Todos los recuerdos de la noche anterior le vinieron a la mente: Harry desaparecido, licántropos, un toro púrpura, Ron petrificado, Harry encontrado y convertido en licántropo… Harry…
- ¿Harry? -lo llamó, buscando con la mirada. Ya era de día pero seguía estando un poco oscuro aquel refugio- Harry, ¿dónde estás?
- Estoy aquí -murmuró la tímida voz del chico y ella se dio cuenta de que sus oídos lo habían captado perfectamente y se levantó rápidamente del lecho.
- ¿Dónde? te estoy oyendo -caminó por la estancia- déjate ver
- Es que… no puedo -intentó explicarle y Hermione captó una pequeña figura oculta entre varias ramas. 
- ¿Por qué no? -se extrañó.
- No tengo ropa, Hermione -musitó casi con vergüenza. 
- Ohh -entendió entonces- espera ahí 
- No creo que me mueva -replicó como si fuera obvio. La joven volvió a su lecho, sacudió la manta con energía y se acercó prudentemente a su escondite- ten, tápate con esto.
- Gracias -alargó una mano que ella vio con claridad y se llevó la manta con él. Se cubrió de cintura para abajo y la anudó bien para que no se cayera- esto es otra cosa. 
- ¿Puedes salir ya? -le pidió casi con impaciencia. 
- Si -suspiró y salió de su escondite. Su corazón dio un vuelco cuando lo vio, completamente humano, ya no estaba el enorme lobo negro de anoche, simplemente él, un joven de diecinueve años y semidesnudo y algo sucio ahora mismo. No pudo evitarlo y se lanzó a sus brazos, ocultando su rostro en su cuello, Harry la recibió, percibiendo con la misma intensidad que ella todas aquellas emociones. La rodeó fuertemente con los brazos y sus dedos se hundieron en su cabello rubio y rizado. 
- Hermione… -susurró entrecortadamente.
- Harry… -murmuró ella también, sin importarle si olía mal o que estuviera sucio, sólo quería sentirlo. Había tenido tanto miedo la noche anterior de no volver a verlo nunca más. 
- Estoy aquí tranquila, estoy aquí -acarició su espalda con afecto. 
- Si, estás aquí -asintió con evidente alivio y gratitud.
- Hemos tenido una noche…
- ¿Sobrenatural? ¿extraña? ¿poco común? -enumeró con una débil risita. 
- Puede que todo junto -confesó riendo suavemente y ella lo imitó, desahogando tensiones- pero lo importante es que seguimos juntos y vivos. 
- Eso sin duda -alzó su rostro para mirarlo con ternura. Él sonrió cálidamente y besó su frente con cariño. <<Te amo tanto…>>, pensó para si en un largo suspiro. 
- Creo que va siendo hora de volver -murmuró a su pesar.
- Tenemos que contarle a los demás lo que te ha pasado 
- ¿Qué explicaciones puedo dar de esto? se me echarán encima
- Harry, no te preocupes, yo lo he comprendido, ellos también deben hacerlo. Ademas sé de alguien que te apoyará sin dudarlo.
- Luna -sonrió suavemente
- Ella misma, quien me preocupa es McGonagall 
- Voy a tener muchos problemas
- Querrás decir vamos. No pienso dejarte sólo en esto y los chicos tampoco. 
- Gracias, Hermione. Eso espero -retiró un mechón rizado de su frente con dulzura y la miró a los ojos, enamorado. 
- Harry… -dudó la joven, percibiendo esa mirada- yo… tengo que preguntarte algo. 
- ¿De qué se trata? 
- ¿Recuerdas… recuerdas esa noche después de lo de McGonagall?-le preguntó despacio. 
- Si… -murmuró. ¿Cómo olvidar lo cerca que había estado de rozar sus dulces labios? 
- ¿Qué fue lo que pasó? -se atrevió a buscar sus ojos y los dos compartieron una mirada intensa, sincera e intima, manifestando sus sentimientos. Harry tragó saliva, estaba pisando terreno peligroso. 
- Yo… no lo sé… -apretó la mandíbula, conteniéndose pero tenia tantas ganas de explotar que no sabia cuando lo haría, sólo deseaba gritar a los cuatro vientos todo el amor que sentía por ella. 
- Llevo pensando en esa noche mucho tiempo…
- Hermione… no tienes por qué darle importancia -la cortó suavemente, mintiendo tan evidentemente mal. 
- Harry, conmigo no sabes mentir, ¿sabes? -murmuró con tristeza.
- No te miento… -insistió.
- ¿Estás seguro? 
- Si, y ahora… ¿podemos dejar esta conversación, recoger todo e intentar volver a la escuela, por favor? -le pidió, casi le suplicó, para cambiar de tema. 
- Si… claro… -asintió, separándose de él con el corazón dañado por sus palabras. Era lo que quería oír, ¿por qué le dolía tanto? 
Mientras recogía sus cosas, Harry se asomó al exterior. La tormenta había cesado durante la noche pero había dejado un buen rastro: ramas caídas, pequeños hilos de agua, charcos de varios tamaños, algún árbol doblado por la fuerza del viento y un frío helador. Notó la presencia de Hermione a su lado y supo que ya estaba lista. A pesar de que era de día, el Bosque Prohibido seguía siendo tan sombrío como siempre y la huella de la lluvia le había proporcionado un efecto fantasmagórico poco deseable, no tenían ni idea de dónde estaban pero salieron del refugio y empezaron a andar, evitando los charcos y las ramas caídas. Hermione estornudó una, dos, tres veces, usó el pañuelo de la noche anterior y se frotó los brazos, al no tener abrigo de piel se estaba congelando lentamente, Harry la seguía preocupado, quería ayudarla pero no sabia si ella lo aceptaría. Intentaron recordar alguna parte del recorrido de anoche, sobre todo Harry que había estado transformado en lobo, olfateó el aire y frunció el ceño. 
- Por aquí -se adelantó y encabezó la marcha, dejándose guiar por su olfato. Era una lástima que la lluvia hubiera borrado sus huellas lobunas, habría sido más fácil, sin embargo encontró marcas de sus garras en pequeñas ramas y en el filo de los troncos, cerca de las raíces. Se detuvo para mirar a Hermione y sus ojos se abrieron de golpe.
- ¡Hermione! -exclamó, retrocediendo camino. La joven se había apoyado en un tronco, agotada y muerta de frío, no paraba de temblar y sus labios ya estaban azules. 
- Harry… -murmuró pastosamente y casi sin voz. 
- Dios mío, no -tocó su cara y la obligó a mirarlo- mírame, no cierres los ojos, mírame. 
- Harry… 
- Ven aquí -colocó una mano en su espalda, el brazo bajo sus rodillas y la levantó en vilo del suelo, acomodó su cabeza en su pecho y la apretó lo mas fuerte que pudo sin hacerle daño, para transmitirle su calor. Prosiguió la marcha, muy preocupado por ella y mirando su estado cada dos por tres, tenia que recibir calor rápido o sino se congelaría de verdad, ya le fallaba la respiración y su corazón latía débilmente. <<Vamos, vamos>>, se dijo una y otra vez. Tenia músculos de sobra para acelerar el ritmo pero temía resbalar y que ella cayera, debía ir con cuidado. Un rayo de esperanza lo animó cuando vio un iris resplandeciente al pie de un árbol, el iris, la flor de la esperanza, aquello era buena señal. Ya no quedaba mucho para llegar. 


Mientras tanto, en Hogwarts, los chicos no pudieron dormir en toda la noche y a las seis de la mañana estaban convocados en una sala privada El conflicto de opiniones entre alumnos y profesorado fue evidente, pronto toda la estancia estallaba entre exclamaciones y gritos. 
- ¡Ya está bien! -ordenó la directora, seria y autoritaria y todos los presentes se callaron de inmediato- ¿no estáis viendo lo que pasa? no estamos siendo objetivos en absoluto. 
- ¿Qué sugiere que hagamos, McGonagall? -preguntó Horace con prudencia. 
- Ya que lo pregunta, profesor Slughorn. Enviaremos un equipo de rescate para buscar a la señorita Granger y al señor Potter en el perímetro que yo elija para ir al Bosque Prohibido. 
- ¿Nosotros podemos formar parte de ese equipo? -preguntó Ginny. 
- Si, eso no lo dudéis. Dividiré el equipo y repartiremos las zonas y si en 24 horas no los…
- ¡Directora McGonagall! -gritó alguien entrando bruscamente en la sala. Era el portero de la escuela. 
- ¿Qué es lo que ocurre? ¿por qué este escándalo? 
- Alguien se está acercando a la entrada. Son dos personas. 
- ¡Harry y Hermione! -exclamaron Ron y Ginny al mismo tiempo y todos los chicos se levantaron a toda velocidad, cruzando la puerta. Ni tiempo tuvo McGonagall de llamarles la atención y en su lugar, ordenó a los profesores que la acompañaran. 
Efectivamente, Harry había encontrado por fin el camino correcto y se aproximaba a la entrada con paso firme y con Hermione en brazos, tenia mejor aspecto, su piel había vuelto a adquirir color y el tono azul de sus labios había desaparecido pero seguía recibiendo mucho frío. 
- ¡Harry! -gritó Ron con voz ronca, henchido de alegría pero en cuanto vio a Hermione, inconsciente en sus brazos, su expresión cambió. 
- Necesita ir a la enfermería -les informó, sin preocuparse ahora de ellos, ni del alivio y la alegría de verlos a todos, sólo le preocupaba Hermione ahora mismo. 
- Señor Potter -lo llamó McGonagall cuando lo vio, tremendamente aliviada. Florecer un iris había dado resultado, después de todo. 
- Voy adentro -murmuró sin detenerse y con su pelotón de amigos detrás de él. 
- Harry -dijo Andrew, posando una mano en su hombro- ¿dónde has estado? ¿qué ha pasado? 
- ¿Y qué haces en paños menores? -aportó Fred. 
- Es una larga historia… -se limitó a responder el ojiverde mientras entraba en la escuela y las puertas se cerraban. 















3 comentarios:

  1. Anónimo23:02

    Por fin el gran Harry Potter en lobo. Que bueno. Me gustó que pudiera controlarse, no como el profesor Lupin (alias Lobo anoréxico maltrecho xDD)... y agüita la fuerza que se cargó un licántropo casi sin hacer nada.
    y con Hermione...DIOSS!!! cómo aguantarse tanto!?!
    Me pregunto si los alumnos y profesores que ya le vieron medio desnudo, habrán percibido la marca de la mordedura que le había quedado...

    Me encantó el capítulo. Ya tengo ganas de saber más. Bravísimo :D

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  2. Ay, por favor... Primero el intento de un posible beso y ahora esto... ¡Por favor, un besito!>.<
    Me encantó este capítulo, me reí mucho con el pobre Harry... Hermione fue más precavida jejejeje xD
    Me gustó este acercamiento que han tenido y por favor que siga adelante, porque está perfecto :3
    Gracias por llenarnos de estos hermosos sentimientos y sigue escribiendo que se te da, pero mucho más que bien. Se Te Da De Maravilla ^^

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  3. Carly19:40

    NO LO PUEDO CREER!!!! por un minuto pense que Harry iva a confesarle sus sentimientos a Hermione!! Pense que ya no ivas a publicar mas capitulos y casi me muero, espero el procimo con ancias que pasara?!?!?! LO AMOOOOO

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